jueves, 19 de mayo de 2016

UN PRÓLOGO DE CAMILO JOSÉ CELA (Y II)




Sobre las cuatro actitudes del escritor ante el político, según prólogo de su autor a “La colmena”, lo primero que debemos apuntar es el irrisorio papel que cumple en la Historia, la grande y la menuda, esa curiosa figura empeñada en anillarnos el hocico.

El escritor siempre se ha cegado con el político, de una u otra forma. Quizá sea inevitable, al ser éste quien, con una mano, distribuye las gabelas y, con la otra, te entrega sin titubeos al capricho del verdugo.

“Al escritor que se hubiera cambiado por el político”, dice Cela, “sucedió el escritor que se conformaba con marchar al remolque del político”. Ambas aficiones son letales, como cualquiera advierte (menos las dos clases de escritores señaladas).

“Al escritor que se siente lazarillo del político (...) seguirá el escritor que lo despreciará”. De la primera muestra tuvimos ya bastante, en al menos un siglo de adhesiones fanáticas e inquebrantables, que algunos pretenden dilatar, últimamente más, porque siempre habrá jóvenes que querrán resucitar lo viejo, tú me entiendes.

Lo saludable es lo último: un desprecio educado, que lo cortés no quita lo valiente (los torpes suelen confundirlo, y es entonces cuando hay que desembolsar el filo). Un desprecio indesmayable, mantenido a ultranza y contra todo viento o marea, aunque ya no te inviten a los sitios, que visto uno, vistos todos y cada vez se tiene más pereza de ir donde no quieres.

Al fin y al cabo, lo que escribes quedará para los tiempos venideros, así rechinen dientes, que para entonces estarán echando en la huesa su eterna sonrisa estupefacta. Como nosotros, pero la nuestra será de carcajada porque al final y, con perseverancia, habremos ganado la partida…

La gente vive engañada y bajo el efecto de la “foto fija”: lo que es hoy, será mañana y de idéntica manera. Pero nada más mudable que la vida, que no cabe en ningún molde y esto, mejor que nadie, lo sabe el escritor.

No decimos que sea verdad cómoda, que ninguna lo es. Y si no que se lo digan a Miguel Servet y a Galileo, que se negaron a casarse con su mentira de época y en su cruz llevaron su calvario.

El político es el remero en el estanque del domingo de la Historia. Dicho igual, que no se aventura descubriendo el Orinoco. Y cuando las aguas suben un poco de calado, comienza a ponerse nervioso y a sudar, haciendo nada airosos aspavientos por ganar la orilla y convidar a las señoras a barquillo.

Llega el momento en que sólo quisieras leer tus propios libros. Llega el momento en que no quisieras leer libros. No digamos escribirlos. Con lo fácil que hubiera sido convertirse en protésico dental, cazador clandestino de avutardas o torcido manejador de los públicos caudales, aunque te pillen con las manos en la masa, pero las veces que te libras, qué.

Habría que borrarlo todo y empezar de nuevo... con la salvedad de que iríamos a parar al mismo mar, ni siquiera en bajel más aparente, y calafateando el buque para que no entre demasiada agua en la sentina.

Es un libro viejo “La colmena”, se ha convertido en persona de fiar. Su fabulador no necesitó del concurso del político para poblar su ficción de personajes, como tampoco nos necesitan gatas para preñarse en los tejados. Pues entonces.

miércoles, 18 de mayo de 2016

DE CINE, DE TEATRO, DE NOVELA... Y UNA FÁBULA (A la jeta de los jetas)

(DISPARATE)

Es tema recurrente que, como el Guadiana, aparece y desaparece: el divorcio del cine con el público. Y como siempre, se buscan culpables o, al menos, responsables, que en España es sinónimo de culpables. Que si la falta de ayudas (?), que si el cine americano, que si la gente es beocia, que si el señor que vende palomitas…

Paralelamente, la “gente del teatro” incurre en similares jeremiadas, abundando en que el personal acude poco a verlos y que estos se lo pierden. (No faltan voces sensatas que rozan el meollo del problema, pero sin terminar de hacer diana.)

En cuanto a la novela, saben Uds. perfectamente la opinión de esta triste y patética columna. Encontrar una novela buena, escrita por un autor que no esté criando malvas, es empeño dizque imposible en este solar donde nos colocó el ángel del Señor cuando tuvimos que abandonar el Paraíso.

Tenemos multitud de películas, pero no cine. Innumerables representaciones teatrales, mas no teatro. Y montañas de novelas publicadas –ahora por la crisis, gracias a Dios, muchas menos–, sin que pueda hablarse de novela. (Excepciones no vamos a decir que no las hay, pero se cuentan con los dedos de una mano.)

Quizá no valga la pena incidir más en esto, que podría ser noticia y no lo es al haberse constituido en el pan nuestro de cada día.

En vez de ello, contaremos una fábula. (La doy apelotonada, un poco ladrillo, como su tema.)

Y es que había una vez una nación que gobernaba un dictador bajito, al que todos afeaban su conducta, y en lo que atañe a la cultura se decía que impedía surgir nada válido bajo su sombra, que era alargada al pasear bajo el crepúsculo. Pero el dictador murió, que es el destino común de los humanos, si hacemos caso a la estadística. Se descorchó cava, que entonces lo llamábamos champán, y el mundo de la cultura, y los demás, se frotó las manos mascullando “ésta es la nuestra”. Se reclamó imperiosamente la publicación de ficciones que la censura, eso se hablaba, había impedido que salieran del cajón: no hubo ninguna. El cine sí ganó: señoritas desnudas –siempre que lo exigiera el guión, aunque tampoco hacía falta– llenaron con sus jocundas expansiones las pantallas. El teatro incidió feliz en esta línea. Se soltaron tacos. Pero el talento, como si el general de pocos palmos se lo hubiera llevado con él bajo la losa. Trajinaron los cerebros, llegando a la siguiente conclusión: supliremos calidad con cantidad, que, como la gente es tonta, se lo tragará hasta que ideemos otra. Vino un gobierno y se marchó. Llegó otro y también hubo de irse. Apareció un tercero, un cuarto y ni se sabe cuántos más, pero tampoco le pudo poner el cascabel al felino, que arañaba. Y como en la canción, fueron pasando los días, fueron pasando las semanas. Años, lustros, décadas, los forrenta años, que diría Forges. El público se fue desanimando, desertó. El personal culto, los de gafas, se apiñaba entre sí como los gatos en invierno. Se propusieron muchas soluciones, pero no la solución. Había que comer. Que beber. Que viajar. Sobre todo, que beber y viajar. La vida padre. Nada podía poner en peligro las piscinas (en el fondo, comprendían a los que se pasaron a McCarthy). Fin

¿Ha gustado esta fábula? A mí tampoco.




martes, 17 de mayo de 2016

"FAUSTO Y ANNA", Carlo Cassola

RESEÑAS NOVELA

"Fausto y Anna", Carlo Cassola (1917–1987) - Novela de amor, de la pérdida de ese amor, de su nostalgia y de la guerra. El título ya encuadra el tema, dentro de lo que suele llamarse la peripecia histórica. Italia, ante la llegada del fascismo. Fausto, estudiante de instituto, se enamora de Anna. Los jóvenes mantienen relaciones principalmente a distancia, entre el campo y la ciudad, incorporando buena gama del sentimiento amoroso a esas edades, desde la exaltación al sacrificio, pasando por los celos y aspectos, por parte de él, poco encomiables. La llegada de la guerra modifica drásticamente las vidas de ambos. Fausto se incorpora a la guerrilla, lo que le hace conocer los aspectos menos heroicos de la lucha, haciéndole cuestionarse sus premisas anteriores. Anna sigue encarnando lo que el mismo Fausto, apropiándose de la terminología marxista, que en el fondo le repele, denomina trayectoria pequeña burguesa provinciana. Espléndido documento de una época crucial de la vida italiana, caracterizada por el ideal político, fascista en unos casos, comunista en otros, en ocasiones sucesivamente ambos, las ilusiones de la juventud y las decisiones que es necesario tomar siempre, que conducen a la felicidad, nunca del todo pletórica y con inesperadas sombras, o a la vida sin la perspectiva del amor. Personajes memorables, como los propios Fausto y Anna, la prima de ésta, Nora, merecedora de mayor suerte en la vida, y las generaciones anteriores de los padres. En su momento, la novela no se consideró del todo políticamente correcta, principalmente por el retrato que hizo el autor de la Resistencia, pintada de manera verídica aunque menos refulgente de lo que hubieran deseado sus defensores o partidarios.

lunes, 16 de mayo de 2016

AFORISMOS DE LO QUE YO TE DIGA

A lo que yo te diga


UNO: En aquel confín del universo, en aquel remoto lugar de la galaxia, existía una mujer que sabía descorchar una botella.
DOS: Esa misma mujer, en ese mismo rincón del universo, también se daba maña con las latas de conserva, los frascos de espárragos, tomate frito, pepinillos, cebolletas, remolacha en tiras o en rodajas, y no te puedes imaginar qué más.
TRES: Un hombre no lo es de verdad hasta que no ha levantado con sus propias manos una cabaña de troncos, con anexos.
CUATRO: Se hace lo que se puede. Y lo que no se puede, tampoco pasa nada si se intenta.
CINCO: La mujer joven se diferencia de la más mayor en que tampoco se hace ninguna ilusión sobre los hombres.
SEIS: La madre es lo más grande que hay. Pero si la llamas gorda, entras en un terreno muy distinto.
SIETE: En el desierto, la vida social es reducida.
OCHO: Si te vas dando un portazo, desmereces luego mucho si regresas porque te has olvidado del paraguas.
NUEVE: Nunca he leído un libro encuadernado en pergamino. No sé lo que esto dice sobre mí. O sobre el libro encuadernado en pergamino.
DIEZ: Los padres son inteligentes y fuertes y las madres cariñosas y buenas. Disney quiere rodar algo sobre esto.
ONCE: Cuando se te escapa el autobús, no es indecoroso perseguirlo echando el bofe. Si te miran, la cosa cambia.
DOCE: Entre perro y gato, hay quien prefiere tener un guacamayo.
TRECE: El león come con auténtico apetito.


domingo, 15 de mayo de 2016

"LA MANSIÓN DE LAS ROSAS" (The tournament of thorns), Thomas Burnett Swann

RESEÑAS NOVELA

"La Mansión de las Rosas" (The tournament of thorns), Thomas Burnett Swann (1928–1976) - Inglaterra, después de Ricardo Corazón de León. Los unicornios existen y son símbolos del alma. Las mandrágoras, imagen de la lujuria y la pereza, son sus mortales enemigos. Varias de éstas han matado a los padres de Stephen, a consecuencia de lo cual es admitido en el castillo de Ralph el Halcón, para cuidar de su jauría. En compañía de John, hijo de aquél, se dispone a localizar a los asesinos. Para ello necesitan un unicornio, que sólo es susceptible de encontrarse por medio de una virgen. Miriam es de las pocas que reúne semejante condición. Las cuentos tradicionales y de hadas –éste lo es– son siempre verdaderos y falsos a la vez. Podríamos situar a nuestro autor entre Tolkien y Lovecraft, pero un Lovecraft tierno y luminoso. La novela está llena del encanto y horror de los cuentos infantiles y las narraciones medievales, repletas de sucesos maravillosos. La guerra, la religión, el eco de las lejanas Cruzadas, que atraen como un imán a los jóvenes, son el fondo y el decorado de esta obra. El amor de la madre se amalgama aquí con el amor de la doncella, la amistad, la brutalidad de los señores de la guerra y la pulsión sublime y eterna que encarna el unicornio, cuyo único cuerno señala siempre al cielo. Cuento de hadas de cuando la tierra era ocho siglos más joven, también más salvaje y, paradójicamente, más pura, está narrado en un lenguaje poético remedo del pasado, a cargo de uno de los más excelsos cultivadores de la narrativa legendaria fantásticamente enlazada con la historia.

jueves, 12 de mayo de 2016

UN PRÓLOGO DE CAMILO JOSÉ CELA (I)


En el centenario del nacimiento del escritor, que más o menos corre por estas fechas, no sobra exponer algunas hebras de lo que podríamos llamar su pensamiento. Se entresaca de un prólogo a “La colmena”, fechado en Palma de Mallorca el 2 de junio de 1963 y se acompaña de glosa de quien esto firma. Sirva lo cual de recordatorio y homenaje. Lo suyo va en negrita; lo mío, de momento, no.

“El escritor puede llegar hasta el asesinato para redondear su libro”. Quien pueda que lo entienda. Y al que le parezca exagerado, que se rasque las pulgas, así sean de gato.

“Lo único que al escritor no le está permitido es sonreír, presentarse a los concursos literarios, pedir dinero a las fundaciones y quedarse (...) a mitad de camino”. Sonreír es de huevones que piden permiso hasta para sacarse la minga y orinar; lo de los concursos equivale a poner el culo y que se sirvan, lo mismo que mendigar abyectamente; y quedarse a mitad de camino es eso: el mástil reacio y renuente, en lugar de empingorotarlo a las estrellas.

“La verdad del escritor no coincide con la verdad de quienes reparten el oro”. Otra manera de afirmar que no se puede servir a dos señores.

“La ley del escritor no tiene más que dos mandamientos: escribir y esperar. El cómplice del escritor es el tiempo. Y el tiempo es el implacable gorgojo que corroe y hunde la sociedad que atenaza al escritor”. ¡Lejos queda su expulsión de la Asociación de Prensa por “falta de profesionalidad” y cuando se prohibió la mención de su nombre en los papeles aun como invitado de una boda...! También, su renuncia a ser investido “honoris causa” por la Universidad de Santiago de Chile, recién el golpazo de Augusto Pinochet y en el alma de Camilo la amistad y el recuerdo de Neruda…

“El escritor es bestia de aguantes insospechados, animal de resistencias sin fin...” Quede claro, pues, por qué nunca parece que se le joda lo bastante. O como dijo Mío Cid: “Tú me destierras por uno; yo me destierro por cuatro”.

“Al escritor nada, ni siquiera la literatura, le importa”. Que el mundo no merece la pena ni el trabajo de tomarlo en serio es verdad que el escritor aprende en el crisol. Y esta sola sonrisa de desprecio se permite.

“No hay más escritor comprometido que aquel que se jura fidelidad a sí mismo...” O como dijera en otro sitio el de Padrón, tú escribes y son luego montón los que andaban esperándolo. Pero no prostituyas el oficio poniéndolo a los pies del ídolo, entre otra razón porque es pecado…

“El escritor nada pide porque nada (...) necesita”. Es lo más parecido al santo anacoreta. Te quitas de fumar, del crucero trimestral por el Caribe y de viajar en metro y se te llenan solas las alforjas para el viaje. Que haga sol o diluvie es lo de menos.

“A la sociedad, para ser feliz en su anestesia (...) le sobran los escritores. Lo malo para la sociedad es que no ha encontrado la fórmula de raerlos de sí o de hacerlos callar. Tampoco está en el camino de conseguirlo”. Inténtense exorcismos, vituperios e incluso el silencio y el escupitajo. Que al final se perciba amargamente que no ha servido para nada, no es motivo para que dejen de procurarlo los simplones.

miércoles, 11 de mayo de 2016

"PASÓ EL VERANO", "QUÉ TRAJINES SON ÉSOS", "EL CANALLA QUE FUI"



Pasó el verano, por Rock Pierci

Novela repleta de nostalgia, narra la inmisericorde soledad a que se ve abocado un pueblo costero californiano finalizada la época estival. Concluidas las vacaciones, todo el mundo desaparece, permaneciendo sólo Ottavio, el encargado de la bolera municipal, que recorre cansinamente las instalaciones con expresión reconcentrada, síntoma de su dolor profundo; su amigo el mercero, Clark, especializado en la venta de cintas y sombreros que ahora amarillean en el escaparate; Ramón, bailarín de tangos cuyo arte tiene como testigo el espejo de su cuarto… y la vieja centenaria Mary Cake, que le contempla arrobada a través de una rendija por la que comienza a entrar algo de frío. Los cuatro personajes, enemistados meses atrás en el festivo y multitudinario ambiente de una mariscada, van aproximando posturas en otoño, descubriéndose mutuamente unos a otros su personalidad cálida y rica. Esta novela quedó finalista en el Premio Pulitzer. El invierno se aproxima, su secuela, no llegó a la altura.

Qué trajines son ésos, por Erskine Robert

Título acertado de verdad. Divertidísima novela que, como todo el verdadero humorismo, encubre un fondo de tristeza y de miseria. El innominado protagonista de esta obra se aloja en un hotel para pasar la noche, antes de proseguir un viaje cuya naturaleza y destino se nos oculta. Imposible conciliar el sueño, oye a todas horas el ruido de puertas y ventanas, unido a risas y charlas de hombres y mujeres, aparentemente de toda condición. No tarda nuestro hombre en sumergirse en el fragmentario contenido de las conversaciones, unas alegres, otras melancólicas o absurdas, todas nucleadas en torno a un hondo drama personal del que la mayoría ignora su raíz. Traiciones, deslealtades, actos sublimes de heroísmo… toda la gama de la condición humana se da cita en esta obra memorable que, lenta pero de manera segura, avanza hacia el completo reconocimiento de la crítica, cicatera y aun hostil desde el principio, pero que ahora se la tiene que envainar, señal de que la buena literatura triunfa siempre. Simplemente añadir que el protagonista, al rayar el alba, termina por ser un hombre completamente distinto del que se muestra en las primeras páginas de la novela.

El canalla que fui, por X

Duro e híspido relato sobre el comportamiento y la praxis de las élites políticas e intelectuales occidentales. El autor, perteneciente hasta hace muy poco a las citadas élites, se ha visto forzado a pasar a la clandestinidad tras recibir numerosas amenazas y un intento de soborno. Trata la novela de las reuniones secretas, fulanas incluidas, de los poderosos, que se ríen a mandíbula batiente de aquellos cuyos intereses dicen defender. La educación, la comunicación y la cultura son los campos preferentes -sin desdeñar otros- desde donde van moldeando la opinión, sin que los ciudadanos se den cuenta. Una vez maduro el tema desde las citadas terminales, van y legislan, dando igual el partido que gobierne, siempre en la misma dirección de sometimiento y opresión. El súbito florecimiento y expansión de las ‘nuevas libertades’ no es sino una maniobra magistral de ocultamiento que busca sofocar la libertad a secas, como revela X en el libro, aportando numerosas pruebas, entre ellas la grabación, con que se vende el libro, de las odiosas carcajadas de las élites. La primera edición fue secuestrada, la segunda también. Vamos por la tercera, a ver qué pasa.

martes, 10 de mayo de 2016

"EL TRASGO", Fedor Sologub

RESEÑAS NOVELA

"El trasgo", Fedor Sologub (1863–1927) - Ardalion Borisovich Peredonov, profesor de colegio, vive amancebado con su medio pariente Varvara. El escándalo en la ciudad es moderado, pero varios amigos le aconsejan el matrimonio, bien es cierto que no con su arisca y desaliñada coima. Varias mujeres se postulan para el vínculo, encontrando en el profesor un partido aceptable. Peredonov aguarda ser nombrado inspector de un momento a otro, pero el ascenso no termina de llegar. La provincia, en novela, siempre ha dado para mucho. Exagerando un poco, podría decirse, incluso, que es género eminentemente urbano. En esta obra, pululan diversos individuos, escudriñando las vidas que, en el fondo, les resultan indiferentes y ajenas: Rutilov, otro profesor, Volodin, maestro de ebanistería en la Escuela de Artes y Oficios, y diversos compañeros de tertulia. A los que se deben añadir mujeres insidiosas, como la viuda Verchina, curiosa amiga del protagonista, las hermanas de Rutilov, aspirantes al matrimonio con aquél, sin olvidar alumnos como Sacha Pilnikov o miembros pertenecientes a las fuerzas vivas del lugar. Peredonov comienza a incubar cierta paranoia, temiendo ser incluso envenenado por la desdichada Varvara. Sus torpes reacciones van agravando su delirio, al que concurre su atrabiliario carácter. La novela es amarga caricatura de la vida provinciana, llena de maledicencia y murmuración, sin que ni uno solo de los personajes se libre de mostrar enfáticamente su peor faceta.

lunes, 9 de mayo de 2016

AFORISMOS DE ESPESURA

A los ocelos de las plumas de la cola del pavo real

UNO: Morirse, mucho más si es de repente, es egoísta.
DOS: El que quemó la biblioteca de Alejandría... Ese tipo sabía lo que hacía.
TRES: Las personas inteligentes se diferencian de las que no lo son en que los errores de aquéllas están mucho mejor justificados.
CUATRO: La bicicleta estática termina transmutándose en perchero.
CINCO: Mirarse en el espejo y preguntarse quién cojones eres en realidad.
SEIS: Dios tiene tanto sentido del humor como paciencia.
SIETE: Una de dos: o existe vida extraterrestre, o no existe vida extraterrestre. Lo mejor es tirar una moneda a ver qué sale.
OCHO: El vacío está lleno.
NUEVE: El ratón de biblioteca no sabe más que el que vive en el campo.
DIEZ: Cuando después de un día enormemente ajetreado y lleno de actividades de todo tipo ya no sabes qué hacer ni qué pensar, lo más indicado es que te vayas a la cama.
ONCE: La fresa aparenta necesitar un rasurado.
DOCE: No eres tan tonto como piensan otros, sino probablemente más.
TRECE: En la realidad de la vida, dos más dos no suman cuatro.

domingo, 8 de mayo de 2016

"VALOR DE LEY", Charles Portis

RESEÑA NOVELA

"Valor de ley", Charles Portis (1933) - Un lugar de Arkansas, después de la guerra civil americana. Mattie Ross, muchacha de catorce años, se propone vengar la muerte de su padre, vilmente asesinado por su empleado, que le acompañaba en un viaje para adquirir caballos. El asesino ha huido al Territorio Indio, donde se ha unido a una partida de facinerosos. Mattie posee un carácter muy particular y, a pesar de su juventud, una más que firme voluntad. Pero no puede actuar sola y, por ello, contrata a Rooster Cogburn, un comisario que, amén de alcohólico, tiene fama de extremadamente duro, llegando sus métodos a ser cuestionados por las autoridades. Ambos se ponen en camino, acompañados por LaBoeuf, de los Rurales de Texas, que persigue al asesino por un crimen anterior. En pos de su objetivo y atravesando paisajes invernales, tropiezan y luchan con bandidos de variado pelaje, cada cual con su particular pasado y circunstancia. Mattie, que es quien narra la historia en primera persona años después, va madurando en su aventura, sobreponiéndose a la incomodidad de la vida al aire libre y sin desfallecer en ningún momento, a pesar de los intentos de uno u otro acompañante para deshacerse de ella, y termina por comprender y admirar la difícil personalidad del hombre al que ha contratado como instrumento para su venganza. Entre lo mejor, los diálogos que cruza Mattie con sus oponentes masculinos, reveladores de la tozuda personalidad de la joven. La novela ha sido llevada al cine en varias ocasiones, una de ellas con John Wayne en el papel de Cogburn, mereciendo por su interpretación el único Óscar de su carrera.

jueves, 5 de mayo de 2016

REFORMA CONSTITUCIONAL Y ELECCIONES


No se habla de otra cosa. Estés donde estés, vayas donde vayas, por la calle, en el mercado, en los claustros de los colegios, la cola del banco, a la salida de las iglesias, en el parque dando de comer a los patos, allá donde se juntan dos o más personas, el airado comentario es siempre el mismo: No soportamos más, la Constitución nos asfixia. Debemos cambiarla. Antes morir que seguir viviendo bajo su yugo insoportable. Los hombres, en el bar, acodados al mostrador en silencio, están a punto de estallar. Las mujeres contienen sus sollozos. Lo vemos por doquier. Basta asomarse a la ventana para divisar corrillos descontentos. A lo largo del día, por no hablar de la noche, se suceden los momentos en que parece que la revuelta es inminente. Las madres imploran a su santo preferido por los hijos, no vayan a perderse por la ira (legítima) que alberga su corazón, que no entiende de componendas. Quién no tiene un pariente, un hijo, un primo, un cuñado, que no haya llegado al límite de sus fuerzas por esta Constitución que nos oprime. Las personas más sensatas ignoran por cuánto tiempo podrán todavía hacer valer su influencia sobre los díscolos. La situación se nos va de las manos, musitan, llevándose las manos a la cabeza, aunque procurando que su gesto no se vea, para no encrespar a los que tienen a su cargo. Cómo hemos podido llegar a esto. Hay que cambiar la Constitución. Dentro de muy poco, será tarde y se habrá consumado la catástrofe. El barco nacional hace aguas y es por culpa de la Constitución. Millones de personas, compatriotas nuestros, podría decirse que la inmensa mayoría, todos menos el grupito explotador de siempre, están siendo excluidos de la vida pública (algunos también de la privada) y es por culpa de la Constitución. Ruegan mudamente cambiarla, para que todos juntos, unidos, agarrando nuestras manos en inmenso rosario imprecativo, sintamos que participamos de un mismo proyecto que borre para siempre las diferencias que, al momento presente, nos martirizan. Ahora se avecina otra campaña electoral. Es el momento de que los partidos, todos (y todas), incorporen transversalmente esta universal demanda. Cambiar la Constitución sí o sí. Está en juego nuestra supervivencia y el que, en algún momento, olvidando el ominoso pasado, podamos ser felices.

miércoles, 4 de mayo de 2016

"EL ORGANIGRAMA" (Novela río) Capítulo 5

(Capricho)

"El organigrama" (Capítulo 5 y último)


(Resumen de lo publicado: Os molestáis en leerlo, majetes. No voy a pasármelo tecleando como un esclavo, de día, de noche, con viento, lluvia, frío, calor, primavera, verano, otoño, invierno, con ánimo exaltado o a ras de suelo, sólo para evitar un mínimo esfuerzo a vagos y poltrones, con lo fácil que resulta –fácil, no: tirado- repasarse lo anterior con un poquito de cuidado y atención. Aparte que sería maleducar al personal, acostumbrándolo a lo muelle, cuando en la vida abunda lo espinoso y arduo, escaseando parcamente lo sencillo. Es lo que le pasa en particular a la infancia, que lo tienen todo y, al mínimo revés, cogen una rabieta como la de Aquiles contra el avaricioso Agamenón. Porque otros no, pero Aquiles tenía todita la razón en mosquearse contra el jefe, que le había quitado su esclava Briseida, con la que habría conversado en la tranquilidad de su tienda y competido con ella en juegos de tablero y se habrían desafiado con acertijos, rompiendo después en carcajadas, al comprobar lo fácil que resultaba adivinarlos. Así que lo repito: menos teclear yo aquí en pantalla y más poneros vosotros a leer, por lo menos algo aprenderéis, y si no se aprende, se habrán evitado actividades alternativas, que, a poco, serán más perniciosas que estas puras y encofradas letras.)



Con el disquete guardado entre los senos –y esperando introducirlo en el primer ordenador que vieran–, arrastró la dama a Socaliñas por las calles nacionales, siendo alternativamente vituperados y execrados por los transeúntes. 
–Ni caso –dijo ella con mimo, hurtando las nalgas a la calculadora palmada de un rufián–. Pronto recuperarás tu identidad... –sollozó– y te olvidarás de mí.
Porfió Pío que de eso nada. Lo último que le pasaba por la cabeza, aseguró, era que ella regresara junto al Coronel, que había movilizado en su persecución a los cuerpos y fuerzas de la seguridad del Estado. 
Varios helicópteros, en efecto, sobrevolaban la zona, soltando desde un megáfono lo de siempre: que se rindieran, que les iba a ir peor si no lo hacían...
Socaliñas mostró el puño hacia lo alto. 
–Me ha gustado mucho eso –afirmó ella, volviéndosele a entregar.
Recibieron numerosos aplausos. 
–¿Acaso importa el beneplácito del vulgo? –se atormentó Pío, dándose puñetazos en el pecho–. ¡Hemos de obrar en atención a principios y un personal convencimiento! ¿Actuamos en esta línea o bien buscamos el señuelo de un atajo que, lleno de mieles al comienzo, se trocará en acerbidad al culminarlo? 
–Piensas demasiado –le censuró la mujer, volviéndole al presente con cariñoso rodillazo en la entrepierna. Y añadió–: Como nos enredemos en estos soliloquios, perderemos la oportunidad de reintegrarte a la vida civil, con todas las consecuencias, unas buenas, otras francamente discutibles. 
–Llueve –dijo, lacónico, el indocumentado, con la virtud de que acertó.
Ella se negó a meterse en un portal, a comprarse un paraguas, un impermeable... a todo lo que fuera guarecerse del chaparrón esperando a que escampara. 
–El Coronel estrecha el cerco –fue su argumento. 
Granadas explotaban por doquiera.
Doblada una esquina, de súbito, personas importantes se aproximaron con grandes muestras de simpatía a la pareja. Los helicópteros volvieron a la base, siendo desmovilizadas las tropas y proclamada una amnistía.
–¿Es una añagaza? –desconfió Socaliñas. 
–Conforme huíamos –explicó ella–, logré introducir el disquete con tus datos donde había sido extraído. Ha pasado la crisis, restituyéndose la situación anterior. Afortunadamente, no perdiste los nervios. Si te fijas bien, verás que te están imponiendo la condecoración más elevada. 
Socaliñas sintió un pinchazo en la tetilla de manos del funcionario.
–Acabaron los problemas, macho –dijo éste, untuoso–. Ahí viene la portera de su casa a felicitarle. Todo el mundo se la ha tenido que envainar.
Comenzaba una nueva etapa para Pío Socaliñas. De entrada, se la llevó a ella a un pajar bajo los focos de la prensa y vendiendo por una pasta el reportaje. El Coronel la espichó al cabo de días.

FIN

martes, 3 de mayo de 2016

"LA EXTRAÑA SEÑORA VERNON", Mary Francis Colt

RESEÑA TEATRO

"La extraña señora Vernon", Mary Francis Colt, pseudónimo de María Fernanda Cano Caparrós (1925) - Pulcramente británica –en ambientación, estilo y personajes–, nos presenta la autora una drama policíaco digno del género. Stella Vernon, viuda tras el extraño asesinato de su marido que, de momento, permanece sin resolver; Leslie, hermano de éste y bastante más joven que aquélla, a la que pretende; Norman, el policía que investiga el crimen e igualmente enamorado de Stella; el doctor Holt y su hija Fay, que tiene su mirada puesta en Norman; el estricto Sir Joseph Mallet, su esposa Laura y el hijo de ambos, Richard, con dificultades para abrirse camino en la lucha por la vida, en lo que parece ayudarle su pareja Clara. También hay un testamento con un beneficiario declarado… y la posibilidad de que pudiera ser cambiado.Todos ellos, reunidos en la lujosa mansión de la señora Vernon y sobre los que planea un misterio más profundo que acabará explicando el inicial asesinato, dilucidando también las oscuras relaciones entre algunos de los presentes, junto con algún secreto familiar. Diálogos felices y técnica impecable que, como toda técnica que de verdad se precie, resulta invisible a primera vista. A modo de reflexión, cabe señalar que ciertos autores populares o de kiosco, como la presente autora, han aportado a la novela o al teatro más rigor, hondura y, en definitiva, arte que algunos de los considerados ‘importantes’, proporcionando de paso puro entretenimiento y diversión.

lunes, 2 de mayo de 2016

AFORISMOS DE POMPA Y VANIDAD

A ti

UNO: Los meandros de un río son clara señal de su pereza.
DOS: ‘Piedra que rueda no coge musgo’. Ahora me explico tantas cosas.
TRES: Si entras y sales de tu casa por la ventana, no por eso ésta se convierte en puerta.
CUATRO: A un día le sucede otro. No cualquier día sino, precisamente, el que le corresponde.
CINCO: Cuanto más gordo es un libro, más palabras tiene. Pero esto no quiere decir nada.
SEIS: La felicidad en la vida no consiste en comerse una hamburguesa de carne 100% vacuno, doble de queso, pepinillos, cebolla, kétchup y mostaza, todo entre delicioso pan ovalado con semolina y bien acompañado ello de cerveza a discreción.  Aunque tampoco tiene que suponer un obstáculo.
SIETE: El ornitorrinco. Ese día, Dios andaba un tanto distraído.
OCHO: La humanidad se divide entre los que quieren una cosa y los que desean la contraria, que muchas veces son los mismos. Al menos, en España.
NUEVE: La verdadera sabiduría se alcanza cuando no te importa mostrarte tan idiota como eres.
DIEZ: La convivencia más difícil es con uno mismo.
ONCE: Una gruesa son doce por doce, o sea, ciento cuarenta y cuatro unidades de algo. Una gran gruesa son doce gruesas, en total, mil setecientas veintiocho unidades. El que no lo sepa, eso que aprende.
DOCE: El color marrón prefiere que le llamen ocre.
TRECE: Si colocas algo en un platillo de la balanza y lo equilibras con un peso en el platillo contrario hasta lograr una horizontalidad perfecta, bien por ti.

domingo, 1 de mayo de 2016

"DON GIOVANNI EN SICILIA", Vitaliano Brancati

RESEÑA NOVELA

"Don Giovanni en Sicilia", Vitaliano Brancati (1907–1954) - El cuarentón Giovanni Percolla reside con sus tres hermanas –Rosa, Bárbara y Lucia– en la casa familiar, en Catania. Solteronas las tres, se desviven atendiéndole. Giovanni trabaja en la tienda de su tío, dividiendo su ocio entre los cafés, las prolongadas siestas y la admirada contemplación de las mujeres, ocupación en la que le acompañan fervientemente sus amigos Ciccio Muscarà y Saretto Scannapieco. Pero la vida de Giovanni va a experimentar un vuelco. Homenaje y crítica a Catania, a partes iguales, está llena la novela de nostalgia de la Mujer, intuida, soñada y deseada, más que real, cuya simple mirada, aunque sea fortuita y dure apenas un segundo, supone un terremoto emocional para el protagonista y sus amigos y, por extensión, para todos los hombres del lugar. Humor con ribetes de cinismo, también de poesía, pero sobre todo, un canto a la ciudad, a sus habitantes y describiendo muy bien la atmósfera particular en que se vive. Más que la lujuria del personaje y sus amigos, se describe su lubricidad, a veces cómica, pero siempre triste, lo que no es óbice para que, por contraste, la misma malsana inclinación sea descrita, en ciudades como Roma o Milán, con más acusada censura. Estilo sencillo, diálogos que revelan al lector más de lo que en sí mismos expresan y con lo que podríamos denominar la poesía de la provincia, compuesta de íntimas renuncias y añoranzas, y de una sujeción tiránica, aunque también, en último término, salvadora.