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jueves, 30 de junio de 2016

HASTA MÁS VER


El Blog y yo, después de dos años a pie de obra, nos despedimos hasta otoño. ¿Qué día de otoño? ¿Podría ser un poco más preciso? Mejor que no, así las apetencias crecen y el mundo está en vilo hasta nuestra reaparición, la mía y la del Blog, que volveremos, Dios mediante, de la mano. Entretanto, este adiós musical.

jueves, 16 de junio de 2016

FIRMA DE EJEMPLARES DE “ENTRE VERDUGOS”, ÚLTIMA NOVELA DE JAVIER REY DE SOLA



Este sábado, 18 de junio, a partir de las 19:00 horas, estaré firmando ejemplares de mi trilogía ENTRE VERDUGOS -integrada por Arrabal amargo, Cine Delicias y Amigas de infancia-, en el marco de la feria del Libro de Valladolid, ubicada en la Plaza Mayor. 


PONGO EL COMIENZO DE LAS NOVELAS QUE COMPONEN LA TRILOGÍA

COMIENZO DE ‘ARRABAL AMARGO’

Hay que seguir derecho un kilómetro de vía antes de torcer a los montículos de grava. En medio de éstos, si no se tiene cuidado se cae a una hondonada. El Obús rodó primeramente por el talud. Así descubrimos la cueva. De entrada, parecía poca cosa, para que cuatro o seis se quitaran de la lluvia. El Obús no hacía más que quejarse. A las veces volvimos, y sólo por casualidad terminamos encontrando el agujero bajo un saliente al fondo. No extrañaba que no lo hubiéramos visto antes. El Obús era reacio y le tuve que dar ejemplo. Me metí de cabeza y desaparecí. Le oí llamarme, casi lloraba. Cuando volví a salir, me lo encontré intentando trepar por el talud. El panoli me daba ya por muerto. Le agarré de las piernas y caímos. Se enfadó. Me lanzó una puñada y se la tuve que devolver, y así estuvimos hasta que nos cansamos. Luego le dije que lo de dentro era furioso, tremendo, y que cabría la mitad del arrabal. Al entrar con luces después al otro día, se supo que no tanto. Pero el Obús no quiso desmentirme, que se había sobresalido y estaba orgulloso de haberse arrastrado por el tubo de la entrada, que al principio no quería porque impone. Estaban esos sacos en el suelo y las velas y las cerillas. Allí le daban al negocio, que quién habría pensado particularmente. 

COMIENZO DE ‘CINE DELICIAS’

El Tres Putas hubiera querido que le pegaran al vaquero cuatro tiros inspirados por abusar mirándola a la chica, que fue lo que ocurría ceremoniosamente al final de la película. Pero el Tres Putas no tenía paciencia ni sabía esperar, y sacó la navaja y rajó entera la butaca, que luego el Preclaro quería saber quién había sido y nos miraba como el fisonomista en el casino de aquella otra película que viéramos. Sin embargo, ni podía compararse el acomodador con el fisonomista del casino, que en cuanto le echaba el ojo a uno jamás se le volvía a despintar aunque tardara años en verlo, y esta suerte que tuvo el Tres Putas.
A la salida, y dado que el vaquero se parecía al Inocencio, si bien esto era afirmación gratuita del Tres Putas y por más que aquél tuviera un aire era distinto por completo, le buscó para meterle bronca.
Lo encontró en el Amanecer, que abre de noche, y de entrada no supo el Inocencio qué le quería el otro, sino que le provocaba para que saliera con él a la calle.
Le cuesta arrancar al Inocencio, pero cuando lo hace apechuga. Y afuera y delante de todo el mundo, que éramos nosotros y unas viejas sentadas a la puerta, se liaron a bofetadas aunque sin la limpieza y elegancia de las peleas en pantalla, que ninguno derribó al contrario de un puñetazo en la mandíbula, y regiamente que lo habríamos celebrado.
Total que se dieron unas trompadas pobres, agarrándose entre sí de la chaqueta, que esto fue mayor bajeza y como si fueran críos, pues no se ha visto que gente emprendedora se tirara de la chaqueta sino que se sacudían virilmente de lo lindo.

COMIENZO DE ‘AMIGAS DE INFANCIA’

Me llamó Totina y me encontró en la ducha. Candelaria me lo gritó a través de la puerta. No me gusta que grite Candelaria, pero ha sido imposible quitarle la costumbre. Al salir, envuelta en el albornoz, la llamé. Vendría a buscarme para ir a la piscina. Con el coche. Que Dios nos pille confesadas. Últimamente está tan distraída, medio lela. Pero hoy parecía hasta eufórica. Le pregunté qué llevaría. Se había comprado una auténtica locura, me contó, pantaloncito corto, muy, muy corto. Y camisola a juego entreviéndose el ombligo. Le dije que no, que de ninguna manera, que era una barbaridad y que cómo se atrevía. Perdíamos las amistades, la avisé. O pantalón completo, que los tiene monísimos, vaqueros, de seda, de telita fina y estampados, o falda. Por preferir, prefiero falda, sobre todo en verano: se va más cómoda, más fresca y te das cuenta de que gustas. Carmencita, cómo eres, ronroneó, siempre tienes que salirte con la tuya. No es eso, Toti, sino cuestión de finura. Ni siquiera de decoro, que a estas alturas dónde lo tendríamos. Rio, como mandes. ¿Y tú? Yo llevaría mi vestido malva, el que compré el otro día en Galerías. Me riñó, un encanto y ella no tenía nada, pero nada, nada, que se le pareciera ni por lo más remoto. Me amenazó con el pantaloncito y tuve que decir la última palabra: a los hombres no termina de convencerles. ¿Sí? ¿Tú crees? ¿Entonces falda y blusa? Pues falda y blusa, ea. Y las sandalias doradas, añadió, este gusto no me lo vas a quitar. Ya ves tú qué me importaba. Y no te presentes a las tantas, que luego hace mucho sol. Candelaria iba y venía trapo en mano. No, Candelaria, no voy a comer en la piscina. Un poco el sol y darme un chapuzón. Si el señorito llega antes, le vas sirviendo. Y cuando venga el del pescado, lo pones rápidamente en la nevera, que luego se nota el olor desde la calle. A Candelaria hay que explicarle lo más elemental. Luego ella hace lo que le da la gana. No sé cómo me ha caído esta bicoca. Me terminé de arreglar. Bisutería, que me pongo de muy mal café si pierdo algo de valor. Tampoco es que sea muy amiga de joyas, menos si voy a bodas o acompañando a Alberto. Me encontré medianamente bien en el espejo, resultona. Justo entonces, los pitidos del coche de Totina. Candelaria, que le digas que ya bajo. Se pone a la ventana a voz en cuello. Me da una rabia. El ascensor ocupado y bajo andando. Tropiezo con el vecino del rellano. Tan educado, tan discreto. Noto que respira mi perfume. Los hombres, ni que sean viejos. Mañanita espléndida, me saluda. En la acera me quedé de piedra. Totina lleva un jipijapa escandaloso. Se chupa las mejillas y se hace la traviesa. Pero vamos, estás loca. La daría de tortas. Lo más indicado para ir en coche, te lo llevará el viento.



jueves, 9 de junio de 2016

DOCUMENTO FUNDACIONAL DE LO QUE VIENE



Lo que sigue ha sido aprobado en Asamblea que no se han atrevido a disolver, acojonaditas tenemos a las autoridades, que lo son cada vez menos.

1) A partir de ahora, e independientemente de nuestro nivel de conocimiento de los temas, opinaremos sobre lo que nos dé la gana. ¡Muera el fascismo!

2) Circularemos por calles, plazas y demás lugares, con bermudas, no raramente a cuadros, chanclas, zapatillas deportivas y camiseta con un logo extraño y agresivo, mostrando el ombligo nosotros y nosotras, también las nalgas, a elección, por supuesto tatuadas, todo ello, independientemente del lugar y la ocasión. Qué pasa.

3) La ducha, eso que decían que era una conquista social irreversible y que había venido para quedarse, que se vaya, dado que es imposición de ricos, poderosos y pudientes. Trabajo nos ha dado el fascismo hasta el presente. Ya es hora de airear nuestros efluvios. Y en verano, más.

4) Defenderemos al planeta hasta la muerte. Los bosques, los osos, las ballenas y demás bichos, en suma, la economía sostenible. Y si los pocos metros nuestros propios que los hemos okupado los tenemos llenos de mierda y de basura y ni por asomo se adivina en nuestro entorno un gel, una pastilla de jabón, un estropajo, esto no es contradicción, listillo. Y ya que hablamos de animales, la cucaracha, hermosa, negra, charolada, debe poder reproducirse sin trabas, extendiendo su oscuro caparazón por suelos y paredes, siendo muy terapeútico el murmujeo que arman por la noche: cuantas más, mejor dormimos. Y quien dice cucaracha, dice sabandijas varias, menos la especie humana, que en cuanto vemos que anida un embrión, a por él.

5) La humanidad ha andado extraviada desde el principio hasta nuestra fulgurante aparición. Ahí está la Historia para demostrarlo, llena de guerras, de explotación, de religión y de todo tipo de atrasos. Nosotros (y nosotras) vamos a borrarlo todo, y a partir de aquí, canela en rama.

6) Tenemos razón porque así lo proclamamos. Y aunque no la tuviéramos, que sí, cada vez somos más y os vamos a engullir en nuestro lodoso abrazo, como si nosotros fuéramos, que lo somos, el mefítico pantano y vosotros la oveja extraviada que se pierde.

7) Hemos proscrito en asamblea la hipocresía con que, hasta nuestra feliz llegada al mundo, se efectuaban las necesidades naturales de nuestro cuerpo serrano, haciendo lo posible por ocultar su ejecución a los demás. A partir de la fecha, naturalidad y falta de vergüenza, así como disponibilidad total de cualquier metro cuadrado de superficie para ello.

8) Y esto es sólo el comienzo, ya iréis viendo, ya.

jueves, 2 de junio de 2016

MARÍA DE LA O

DIMES Y DIRETES

Canción dedicada a los políticos de España, independientemente de su posición, con el cariño de quien bien les quiere.


jueves, 26 de mayo de 2016

10 FRASES PARA EMPEZAR CON FUERZA LA SEMANA


(Hay dos modalidades de enfrentarse a estos renglones: leerlos o pasar. Mi consejo sincero, aunque hipócrita, es el segundo.)

1) Si no la empiezas con fuerza, va a ser muchísimo peor. Así que ánimo.

2) La semana terminará algún día. Dicho esto en lunes, parecerá una burla odiosa. El martes, la afirmación seguirá pareciéndote repugnante. Así, de día en día, entre asco y repulsión, habrá llegado el fin de semana.

3) Márcate para el primer día de la semana -o sea, para el lunes- un objetivo de orden pasivo. Lo puedes llamar ‘nicho de pasividad’, que es denominación que me acabo de inventar, a ver si cuaja.

4) Tira algo por la ventana, a ser posible tiesto o similar. La gravedad incorporará al objeto la fuerza de que tú careces. Te sentirás fantástico, pero hazte el sueco cuando la policía suba a tu piso a investigar.

5) Trae un saco de patatas del supermercado. Traer, traer, no es necesario que lo hagas. Con decirlo, vale. Que te traiga el puto saco un mozo.

6) Inspira hondo y a continuación espira lentamente. Muchísimo cuidado con confundirte de verbo y expirar, así, con equis. Te va la vida.

7) Piensa en hacer abdominales. Pero no los hagas, sólo piénsalo.
8) Ofrécete a ayudar en lo que sea. Tu fuerza y autoestima subirán, aunque luego no cumplas tu promesa. Sobre todo, si no cumples tu promesa.

9) Piensa en una manada de hipopótamos y en el potencial mecánico que reúnen entre todos. No mucho tiempo, puede agobiarte.

10) Un terremoto despliega una fuerza que, si le das vueltas, impresiona. No le des vueltas.

jueves, 19 de mayo de 2016

UN PRÓLOGO DE CAMILO JOSÉ CELA (Y II)




Sobre las cuatro actitudes del escritor ante el político, según prólogo de su autor a “La colmena”, lo primero que debemos apuntar es el irrisorio papel que cumple en la Historia, la grande y la menuda, esa curiosa figura empeñada en anillarnos el hocico.

El escritor siempre se ha cegado con el político, de una u otra forma. Quizá sea inevitable, al ser éste quien, con una mano, distribuye las gabelas y, con la otra, te entrega sin titubeos al capricho del verdugo.

“Al escritor que se hubiera cambiado por el político”, dice Cela, “sucedió el escritor que se conformaba con marchar al remolque del político”. Ambas aficiones son letales, como cualquiera advierte (menos las dos clases de escritores señaladas).

“Al escritor que se siente lazarillo del político (...) seguirá el escritor que lo despreciará”. De la primera muestra tuvimos ya bastante, en al menos un siglo de adhesiones fanáticas e inquebrantables, que algunos pretenden dilatar, últimamente más, porque siempre habrá jóvenes que querrán resucitar lo viejo, tú me entiendes.

Lo saludable es lo último: un desprecio educado, que lo cortés no quita lo valiente (los torpes suelen confundirlo, y es entonces cuando hay que desembolsar el filo). Un desprecio indesmayable, mantenido a ultranza y contra todo viento o marea, aunque ya no te inviten a los sitios, que visto uno, vistos todos y cada vez se tiene más pereza de ir donde no quieres.

Al fin y al cabo, lo que escribes quedará para los tiempos venideros, así rechinen dientes, que para entonces estarán echando en la huesa su eterna sonrisa estupefacta. Como nosotros, pero la nuestra será de carcajada porque al final y, con perseverancia, habremos ganado la partida…

La gente vive engañada y bajo el efecto de la “foto fija”: lo que es hoy, será mañana y de idéntica manera. Pero nada más mudable que la vida, que no cabe en ningún molde y esto, mejor que nadie, lo sabe el escritor.

No decimos que sea verdad cómoda, que ninguna lo es. Y si no que se lo digan a Miguel Servet y a Galileo, que se negaron a casarse con su mentira de época y en su cruz llevaron su calvario.

El político es el remero en el estanque del domingo de la Historia. Dicho igual, que no se aventura descubriendo el Orinoco. Y cuando las aguas suben un poco de calado, comienza a ponerse nervioso y a sudar, haciendo nada airosos aspavientos por ganar la orilla y convidar a las señoras a barquillo.

Llega el momento en que sólo quisieras leer tus propios libros. Llega el momento en que no quisieras leer libros. No digamos escribirlos. Con lo fácil que hubiera sido convertirse en protésico dental, cazador clandestino de avutardas o torcido manejador de los públicos caudales, aunque te pillen con las manos en la masa, pero las veces que te libras, qué.

Habría que borrarlo todo y empezar de nuevo... con la salvedad de que iríamos a parar al mismo mar, ni siquiera en bajel más aparente, y calafateando el buque para que no entre demasiada agua en la sentina.

Es un libro viejo “La colmena”, se ha convertido en persona de fiar. Su fabulador no necesitó del concurso del político para poblar su ficción de personajes, como tampoco nos necesitan gatas para preñarse en los tejados. Pues entonces.

jueves, 12 de mayo de 2016

UN PRÓLOGO DE CAMILO JOSÉ CELA (I)


En el centenario del nacimiento del escritor, que más o menos corre por estas fechas, no sobra exponer algunas hebras de lo que podríamos llamar su pensamiento. Se entresaca de un prólogo a “La colmena”, fechado en Palma de Mallorca el 2 de junio de 1963 y se acompaña de glosa de quien esto firma. Sirva lo cual de recordatorio y homenaje. Lo suyo va en negrita; lo mío, de momento, no.

“El escritor puede llegar hasta el asesinato para redondear su libro”. Quien pueda que lo entienda. Y al que le parezca exagerado, que se rasque las pulgas, así sean de gato.

“Lo único que al escritor no le está permitido es sonreír, presentarse a los concursos literarios, pedir dinero a las fundaciones y quedarse (...) a mitad de camino”. Sonreír es de huevones que piden permiso hasta para sacarse la minga y orinar; lo de los concursos equivale a poner el culo y que se sirvan, lo mismo que mendigar abyectamente; y quedarse a mitad de camino es eso: el mástil reacio y renuente, en lugar de empingorotarlo a las estrellas.

“La verdad del escritor no coincide con la verdad de quienes reparten el oro”. Otra manera de afirmar que no se puede servir a dos señores.

“La ley del escritor no tiene más que dos mandamientos: escribir y esperar. El cómplice del escritor es el tiempo. Y el tiempo es el implacable gorgojo que corroe y hunde la sociedad que atenaza al escritor”. ¡Lejos queda su expulsión de la Asociación de Prensa por “falta de profesionalidad” y cuando se prohibió la mención de su nombre en los papeles aun como invitado de una boda...! También, su renuncia a ser investido “honoris causa” por la Universidad de Santiago de Chile, recién el golpazo de Augusto Pinochet y en el alma de Camilo la amistad y el recuerdo de Neruda…

“El escritor es bestia de aguantes insospechados, animal de resistencias sin fin...” Quede claro, pues, por qué nunca parece que se le joda lo bastante. O como dijo Mío Cid: “Tú me destierras por uno; yo me destierro por cuatro”.

“Al escritor nada, ni siquiera la literatura, le importa”. Que el mundo no merece la pena ni el trabajo de tomarlo en serio es verdad que el escritor aprende en el crisol. Y esta sola sonrisa de desprecio se permite.

“No hay más escritor comprometido que aquel que se jura fidelidad a sí mismo...” O como dijera en otro sitio el de Padrón, tú escribes y son luego montón los que andaban esperándolo. Pero no prostituyas el oficio poniéndolo a los pies del ídolo, entre otra razón porque es pecado…

“El escritor nada pide porque nada (...) necesita”. Es lo más parecido al santo anacoreta. Te quitas de fumar, del crucero trimestral por el Caribe y de viajar en metro y se te llenan solas las alforjas para el viaje. Que haga sol o diluvie es lo de menos.

“A la sociedad, para ser feliz en su anestesia (...) le sobran los escritores. Lo malo para la sociedad es que no ha encontrado la fórmula de raerlos de sí o de hacerlos callar. Tampoco está en el camino de conseguirlo”. Inténtense exorcismos, vituperios e incluso el silencio y el escupitajo. Que al final se perciba amargamente que no ha servido para nada, no es motivo para que dejen de procurarlo los simplones.

jueves, 5 de mayo de 2016

REFORMA CONSTITUCIONAL Y ELECCIONES


No se habla de otra cosa. Estés donde estés, vayas donde vayas, por la calle, en el mercado, en los claustros de los colegios, la cola del banco, a la salida de las iglesias, en el parque dando de comer a los patos, allá donde se juntan dos o más personas, el airado comentario es siempre el mismo: No soportamos más, la Constitución nos asfixia. Debemos cambiarla. Antes morir que seguir viviendo bajo su yugo insoportable. Los hombres, en el bar, acodados al mostrador en silencio, están a punto de estallar. Las mujeres contienen sus sollozos. Lo vemos por doquier. Basta asomarse a la ventana para divisar corrillos descontentos. A lo largo del día, por no hablar de la noche, se suceden los momentos en que parece que la revuelta es inminente. Las madres imploran a su santo preferido por los hijos, no vayan a perderse por la ira (legítima) que alberga su corazón, que no entiende de componendas. Quién no tiene un pariente, un hijo, un primo, un cuñado, que no haya llegado al límite de sus fuerzas por esta Constitución que nos oprime. Las personas más sensatas ignoran por cuánto tiempo podrán todavía hacer valer su influencia sobre los díscolos. La situación se nos va de las manos, musitan, llevándose las manos a la cabeza, aunque procurando que su gesto no se vea, para no encrespar a los que tienen a su cargo. Cómo hemos podido llegar a esto. Hay que cambiar la Constitución. Dentro de muy poco, será tarde y se habrá consumado la catástrofe. El barco nacional hace aguas y es por culpa de la Constitución. Millones de personas, compatriotas nuestros, podría decirse que la inmensa mayoría, todos menos el grupito explotador de siempre, están siendo excluidos de la vida pública (algunos también de la privada) y es por culpa de la Constitución. Ruegan mudamente cambiarla, para que todos juntos, unidos, agarrando nuestras manos en inmenso rosario imprecativo, sintamos que participamos de un mismo proyecto que borre para siempre las diferencias que, al momento presente, nos martirizan. Ahora se avecina otra campaña electoral. Es el momento de que los partidos, todos (y todas), incorporen transversalmente esta universal demanda. Cambiar la Constitución sí o sí. Está en juego nuestra supervivencia y el que, en algún momento, olvidando el ominoso pasado, podamos ser felices.

jueves, 28 de abril de 2016

LO QUE YO TE DIGA Y DE QUIEN TÚ Y YO SUPONEMOS


Esto es un marrano que tenía papeles comprometedores de cuya difusión podían caer las estructuras al completo. El árbol, las ramas, las raíces, hasta la tierra: todo. Por eso iba tan chulo por ahí, a pesar de que había robado a dos carrillos, aprovechándose de su alto cargo al que se había encaramado mintiendo y embaucando y sin valer una mierda, solamente con jeta y desparpajo. “Al que me toque el pelo de la ropa”, insinuaba, rodeado de su clan, que, encabezado por la mama (sin acento), sonreía aviesamente por un colmillo,“ya sea elevado o pura chusma, le va a caer un paquete de no te menées”. Y se tenían todos que aguantar. Dicho de otra manera, que les tenía no sé si a todos, pero sí a muchos, cogidos por los huevos, habiendo compartido con él francachelas y marranadas de variado signo, mientras tenía bajo la bota y engañados a los serviles. Este cuento acaba mal, no para el marrano este ni su famiglia (me parece que esta palabra, así puesta, es italiana), sino para los robados, estuprados, calumniados y oprimidos. Quiere decirse que el fulano naranjas de la China pisa el talego, por eso de los dosieres comprometedores que guarda a buen recaudo. Y es que de las dos justicias –la buena y la mala–, para el pobre sólo existe la segunda. Lo pongo todo así, a lo barullo y no poco ambiguo, para que cierta judicatura de cierto país, que tiene el gatillo fácil para quien no puede defenderse y sólo se muestra valiente con las titis, las de su cuerda, claro, no encuentre campo contra aquí. Que está mal escrito, ha sido servidor el primero en darse cuenta. (Pongo en negrita los artículos determinados –se me puede haber pasado alguno– para que así parezca esto como cagado de las moscas u horadado de carcoma, que es como está y me quedo corto. Así, además, tiene más gracia. O ninguna, vete a saber.)

jueves, 21 de abril de 2016

LA MINIFALDA

DIMES Y DIRETES

Aquí, un ejemplo y modelo de lenguaje taxativo y claro. Ojalá todo el mundo hablara así.


jueves, 14 de abril de 2016

LEER O NO LEER (THAT IS THE QUESTION)


Leo en no sé qué periódico que el libro desaparecerá pronto. Sin entrar en el cuerpo de la noticia, que será una bobada, como todo, gloso el titular. (‘Gloso’ viene del verbo glosar, que significa comentar algo, preferiblemente un texto, con un mínimo de profundidad e interés, para buscar el sentido primordial y no tan aparente de lo expresado. Ya sabes: yo gloso, tú glosas, él glosa… Pero me parece que esto aburre.)

En la vida de no pocos, el libro, ya no es que vaya a desaparecer, sino que ni siquiera ha entrado. Hace no tanto, el libro comenzó a llamar a las puertas de los que le tenían un terror supersticioso. Entonces, llegó aquello que se llamó la nueva narrativa española –lo pongo con minúscula, y ya es– y provocó la siguiente reflexión entre los lectores potenciales: si leer es esto, mejor me quedo como estaba, al menos seguiré siendo persona. Aplauso.

Ahora, con eso que llaman las nuevas tecnologías, porque lo son –quiere decirse que antes no estaban–, las personas, principalmente los jóvenes, se retiran masivamente de la letra impresa, incluso en los cacharros de los cuales todos tenemos uno en casa, por no hablar de dos o tres.

A enemigo que huye, puente de plata, reza la sabiduría castellana. Y no es que consideremos enemigos a los que desertan de leer. Los verdaderos enemigos son aquellos que se han atrevido a ensuciar con sus groseras manos los sublimes paños del refulgente altar del templo otrora impoluto de la literatura. (Esta última frase, una de dos: es buena de cojones o una mierda. Yo creo que la dos, tú qué opinas.)

En mi casa, por otro nombre hogar, el libro no va a desaparecer, sino que cada día (sic) se engrosa su número como aquel que echa unas lorzas en torno a su cintura. Y no llevan trazas de desaparecer, sino que, y esto es una sospecha que no puedo probar, me da toda la impresión de que, como el caballo ese de Troya, albergo el enemigo en casa, el cual efectúa misteriosas y secretas llamadas a los que aguardan afuera el momento y la ocasión de expugnar el castillo. Hay un espía dentro, y todo apunta que podría ser yo.

¿Desaparecer el libro? Ojalá, en el caso apuntado de la novela putrefacta. Pero en otros lares, va a ser que no, para gozo y alegría, ya no del lector, que sí, sino del polvo que se acumula en los volúmenes, que poca cosa como la sabiduría lo atrae tanto.

jueves, 7 de abril de 2016

CÓMO SABER SI EL ESCRITOR ES POCA COSA


1) Van a mogollón, porque solos les da miedo.
2) Son falsos rebeldes y verdaderos trápalas.
3) No es raro que estén en la Academia.
4) Son de izquierdas. Pero si volviera Franco le lamerían las botas.
5) Sus redacciones (sic) provocan diarrea. No sólo eso, sino que además aburren.
6) Siempre están olfateando de qué lado sopla el viento.
7) Lo copan todo. Gabelas, premios, etc.
8) Últimamente, se permiten un hastío estético (perdón por la cacofonía) por la situación del país. Y es que la tarta a repartir ha disminuido de tamaño.
9) Les gusta horrores el dinero. Mucho más que a la media de españoles.
10) Traicioneros y cobardes. Ellas, feas; yo me entiendo.
11) Aborrecen el pasado literario, que les hace (justa y abundante) sombra.
12) Viajan al otro lado del charco, con los gastos pagados dirás por quién.
13) Y cómo no, odian a la Iglesia.

De lo que antecede, resulta la situación de España, que han emponzoñado con sus tostas y ladrillos académicos, explicándose así el desplome de valores y el que todo vaya como puta por rastrojo. Si te pillo leyendo un libro suyo, te voy a mirar mal, lo sepas. (He puesto en negrita lo que me ha dado la gana.)