jueves, 28 de abril de 2016

LO QUE YO TE DIGA Y DE QUIEN TÚ Y YO SUPONEMOS


Esto es un marrano que tenía papeles comprometedores de cuya difusión podían caer las estructuras al completo. El árbol, las ramas, las raíces, hasta la tierra: todo. Por eso iba tan chulo por ahí, a pesar de que había robado a dos carrillos, aprovechándose de su alto cargo al que se había encaramado mintiendo y embaucando y sin valer una mierda, solamente con jeta y desparpajo. “Al que me toque el pelo de la ropa”, insinuaba, rodeado de su clan, que, encabezado por la mama (sin acento), sonreía aviesamente por un colmillo,“ya sea elevado o pura chusma, le va a caer un paquete de no te menées”. Y se tenían todos que aguantar. Dicho de otra manera, que les tenía no sé si a todos, pero sí a muchos, cogidos por los huevos, habiendo compartido con él francachelas y marranadas de variado signo, mientras tenía bajo la bota y engañados a los serviles. Este cuento acaba mal, no para el marrano este ni su famiglia (me parece que esta palabra, así puesta, es italiana), sino para los robados, estuprados, calumniados y oprimidos. Quiere decirse que el fulano naranjas de la China pisa el talego, por eso de los dosieres comprometedores que guarda a buen recaudo. Y es que de las dos justicias la buena y la mala, para el pobre sólo existe la segunda. Lo pongo todo así, a lo barullo y no poco ambiguo, para que cierta judicatura de cierto país, que tiene el gatillo fácil para quien no puede defenderse y sólo se muestra valiente con las titis, las de su cuerda, claro, no encuentre campo contra aquí. Que está mal escrito, ha sido servidor el primero en darse cuenta. (Pongo en negrita los artículos determinados se me puede haber pasado alguno para que así parezca esto como cagado de las moscas u horadado de carcoma, que es como está y me quedo corto. Así, además, tiene más gracia. O ninguna, vete a saber.)

miércoles, 27 de abril de 2016

"EL ORGANIGRAMA" (Novela río) Capítulo 4

(Capricho)

"El organigrama" (Capítulo 4 de 5)

(Resumen de lo publicado: Pío Socaliñas, sin comerlo ni beberlo –no ha ingurgitado nada en montón de horas–, aparenta no existir para lo bueno, porque para lo malo, sí. Leer Capítulo 1
Pío Socaliñas, un poco deprimido, y no es para menos, conoce a una mujer misteriosa, a la que saluda con efusión. Leer Capítulo 2
Socaliñas le ha soltado al Coronel una buena tabarra sobre su infancia. ¿Quiénes son éste y la hembra que le acompaña? Leer Capítulo 3)


El Coronel derribó de un golpe a la mujer, desparramando cúpulas, redondeces y convexidades sobre la tarima. Socaliñas se crispó de rabia. 
–Le aconsejo –dijo el Coronel sacando un arma– que no haga nada que pueda empeorar la situación... Vladimir. 
La pausa al pronunciar su nombre espurio sonó como un petardo.
–¿Cree haber venido aquí por casualidad? –añadió aquél, fruitivo.
La dama recuperó la vertical, en gráfico paralelo con la tectónica terrestre. Lo registró un sismógrafo lejano. 
Dijo el Coronel:
–Sé que no se llama Vladimir, sino Pío Socaliñas y que no figura en ninguna de las listas del Gobierno, por la sencilla razón de que yo me he encargado de que lo borraran. ¿Qué dice a eso? 
Se creció Pío. 
–Podría endilgarle –respondió– un tratado exhaustivo sobre las buenas maneras; pero he comprobado que son las malas, amén de ineficaces. Y si espera que le pregunte por la razón de su perfidia, así como por el motivo profundo de mi estancia en esta su casa a la que me he presentado atraído oscuramente y que, dicho sea sin ánimo de ofender, exhala decadencia, no lo haré. Sin embargo, usted me lo dirá. 
El Coronel rió, muy divertido. 
La mujer se rascó el rizado pubis, en señal de advertencia a Socaliñas. Aprovechó él para meterla mano.
La risa del Coronel se acentuó. 
–Se cree muy listo –se mofó–. Pero ¿quién puede afirmar que sabe nada? Estudiosos y filósofos de todas las catervas se han pelado las cejas intentando describir la realidad, que se les escapaba de entre los dedos como un travieso pececillo, sin dejar adivinar su esencia. ¡Y usted pretende saber algo!
Avanzó Socaliñas pie, canilla y muslo en dirección al Coronel. Éste elevó unos grados el arma.
–Preferiría que se quedara donde está. Sería una lástima que esto se disparara... que es lo que va a hacer de todas formas. 
Pío Socaliñas jamás se había movido tan rápido. Desmintiendo su corpulencia, sacó su peonza del bolsillo y se la lanzó al Coronel a la cabeza, colocándole un chichón como un aguacate en plena frente. La pistola cayó al suelo. Sonó un disparo.
–¿Estás herida? –le preguntó Pío a la dama. 
–No. ¿Y tú? 
–Tampoco. Vámonos. 
–Antes hemos de recuperar el disquete con tus datos. Está en el dormitorio –y se precipitó por las escaleras al piso superior. 
Socaliñas la siguió muy esperanzado. La redonda y satinada grupa de ella, ascendiendo cada peldaño, le recordó la formación de montes, cordilleras y picachos, en los albores del planeta, según un ensayo geológico que leyera hacía tiempo. 

(Continúa en Capítulo 5.)




martes, 26 de abril de 2016

"LA HUELLA", Anthony Shaffer

RESEÑA TEATRO

"La huella", Anthony Shaffer (1926 2001) - Parodia y homenaje al tiempo de las ficciones policíacas. Andrew Wyke, hombre próximo a la sesentena y autor de novelas de este género, aficionado también a los juegos de mesa más sofisticados, invita a su mansión en el campo al joven y atractivo Milo Tindle, amante de su mujer, al que propone un juego en el que ambos resulten beneficiados. Milo acepta… pero las cosas discurren por un derrotero muy diferente al esperado. Con únicamente dos personajes en escena, nos vemos atrapados en una excitante serie de charadas o acertijos, de los que ignoramos hasta qué punto responden a la realidad o son producto de la fértil imaginación de Wyke, a la que no le va a la zaga la del propio Milo, llegando un punto en que la pugna entre el maduro y el joven parece que va a quedar honrosamente en tablas. Los diálogos son magistrales, reflejando el habla de cada personaje y de los alter ego que, tanto uno como otro, van jubilosamente interpretando, teniendo ambos como único público a su azarado, por momentos, contrincante. Esta obra de su autor, mayormente volcado en los guiones cinematográficos, es conocida sobre todo por la versión cinematográfica que realizó Joseph L. Mankiewicz, basada en este texto, tan sobrio y ceñido como rabiosamente entretenido. Deliciosa lectura para los que desconozcan su trama, que animará sin duda a proseguir con la felicísima versión que efectuó Mankiewicz para la pantalla, de la que se hizo un remake varias décadas más tarde, curiosamente con Michael Caine en el papel que en la anterior encarnara su oponente, Laurence Olivier.  

lunes, 25 de abril de 2016

AFORISMOS DE LUNES

Al martes

UNO: Los niños lo ven todo. Principalmente, lo más inadecuado.
DOS: La manada cohesiona.
TRES: La verdadera pobreza es invisible.
CUATRO: No confundir paciencia con pasividad. Es error corriente.
CINCO: No conozco a nadie que, en el fondo de su corazón, no desee pincharle su globo a un niño.
SEIS: Hay una manera de tener siempre razón: darle la razón al que la tiene.
SIETE: Qué habrá, realmente, en el fondo del mar.
OCHO: La sabiduría es la experiencia cocinada.
NUEVE: El pueblo abandonado se pregunta, angustiado, qué habrá hecho.
DIEZ: El color rojo y el verde se entienden perfectamente por debajo de la mesa.
ONCE: Cuando un volcán entra en erupción es que está hasta los mismísimos cojones.
DOCE: Las personas inteligentes suelen ser reflexivas y calladas. O no.
TRECE: No está claro si es la niebla la que baja o la tierra la que sube.

domingo, 24 de abril de 2016

"PEDRO PÁRAMO", Juan Rulfo

RESEÑA NOVELA

"Pedro Páramo", Juan Rulfo (19171986) - Un paraje calcinado en que se mezclan los vivos y los muertos, donde se oye el rumor de las hojas que se arrastran pero que no se pueden ver porque hace tanto que dejaron de existir; de risas y jolgorios de hace muchos años cuyos ecos todavía no se extinguen y el galopar de un caballo lorquiano sin su jinete muerto, el tempranamente fenecido Miguel, único hijo reconocido del cacique. Esto es Comala. A este lugar viene Juan Preciado, comandado por su madre, para exigir cuentas a su padre, Pedro Páramo. Pero Pedro Páramo ha entrado en el lugar mítico donde moran los demás, atrapados por sus culpas y ancladas sus raíces en una tierra dura que se niega a perdonar. El antiguo cacique se adueñó en el pasado de la voluntad y hacienda de los que allí han vivido, pero su auténtico y verdadero amor ha sido Susana San Juan, compañera de juegos infantiles, a la que es incapaz de preservar de la muerte, el destino final de todos ellos, que pueden descreer del cielo pero no del infierno, porque éste último lo han vivido. Muchas almas del lugar siguen penando, no se sabe de qué lado de la vida o de la muerte. Entre la tierra que se deshace por la lluvia y el cielo opresivo que cambia de matiz y que vierte por igual e intermitentemente la lluvia y el calor, está presente como un aldabonazo la encomienda de su madre a Juan Preciado, pronto diluido entre los restantes personajes y que, antes de fundirse en la vorágine espectral, todavía siente sus palabras al oído, pronunciadas en el lecho de muerte. Poética y universal novela, hecha de jirones fantasmales de existencia y enmarcada en un mítico paraje atravesado de lujuria y ráfagas violentas, bien de la guerra o de la pulsión humana y desesperanzada que mora dentro de hombres y mujeres, siendo el destino final el camposanto. Cumbre de la lengua castellana, única novela propiamente dicha de su autor.

jueves, 21 de abril de 2016

miércoles, 20 de abril de 2016

"EL ORGANIGRAMA" (Novela río) Capítulo 3

(Capricho)

"El organigrama" (Capítulo 3 de 5)


 (Resumen de lo publicado: Pío Socaliñas, sin comerlo ni beberlo –no ha ingurgitado nada en montón de horas–, aparenta no existir para lo bueno, porque para lo malo, sí. Leer Capítulo 1)
Pío Socaliñas, un poco deprimido, y no es para menos, conoce a una mujer misteriosa, a la que saluda con efusión. Leer Capítulo 2)


–Venga junto al fuego –invitó a Socaliñas un individuo perfectamente rasurado, menos bigote, al que llamaban Coronel. 
–¿Qué fuego? –inquirió éste. 
–Es verdad –admitió el otro–. No lo hemos encendido. La chimenea está obstruida. ¿Le importaría subirse al tejado a ver qué puede hacer?
La dama intervino.
–Es nuestro invitado. 
Sonrió imperceptiblemente el Coronel.
–¿Ya te ha cumplimentado? 
–No veas cómo –admitió ella con femenina gracia. 
Engrióse el mismo.
–No termino de asumir esa costumbre tuya de manifestarte en bolas. Hasta al más bujarrón se le encabrita. 
Socaliñas intuyó que el ambiente se espesaba.
–Le aseguro... –comenzó. 
El Coronel sacudió su mano como si espantara un abejorro.
–Déjelo. Hablemos de lo que le ha traído. Por cierto, ¿qué le ha ocurrido a su cara? 
–Un mal día para ella –pronunció con dureza Socaliñas. 
–Tropezó –agregó la dama. 
–¿Lloró? –quiso saber el Coronel. 
–Intenté no hacerlo –confesó Pío–. Pero me acordé de mi infancia, cuando aún abrigaba ilusiones que el tiempo dispersó por los cuatro puntos cardinales, como hizo un vendaval con mi colección de calcomanías un domingo, arrebatándolas de mis pueriles manos en uno de mis intentos de comerciar con ellas. Tampoco fue ajena a mi sollozo la vicisitud aquella, que quisiera sepultar en el olvido, en que un solemne tribunal de encanecidos profesores tuvo la protervia de suspenderme en matemáticas, por la discutible razón de mi desconocimiento radical en la materia. ¿Y qué decir de la ocasión en que fui colgado de los pulgares desde una azotea cagada de palomas y que se aliviaron igualmente sobre mis facciones, al presente tumefactas...?
El Coronel volvió a agitar la mano, ahora como dando un cachete en el culete a salva sea la dama.
La despelotada se revolvió como una vaca cimarrona.
–¡Odio esa gestual manera tuya de expresarte! 
–Si te parece escribo novela, como si fuera un mierda –replicó aquél.
–¡Lo preferiría! –sentenció ella–. ¡Todo, antes que permanecer en esa silla atusándote el mostacho y bebiendo whiskey directamente del gollete de la damajuana, mientras este hogar, que hubiera podido encaminarse a un futuro de progreso, se apergamina y encanalla...! ¿Tú qué opinas, Vladimir?
“Aquí hay canela fina”, elucubró el aludido meditando su respuesta y temblando ante la posibilidad de equivocarse. La dama enfiló elocuentemente sus pezones hacia él. 


martes, 19 de abril de 2016

"QUIÉN DE NOSOTROS", Mario Benedetti

RESEÑA NOVELA

"Quién de nosotros", Mario Benedetti (19202009) - Relato a tres voces –Miguel, Alicia, Lucas–, donde se expresa la relación entre el matrimonio y un amigo, con su compleja carga de sentimientos, que incluyen la culpa, la atracción, el enamoramiento (o lo que tal parece) y la huida. Once años de matrimonio, con el fruto añadido de dos hijos, sitúan a la pareja virtualmente al inicio de su relación, pero con una experiencia que no puede validar su convivencia, sino paradójicamente destruirla. Acaso fue la cobardía de Miguel la responsable del fracaso, o la incomprensión de Alicia, o el aura mítica del amigo, autor exitoso de relatos, que, conscientemente o no, y a pesar de la distancia, no ha dejado de interponerse entre marido y mujer a lo largo del periodo indicado. Alicia se casó con Miguel, como podría haberse casado con Lucas, y esta grieta, que no es la única y ni siquiera quizá la principal, ha ido carcomiendo a la pareja. Parecería, además, que los tres se han estado vigilando, en espera fría y calculada del derrumbe. Y ahora que, calladamente, sin alharacas, se produce la catástrofe, el saldo arrojado es un común desvalimiento, ahora ya sin esperanza. Novela sobre el matrimonio, sobre sus expectativas o ilusiones, también sobre su naturaleza, que cuando se conforma por el interés, el cálculo o, todavía peor, la indiferencia, acaba inexorablemente en vía muerta. Anticipa el autor, posiblemente sin haber sido su propósito, cierta atonía matrimonial o de familia que ahora resulta más que usual.

lunes, 18 de abril de 2016

PERDIGONAZOS EN SALVA Y MUELLE PARTE

Al disparo 

UNO: La muerte nos iguala a todos. Pero hasta ahí.
DOS: Cuál será el número más alto jamás puesto, tal cual, negro sobre blanco.
TRES: La segunda persona del singular como punto de vista de novela constituye una irritantísima manera de narrar.
CUATRO: A veces no sabes de qué lado de la reja estás.
CINCO: Es mezquino comprobar que al taco de quinientos folios no le falta ninguno. 
SEIS: Dos no riñen si uno no quiere… hasta que le obligan a querer.
SIETE: ‘Prohibido prohibir’... Hasta que alcanzas el poder.
OCHO: Ser santo es compatible con beber cerveza. Dónde está escrito lo contrario.
NUEVE: El rectángulo es un cuadrado que se escurre proporcionalmente por uno de sus lados.
DIEZ: Mitificar puede ser malo, pero desmitificar es muchísimo peor.
ONCE: La novela no deja de ser, en el fondo, un vasto y sañudo chismorreo universal.
DOCE: El abrigo o sobretodo es el fracaso de la chaqueta o el jersey; éstos, el fracaso de la camisa, la cual es, a su vez, el fracaso de la camiseta. En otras palabras: vestirse sobre todo en invierno es un encadenamiento de fracasos.
TRECE: Cuando revisas una novela para la publicación, te dan ganas de todo menos de revisar una novela para la publicación.

domingo, 17 de abril de 2016

"LA MÁQUINA PENSANTE", Jacques Futrelle

RESEÑA NOVELA 

"La Máquina Pensante", Jacques Futrelle (18751912) - El profesor Augustus S. F. X. Van Dusen, científico y experto en lógica, galardonado en numerosísimos países con el reconocimiento de que su cerebro es el ‘mejor dotado en todas las ciencias’, opina que la lógica ‘soluciona cualquier clase de problema… no la mayoría, sino todos los problemas’. Con semejante tesis tan radical como excéntrica, es desafiado en distintas ocasiones a probar su realidad. ¿Podrá escapar de una celda de máxima seguridad, la destinada a los asesinos condenados a muerte, en el plazo máximo de una semana, con la mera aplicación del pensamiento? ¿Desconociendo el juego de ajedrez y sus reglas más elementales, será capaz de derrotar en su primera partida al campeón mundial, imbatido durante años, de este juego? Enigmas aparentemente irresolubles, crímenes enigmáticos de todo tipo son puestos bajo la lupa poderosa de este hombre pequeño e irritable, que considera la razón la única guía para resolver estos problemas, llevando al extremo la mentalidad analítica de Sherlock Holmes y uno de cuyos epígonos más felices sería Nero Wolfe, el gordo detective enemigo de la acción. Y es que, como asegura machaconamente el profesor Van Dusen, la Máquina Pensante, ‘dos y dos son cuatro, no algunas veces, sino siempre’. El autor murió en el naufragio del Titanic, en el que viajaba con su esposa, escritora como él, que consiguió salvarse.

jueves, 14 de abril de 2016

LEER O NO LEER (THAT IS THE QUESTION)


Leo en no sé qué periódico que el libro desaparecerá pronto. Sin entrar en el cuerpo de la noticia, que será una bobada, como todo, gloso el titular. (‘Gloso’ viene del verbo glosar, que significa comentar algo, preferiblemente un texto, con un mínimo de profundidad e interés, para buscar el sentido primordial y no tan aparente de lo expresado. Ya sabes: yo gloso, tú glosas, él glosa… Pero me parece que esto aburre.)

En la vida de no pocos, el libro, ya no es que vaya a desaparecer, sino que ni siquiera ha entrado. Hace no tanto, el libro comenzó a llamar a las puertas de los que le tenían un terror supersticioso. Entonces, llegó aquello que se llamó la nueva narrativa española lo pongo con minúscula, y ya es y provocó la siguiente reflexión entre los lectores potenciales: si leer es esto, mejor me quedo como estaba, al menos seguiré siendo persona. Aplauso.

Ahora, con eso que llaman las nuevas tecnologías, porque lo son quiere decirse que antes no estaban, las personas, principalmente los jóvenes, se retiran masivamente de la letra impresa, incluso en los cacharros de los cuales todos tenemos uno en casa, por no hablar de dos o tres.

A enemigo que huye, puente de plata, reza la sabiduría castellana. Y no es que consideremos enemigos a los que desertan de leer. Los verdaderos enemigos son aquellos que se han atrevido a ensuciar con sus groseras manos los sublimes paños del refulgente altar del templo otrora impoluto de la literatura. (Esta última frase, una de dos: es buena de cojones o una mierda. Yo creo que la dos, tú qué opinas.)

En mi casa, por otro nombre hogar, el libro no va a desaparecer, sino que cada día (sic) se engrosa su número como aquel que echa unas lorzas en torno a su cintura. Y no llevan trazas de desaparecer, sino que, y esto es una sospecha que no puedo probar, me da toda la impresión de que, como el caballo ese de Troya, albergo el enemigo en casa, el cual efectúa misteriosas y secretas llamadas a los que aguardan afuera el momento y la ocasión de expugnar el castillo. Hay un espía dentro, y todo apunta que podría ser yo.

¿Desaparecer el libro? Ojalá, en el caso apuntado de la novela putrefacta. Pero en otros lares, va a ser que no, para gozo y alegría, ya no del lector, que sí, sino del polvo que se acumula en los volúmenes, que poca cosa como la sabiduría lo atrae tanto.

miércoles, 13 de abril de 2016

"EL ORGANIGRAMA" (Novela río) Capítulo 2

(Capricho)


"El organigrama" (Capítulo 2 de 5)


(Resumen de lo publicado: Pío Socaliñas, sin comerlo ni beberlo –no ha ingurgitado nada en montón de horas–, aparenta no existir para lo bueno, porque para lo malo, sí. Leer Capítulo 1 )

El sol se columpiaba como una naranja, encima de un tejado.
Socaliñas, habiendo dormido en un zaguán con unos gatos, se contempló las facciones en un escaparate. Su otrora nariz recta y apolínea figuraba un garabato. Para qué hablar de los dientes. Revoloteó un grajo en su mejilla, donde erizadas púas comenzaban a distinguirse inamistosas. 
“¿Qué he hecho de mi vida?”, monologó. “¿Por qué tan esquiva se me muestra, que no consigo llevarla por camino recto y ni siquiera por senderillo de cabras? ¡Si al menos, para mitigar mi soledad, una perrita lulú me hiciera compañía...!”
Una severa anciana que pasaba murmuró:
–¡Cochino! 
Advirtió Pío que el comercio ante el que estaba situado era de ropa interior de señora. Se tiñeron de rosicler sus pómulos. 
Adelantada la mañana, consiguió llenar el bandullo con una sustancia mucilaginosa que disputó exitosamente a unas ratas. Reconfortado, se introdujo en un recinto donde se respiraba finura y distinción y un fuerte olor a meados.
Se acercó a él una mujer desnuda.
–¿Viene a la clase de encaje de bolillos? –le inquirió. 
–Ponga que sí –admitió Socaliñas, no queriéndose cerrar ninguna puerta, dadas las circunstancias. 
Ella achicó los ojos, desconfiada.
–¿Es usted Vladimir? 
–Lo juro. 
–Quiero una prueba. 
Pío Socaliñas se la dio tras un biombo. La mujer salió, al cabo de segundos, arreglándose el peinado.
–¡Vladimir, cuánto has cambiado...! –le tuteó. 
Respondió Pío:
–Sencillamente me he curtido. ¿Qué esperabas? Uno no es hombre para permitir que los acontecimientos pasen sin dejar huella. No permanezco al margen. Actúo. En ocasiones con acierto; otras, dejando tras de mí la viscosa huella del error. ¿Parece mal? 
Ella hizo pucheros.
–¿Ya no te acuerdas de cuando me llamabas macizorra? 
Pío Socaliñas se sentía paulatinamente más seguro. Retazos de su antiguo dominio sobre el ambiente se posaron sobre sus hombros como una capa de armiño.
–Preséntame al picha que está dentro –ordenó. 
–¿No quieres asearte? La nariz te cuelga como un badajo de campana.
–He tenido un tropiezo –admitió malamente Socaliñas. 
–Razón de más –repuso ella. 




martes, 12 de abril de 2016

"EL MÍSTICO", Santiago Rusiñol

RESEÑA TEATRO

"El místico", Santiago Rusiñol (18611931) - El sufrimiento es la otra cara de la moneda del amor, se ha dicho de siempre y es verdad. El padre Ramón cifra el suyo en el amor más alto, que es el amor a Dios, sacrificando otro que puede ser legítimo, el de Marta, recogida en casa por su madre y a la que el contacto con este hombre santo que la ha enseñado entre otras cosas a leer y escribir y a apreciar la belleza ha despertado a una vida más elevada. Francisca, la madre de Ramón, quiere a su hijo con locura y, por semejante razón, no comprende la sublimidad de su renuncia. Pero su ceguera es temporal; no así la de los ricos y favorecidos, cuyo cristianismo es epidérmico y, por qué no decirlo, les sirve de justificación y coartada para su egoísmo radical. Las personas, nos enseña esta obra, que mana directamente de las lecciones del Maestro, se pueden redimir de los peores crímenes. Cuesta bastante más, y en algún caso es imposible, desprenderse de la capa de comodidad e indiferencia, que es bastante más común y resulta infinitamente más dañina. El padre Ramón, trasunto del inmenso poeta que fue Jacinto Verdaguer, y que como él compone versos, con su oración y ofreciéndose sin reserva por los suyos los cercanos y los que apenas ayer no conocía–, triunfa finalmente en su ciclópea empresa, entre la incomprensión de algunos y la elevada admiración de otros. Bien trazado el carácter de Francisca, cuyo egoísmo maternal y sus arranques se comprenden, y el de Marta, inmensamente generosa y vulnerable, sin olvidar los otros personajes, algunos meramente abocetados. El autor dividió su actividad entre la literatura y la pintura, siendo figura destacada de la Renaixença catalana.

lunes, 11 de abril de 2016

AFORISMOS DE PRIMAVERA VERGONZANTE

Al agua de lluvia

UNO: Los mejores se dedican a la política. Bueno, ya sé que no, pero con algo había que empezar.
DOS: Tus fuerzas no alcanzan para todo. Prioriza.
TRES: Los errores propios deben hacerte indulgente con los demás y severo aunque tampoco demasiado contigo.
CUATRO: A veces, hay que esperar largos años o un vida entera; otras, se trata de decidir en un segundo. Resulta fatal confundir ambos momentos.
CINCO: Entre una decisión y la contraria, existe un abismo de posibilidades intermedias.
SEIS: El hombre que pasea un perro nos da, sin saberlo, una lección.
SIETE: El látigo es utensilio lamentablemente orillado en nuestra sociedad.
OCHO: No te extrañe que te miren mal.
NUEVE: Entre el punto A y el punto B, puede haber una distancia. Pero si no la hay, es que se trata del mismo punto. O sea, que A es  B y B es A.
DIEZ: Hasta los catorce bajo cero en el exterior te puedes duchar con agua fría. Es empírico.
ONCE: Conviene tener una vida reglada y ordenada. Pero si no la tienes, te conviene tener una vida reglada y ordenada.
DOCE: El cielo cambia muchas veces de color. Y qué.
TRECE: El estuche es la jaula de oro para el libro.