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miércoles, 25 de mayo de 2016

CIUDAD EN LA LUNA

(ENIGMA)

Los rumores venían circulando desde hacía tiempo: si existía una ciudad en la Luna o era sólo elucubración fantástica y poética de un grupo de iluminados. Finalmente, hemos podido confirmar que, en efecto, se erige en nuestro satélite una construcción artificial que merece el nombre de ciudad, aunque sus dimensiones son más reducidas, del tamaño de un puebluco.

¿Cómo nos hemos enterado? No podemos revelar la fuente, que sigue en la Luna y su vida podría peligrar, por bocas. (Si tenemos necesidad de darle un nombre, con Menéndez vale, aunque más bien responde por García.) Estamos, en cambio, facultados para dar a conocer un documento proveniente del satélite, correspondiente a lo que cabría denominar ACTAS DE LA REUNIÓN ORDINARIA DE LA COMUNIDAD DE VECINOS DE LA LUNA. Por ‘comunidad de vecinos’ hemos de entender al poblaco ése.

El Acta es como sigue:

Convocada la comunidad, en el salón de actos destinado para ello, a tantos de tantos, del año tantos, a las 19:00 horas, en primera convocatoria, 19:30, segunda convocatoria, los siguientes miembros: (aquí, los nombres de los vecinos), con el siguiente

ORDEN DEL DÍA:

1) Lectura y aprobación (en su caso) del Acta de la reunión anterior. El Acta se aprobó con fruncimiento de ceño en el caso del vecino del Bloque nº 4, encogimiento de hombros por parte del mismo, siendo esto acompañado por bufido de su consorte. (El indicador de oxígeno entra dentro de los parámetros aceptados.)

2) Cambio de cargos. El Presidente entrante y el saliente, serios como patatas ambos. Murmullos. (El indicador de oxígeno sube una micra.)

3) Presentación de cuentas y aprobación (en su caso). Se aprobó, tras examen minucioso de facturas por parte del vecino del Bloque nº 4, que cuestionó la pertinencia de algunas partidas. (El indicador de oxígeno sube más micras.)

4) Presentación del Presupuesto. Se presentó el Presupuesto, aunque su ejecución no le quedó ni medio clara al Presidente entrante. El Presidente saliente y el entrante pactaron reunirse luego, primero dijeron que en el bar, luego en la sala de calderas ante la negativa de la Comunidad a abonar las consumiciones en el citado lugar de hostelería. (El indicador de oxígeno deja el verde y entra decididamente en el naranja.)

5) Sugerencia de derrama para reparación de la caldera. No hubo acuerdo. En su lugar, se sugirió colocar unas gomas que, dada la menor gravedad lunar, habrían de aguantar suficientemente, siempre en el caso de un uso correcto y ‘siendo personas’, según expresión de la consorte del vecino del Bloque nº 4. (El indicador de oxígeno, entre naranja y rojo.)

6) Sugerencia de derrama para reparación de bomba de agua. Tampoco hubo acuerdo. Pero si las gomas sirven para la caldera, también serían susceptibles de utilizarse aquí, esto se dijo. Hubo sus dudas. (El indicador de oxígeno se pasa ufanamente al rojo.)

7) Sugerencia de derrama para sustitución de placas de cubrimiento de la ciudad (lunar). No hubo acuerdo, esgrimiéndose la razón de que, dada la carencia de atmósfera en la Luna, las citadas placas de cubrimiento de la ciudad (lunar) en modo alguno han podido sufrir desgaste. Y como tampoco se ha precipitado meteorito alguno sobre ellas (aquí la Comunidad cruzó los dedos), pues que se quede todo como está. (El indicador de oxígeno, como un tomate.)

8) Ruegos y preguntas. El vecino del Bloque nº 4 acusó de mirar turbio al del Bloque nº 3. Se instó al vecino del Bloque nº 4 a que presentara disculpas al agraviado. Las facciones de aquél adquirieron el color del adobe ferruginoso de la Tierra, lo que se consideró aceptable por unos sí y por otros no, quedando esto así reflejado en aras a lo que pudiera ser. El vecino del Bloque nº 3 afirmó que el regolito levanta mucho polvo, por lo que se ruega a los vecinos en general a que pisen la superficie (lunar) con mucho cuidado y, al regreso, se limpien bien luego las botas en el felpudo de la cámara de descompresión. El vecino del Bloque nº 4 dice que él pisa como tiene necesidad, obligado por su pierna, que le duele; a lo que añade que el regolito se vuelve a posar rápidamente en la superficie, sin otros efectos, en particular adversos, para nadie. Este mismo vecino del Bloque nº 4 asegura haber crecido un palmo desde que se instaló en la ciudad (lunar), motivo de preocupación para él por su posible incidencia en la salud. Se le arguyó que en el resto de habitantes de la ciudad (lunar) concurre parecida circunstancia, debido a la gravedad menor respecto de la Tierra, pero que no le dan apenas importancia. A lo que se agregó que, en cualquier caso, esto no sería competencia de la Comunidad, sino del Servicio de Salud, que depende de la Tierra. Ante lo que el vecino del Bloque nº 4, apoyado por su mujer, que se puso de pie sobre su asiento, perdió la compostura, manifestando que ellos, los del Bloque nº 4, son siempre los más perjudicados y que ya estaba bien. El vecindario dejó a la pareja desfogarse, prosiguiendo la reunión al cabo de siete horas y media, según el reloj atómico que figura en la sala. (El indicador de oxígeno, decir como un tomate es poco.)

Con muchas más cosas que tratar, pero dejándolas de lado, se disolvió la reunión a las tantas de la noche, siendo ya tarde para nada, excepción hecha de irse a dormir un par de horacas. (Reparar el indicador de oxígeno, que hay que reconocer que se ha portado. Pedir presupuesto y proponer derrama. El reloj atómico también mirarlo, atrasa.)

En la colonia lunar, fecha de tantos, etcétera.

miércoles, 30 de marzo de 2016

LA ESCRITURA (A LO QUE ACECHA)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

A través del ventanal del edificio histórico donde le permitían trabajar, entraba el sol a raudales en la tarde de domingo de aquella temprana primavera. Por la mañana había llovido, pero después el tiempo se serenó, pareciendo anticiparse en el aire el perfume de las flores de los parterres de la plaza, a las que todavía faltaban semanas para abrirse.
En la mesa, el grueso mazo de folios que contenía el manuscrito de la novela, en cuyos últimos toques se ocupaba: alguna coma, unos pocos adjetivos y adverbios suprimidos. Era la historia quintaesenciada de una época, en la que se fundía la trágica peripecia de una saga familiar con chuscos episodios protagonizados por la servidumbre, todo ello sobre un fondo sangriento de interminables guerras. 
Cogió el bolígrafo y prosiguió la labor de corrección, prácticamente ultimada. Se sabía la novela de memoria, y podía empezar a recitar por cualquier sitio prosiguiendo hasta el final, sin mirar más que espaciadamente el texto.
Avanzada la tarde, fue por primera vez consciente de uno de esos crujidos de los que son pródigos los casones con varios siglos a su espalda. Siguió escribiendo, sus ojos más cerca de los folios ante la progresiva luz menguante.
La segunda ocasión el ruido fue más nítido, coincidiendo con que el sol traspasaba definitivamente los tejados al otro lado de la plaza, la cual se oscureció de repente, mientras un viento frío agitaba las todavía desnudas ramas de los árboles. Su mente se pobló de sangrientos episodios, aquelarres, sórdidos intereses de familias decadentes, incestos: los temas que llenaban su novela.
La tercera vez el ruido se entreveró de llantos de niños y mujeres, crepitar guerrero y una risa violenta y demoníaca que habría de sentir espeluznado en sus oídos, mientras abandonaba la habitación en que había trabajado, descendía las amplias escaleras y alcanzaba el zaguán, sin posibilidad ni fuerzas de descorrer el cerrojo para alcanzar la calle. 
Lo encontraron muerto sobre las losas del portal al día siguiente, lunes, jornada en que el invierno, contra predicción sustancial de meteorólogos, volviera a hacer inequívoco y rotundo acto de presencia.

miércoles, 10 de febrero de 2016

EL HOMBRE QUE SE DIO LA MEDIA VUELTA (Al picaporte)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

Las veces que intentaba hablar en la oficina era enmudecido con groseros aspavientos. De manera que rompió su hucha de cerdito y se compró un megáfono. En una de las reuniones, cuando se discutían los presupuestos, conectó el aparato y murmuró: “Solicito se me conceda la palabra”. Los que estaban allí, ante el bramido que salió del artilugio, dieron un bote en el asiento y preguntaron: “¿Quién ha hablado?” “Yo”, repuso el vozarrón, pues en tal se había convertido su exigua vocecilla. Le miraron con curiosidad, punto de inquina, rogándole con forzada cortesía desconectara el artefacto y se dirigiera a ellos con su voz usual, que sabrían escucharle. Se negó y, sin darles tiempo a reaccionar, presentó un largo memorial de agravios que los otros escucharon con asombro. Aparte de ser continuamente despreciado y sus propuestas ignoradas, dijo, se quejó de que no se le permitiera utilizar el teléfono público, situado en el pasillo, más que en contadas ocasiones, siendo así que todos se servían indiscriminadamente de él, incluso para asuntos personales. Ellos negaron y lo echaron a barato, pero la voz tonante que provenía del megáfono insistió en que, de los empleados que llenaban la sala, era el único que no poseía la llave de los urinarios, teniendo que acogerse al recurso de una tapia, fuera del perímetro de la oficina. Aquí se sintieron verdaderamente dolidos, y varios le alargaron implorantes su llave. El compañero siguió: “En los cumpleaños se me olvida por sistema, por más que nunca dejo de contribuir con mi óbolo a la onomástica de todos, incluido el jorobado de la entrada”. Alguien de entre ellos no pudo resistirlo y se sumió en amargos sollozos. A estas alturas, se sentían confundidos, sin que fuera posible inteligr quién, de entre todos, era el sincero arrepentido. El megáfono chirrió y pudo aventurarse la esperanza de que enmudeciera, estropeado. Sin embargo, continuó trasmitiendo los agravios del hombre de la vocecilla, notablemente acrecidos por la técnica. “Lo que nunca os perdonaré”, siguió, “es vuestra insensibilidad, tan dolorosa, que me ha forzado, como veis, a medida tan extrema y, en el fondo, un sí es, no es, ridícula. Mi venganza la pronunciaré en seguida. Ahora, cuando enmudezca este cacharro, no contaréis más con mi presencia, mi compañerismo será mero recuerdo. Me veréis salir por esa puerta, la cual se cerrará para siempre a mis espaldas”. Dicho lo cual, corrió la silla, se levantó, dio media vuelta y se fue, dejándoles con cabal remordimiento.




miércoles, 13 de enero de 2016

PERORATA (A lo que quedó encerrado en el tintero)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)


El cabeza de familia, durante la cena:

-Hemos pasado tiempos muy difíciles. Vuestra hermana se fugó con el acróbata, y a saber en qué lugar de mala muerte se encuentra ahora… y en qué estado. Vuestra madre, mi querida esposa, incapaz de soportar la afrenta y el bochorno, rindió su alma, no sin antes tener la grandeza y generosidad de bendecir a la proterva. El ala izquierda de la casa se hundió sincrónicamente aquella noche, y todavía debemos dar gracias de que no ocasionara mayor desgracia. El ala derecha imitaría a su gemela al día siguiente. Carecemos de fondos para reconstruir la mansión. Las últimas inversiones no han rendido lo que esperaba; más aún, se han llevado el grueso y las hijuelas de todos nuestros bienes. Yo casi soy un anciano, los bríos me han ido abandonando al compás de los reveses. Pero hay algo que conservo y que quiero legaros como mi joya más preciada. Lo recibí de mi padre en su momento, y ha significado en mi existencia un faro luminoso en medio de tantos avatares. Hay épocas de prueba como la que venimos pasando largamente, y lo que en seguida os voy a revelar será como bálsamo para las heridas del momento. Vuestra hermana no está aquí para ser, con vosotros, la depositaria del tesoro inapreciable que, en breves segundos, oiréis de mis labios. Ella, ahora lo sé, se desvió tempranamente con la lectura de esas noveluchas que quemé, en purificador auto, la misma noche de su partida clandestina. ¿Qué encontró, me lo pregunto, en ese saltimbanqui que, rotundamente mejorado, no tuviera a su alcance en el sano círculo familiar y de amistades, las cuales últimas, lo menciono de pasada, nos han abandonado? ¿Por qué tuvo que desoír mis advertencias? ¿Qué arcano encierra que las oraciones de su madre no fueran dique infranqueable para su desazón y subsiguiente huida? No está en mi mano responder a esto. Sí, culminar mi arenga con lo que he anticipado en las palabras precedentes. ¿Estáis dispuestos? Allá va. Pero id comiendo, que se nos enfría la bazofia. 



miércoles, 16 de diciembre de 2015

AÑAGAZA (Al portero)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMAS)

El portal lo custodia un portero engalanado que cierra el paso a los desconocidos. Exige que se identifiquen y revelen el piso al que van y la razón de la visita; luego, lo confirma por el teléfono interior. En uno de sus rarísimos descuidos me introduje, escondiéndome en el sótano. Para llegar a la azotea, mi dilema era, bien utilizar uno de los ascensores –movimiento que no le pasaría inadvertido- o subir por la escalera, cuyo primer tramo está bajo su directa y constante vigilancia. Opté por lo primero, pues hasta que él reaccionara yo dispondría de unos minutos preciosos. Hacia la mitad del edificio, está la garita donde la pareja de guardias juega a las cartas. Les oí salir –alertados por él- y dirigirse por la escalera uno arriba y otro abajo. El portero había ocupado el otro ascensor y lo detenía en cada piso. Yo mantenía ventaja, pero el tiempo corría en contra mía. Accedí a una planta. Se abrieron puertas y llegué a atisbar el interior: un aparador, un cuadro, una alfombra en tonos ocres. Me llegaron voces. Pensé enviar mi ascensor, el que acababa de abandonar, como señuelo al azar. No pude: subían velozmente tras de mí. Si conseguía llegar el primero a la azotea, habría conseguido mi objetivo. El error había sido del portero, aunque tenía la firma intención de subsanarlo. Creí percibir, sutilmente conectado con el mío, su espíritu vengativo, marcadamente sádico, seguro de que ganaría la partida. 



miércoles, 9 de diciembre de 2015

PERPLEJIDAD (Al quebradero de cabeza)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

-¡Caray, chico, te veo muy desmejorado!
-No sabes bien…
-¿Qué te pasa? ¿La salud…?
-No, qué va, ojalá fuera la salud. El caso es que no sé si decírtelo…
-¿Y para qué están los amigos?
-Muy bien, pero te advierto que no es asunto fácil…
-Desembucha.
-Pues resulta que… -palidece, tiembla-, Mari Pili tiene novio…
-¿Mari Pili? ¿Novio? ¡Pero si no hace nada que…! En fin, ja, ja, cómo pasa el tiempo. Los hijos nos hacen viejos. No se dan cuenta, por qué habrían de dársela, de que cada día que pasa nos dan un empujoncito hacia la tumba. El otro día, sin ir más lejos, llego a casa… Bueno, perdona, te interrumpo…
-Lo malo no es eso. Tú me conoces y sabes que soy un hombre abierto. He viajado (en cierta ocasión me alargué hasta Albacete) y no me asusta la vida. Leo todos los días el periódico y tengo opinión formada sobre el conflicto de Oriente Medio. No todo el mundo puede decir lo mismo. En resumen y sin más preámbulos: el novio no me parece de fiar.
-¿Por qué? ¿Has observado algo?
-Directamente, no. Pero me llama la atención que, hasta la fecha, nadie me haya dicho nada. Así como en otros temas se considera mi criterio, en esto soy un cero a la izquierda. Mari Pili no dice ni pío. ¡Y soy su padre, no el palo de la escoba! Su madre lo sabe, sí, me consta…
-¿Y qué piensa?
-¡Misterio absoluto! Pero estoy seguro de que conspiran a mis espaldas. Además, el chico éste, el novio, es huidizo. Cuando me ve, cambia de acera…
-A lo mejor, le intimidas.
-¿Que le intimido? ¿Por qué habría de intimidarle? ¡Yo no me como a nadie crudo! Si se me sabe llevar, soy pan bendito. Y en caso de que sus intenciones sean honestas, debería en primer lugar hablar conmigo, ¿no te parece? Pero no, qué va, yo no soy nadie, un monigote…
-¿Tienes informes?
-Me los estoy procurando. El otro día le seguí. Me quiso despistar, pero ya sé más o menos dónde vive.



miércoles, 18 de noviembre de 2015

CONFESANDO (A lo evidente)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMAS)

-Usted debe rehuir el trato de ese hombre –argumentaba el sacerdote.
-No puedo, padre. Me veo obligada a frecuentarle. 
-Su alma está en peligro y esto es lo primero. Y es extraño que usted, sin apenas actividad social, tenga que verle por fuerza. ¿Es acaso un amigo de su marido?
-No, padre.
-Entonces no lo entiendo. Carece de justificación. 
-Le juro, padre, por lo más sagrado…
-Esa expresión huelga aquí, hija. Debo insistir en que me diga la verdad, so pena de confesión sacrílega.
-¡Padre…!
-Cuénteme las circunstancias, dígame un nombre para que yo pueda hacerme cargo y ponerle remedio. Déjelo en mis manos. 
-¡No puedo!
-Sí puede, hija, claro que puede. Soy su confesor desde hace años. Me ha abierto su corazón muchas veces a través de esta reja de madera. No tiene secretos para mí. Es justo, y sobre todo necesario, que conozca hasta el último aspecto de las vicisitudes de su alma. Con la ayuda de Dios y su propio temple de cristiana, que me consta…
-¡No, padre! Le repito que no puedo. ¡Prefiero irme sin la absolución!
El padre queda atónito.
-¡Está usted satanizada, hija! ¡La invade la soberbia! ¡No la reconozco! ¿Por qué se obstina en callar? –se calma un poco-. Dígame la identidad de ese desdichado que, según acaba de contarme, tiene tan gran ascendiente sobre usted. Yo, guardando el secreto de confesión, pondré todo mi empeño, y mi tacto…
-Es inútil, padre –dice la mujer, definitivamente desamparada.
-¡De ninguna manera! ¡Me niego a declararme vencido y que su alma se pierda! ¡Dígame su nombre! –ordena-. ¡Su nombre, he dicho! ¡Su nombre!
La dama se levanta y, despacio, se aleja del confesonario.



miércoles, 11 de noviembre de 2015

CANCIÓN DE CUNA (A la nana)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

-Sería mejor que te murieras –murmura la madre a su bebé, en la cuna-. Si no hubieras nacido, tu padre aún me querría. Seguiríamos saliendo por las noches, iríamos a bailar, como hacíamos antes. No así, que casi no lo veo, viene poco, y cuando siento la llave en la puerta y aparece, me mira serio y en seguida se dirige a su despacho. Ha cambiado y tú tienes la culpa. Tendría que ahogarte con la almohada. Has hecho que tu padre se me aleje y creo que nunca te lo voy a perdonar. Tu padre ha sido siempre muy alegre. Cuando lo conocí, llevaba mucho tiempo mirándome y yo hacía como que no me daba cuenta. Mis amigas y no nos reíamos. Un día, por fin, se presentó. Dijo que le habían destinado a la ciudad, que apenas conocía a nadie. Nos invitó a un helado. Luego nos seguimos viendo, todas las tardes se presentaba puntual en la cafetería. Alguna vez (lo hicimos a propósito: ya se había fijado definitivamente en mí), no fuimos. Al día siguiente me preguntaba dónde habíamos estado y yo me reía. Él también reía y me intentaba coger de la cintura. Luego, comenzamos a salir él y yo solos. Nunca le vi triste, ni siquiera cuando se mató su compañero, el que vino con él a la ciudad. Me dijo que se lo había anunciado muchas veces, pero que él pensaba que estaba bromeando. Dijo que era mejor y no perdió su buen carácter. Nos unimos más. Íbamos a los bailes, tu padre siempre de uniforme. Volvíamos a toda prisa para que le diera tiempo de dejarme en el portal, antes de que se arriara la bandera en el cuartel. Tú nos has separado, vida mía, y sería mejor que te murieras, así tu padre y yo volveríamos a salir juntos por las noches, en primavera saldríamos al campo y en verano nos bañaríamos en el río y regresaríamos a casa abrazados y cansados después de un día entero al aire libre. Pero estás dormido y no me oyes. Hace frío y me da pereza levantarme para echarme encima una chaqueta. No quiero que te acatarres, tápate. Asoma solamente la naricilla, espera que te coloque bien el embozo. No te muevas. ¿No ves que hace frío y te tengo que tapar? Sigue durmiendo, no vayas a enfriarte.



jueves, 22 de octubre de 2015

CUÑADO (A lo inasible)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

-Tu cuñado alborota demasiado, Hernán, qué quieres que te diga.
-Pues ya siento que haya ido a vivir justo encima de ti. ¿Y qué hace?
-Yo qué sé. Parece como si hiciera rodar un tronco por el suelo. No, no te rías. Lo hace a lo largo del pasillo, arriba y abajo, durante horas. Esta noche hemos estado hasta las cuatro con el ruido. Luego ya no hemos podido pegar ojo. He estado por subir y decirle algo, pero me acordé de lo que me contaste.
-Hiciste bien. Desde lo del golpe en la cabeza…
-Pero quedó bien, más o menos, ¿no?
-Hombre, bien… Pero sí, eso dicen los médicos. Aunque le dan manías. El otro día, la emprendió a patadas con el coche.
-¿El suyo?
-Qué va, el de su hermano. Armaron una trifulca que no veas. Tendrán que ir a juicio.
-Es lo que me detiene, que no rige. Si no, le cantaría las cuarenta. ¡Pero lo que no soporto es lo del tronco!
-A lo mejor, no es un tronco.
-O un bidón. También puede ser un bidón. De lo que estoy seguro es de que rueda. ¡Arriba y abajo, arriba y abajo! ¡Lo tengo metido aquí!
-No veas lo que lo siento. Ya iré a mirar a ver qué es.
-Y me lo cuentas, porque tengo una curiosidad tremenda. No me explico qué puede hacer ese ruido. Hemos barajado todas las hipótesis y ninguna nos convence. ¡Arriba y abajo, arriba y abajo! Es para volverse loco.
-Te comprendo. Y ya que hablamos de esto, puede que lo sepas, nosotros no nos atrevemos a preguntárselo, como vives abajo…
-¡Para mi desgracia!
-¿Le has visto subir con alguien?
-No, siempre va solo, con esa cara de lerdo. Perdona, pero no le aguanto.
-No, si a mí tampoco me cae bien. Te lo pregunto porque…
-¡Mírale, ahí viene! Aprovecha y dile algo, pero como cosa tuya, que no sepa que hemos hablado. ¡Arriba y abajo, arriba y abajo! Te digo de verdad que me estoy volviendo loco.



miércoles, 7 de octubre de 2015

EL REGRESO (Al pastiche)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

-Sinclair –pronunció la dama, extendiéndole la mano para que se la besara.
-Lady Alicia –saluda el oficial, dando un taconazo.
-En seguida vendrá mi marido. Se alegrará mucho de verle.
-He añorado tanto esta casa… Ha sido una larga campaña.
-Habrá pasado momento muy duros, ¿verdad, Sinclair? Deseábamos tanto que volviera… 
-Yo también anhelaba regresar. He visto morir a mis compañeros, poblaciones incendiadas, atropellos…
-Qué horrible es la guerra.
-Soy oficial y mi deber es luchar, pero confieso que la victoria también es amarga. La guerra cambia a las personas. Un mundo entero perece sin remisión –levanta la cabeza-. Sólo una cosa en mí no ha muerto, y es mi fidelidad a esta casa, esta familia…
-Le hemos echado de menos… Mi marido no descansaba en busca de noticias. Cada mañana, se dirigía al pueblo. Una tarde –titubea- supimos que su regimiento había sido aniquilado…
-Tuve suerte, aunque pasé un día entero malherido, sin que nadie me socorriera. Me recogió un campesino. Le debo la vida.
-Tuvo que ser espantoso.
-He conservado el capote. Está roto, manchado…
-¡Calle! Lo que importa es que esté vivo.
-¿Recuerda la despedida en la escalinata? Fue usted el último recuerdo que me llevé de aquí. 
Ella baja los ojos.
-Creo que ya viene mi marido…



miércoles, 16 de septiembre de 2015

HIJA COSIENDO Y MADRE EN LA VENTANA (A la eterna transición)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

-¡Mamá! ¿Viene Alberto?
-Todavía no… ¡Jesús!
-¿Qué pasa?
-Acaban de atropellar a un señor en la calle.
-¡No será Alberto!
-No, hija, llevaba sombrero.
-Dime qué pasa.
-Hay mucha gente… El señor se levanta, parece que no tiene nada… ¡Ay, Dios mío!
-¡Qué!
-¡Es el jefe de tu padre!
-Pues no le habrá venido mal el susto.
-No hables así, le podían haber matado…
-Sigue contando. ¡Y fíjate muy bien si viene Alberto!
-¿Acabas la bufanda?
-Casi.
-El jefe de tu padre le da una tarjeta al otro. Se dirá lo que sea, pero es un caballero.
-Qué bobada.
-Ya se marchan… ¡Mira, Alberto!
-¡Ay, ay, ay, que me queda una puntada…!
-Yo le entretengo en la salita. Tú termina.
-¡Ay, mamá! ¿Le gustará?
-No se trata de gusto, sino de que no vaya por ahí goteando la nariz.Trae unas flores.
-¿Flores? ¿Un ramo grande?
-No, pequeño.
-Pero es un detalle.
-Como novio, no es mal novio. Ya veremos cuando se case contigo.



miércoles, 26 de agosto de 2015

CENA DE MATRIMONIOS (A los postres)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

-Alguno ha tenido que ser –dice la dueña de la casa, con rictus tirante.
-Por favor, Aurelia –ruega un invitado.
-Estoy seguro de que se trata de una broma –agrega el anfitrión, falsamente amable-. Démosla por terminada y pasemos al salón.
Los invitados guardan silencio.
-Me vais a permitir entonces que os registre. Aurelia lo hará con vosotras en la habitación de al lado.
-De ninguna manera –protesta Álvaro.
-Nos estás insultando –dice Carlos, y su mujer se le adhiere.
-Si es un juego… -la mujer de Álvaro intenta quitar hierro.
El jefe de la casa respira hondo.
-Si os ponéis así, no me queda más remedio que llamar a la policía.
-Nosotros nos vamos –pronuncia Carlos, agotada su paciencia.
-Y nosotros –dice Álvaro.
El anfitrión se pone delante de la puerta.
-Lo lamento, pero de aquí no sale nadie hasta que esto se aclare.
-Eres ridículo –le dice la mujer de Carlos.
La dueña de la casa intenta todavía conciliar.
-Queridos, esto es una tontería…
-Cállate, Aurelia –le ordena su esposo-. El asunto ha ido demasiado lejos. Ahora mismo llamo a la policía –descuelga el teléfono-. Os lo advierto: el que se vaya será tachado de culpable –da las pertinentes explicaciones por el cable-. Estarán aquí en seguida. Os ruego que permanezcáis tranquilos. Es mejor que piensen que no le damos importancia.



miércoles, 12 de agosto de 2015

DOS HERMANAS (A la sangre)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

-Él habría sido para mí.
-¡Mentira! –grita la mayor fuera de sí-. ¡De haber vivido, sería mi marido! ¡Él era mío! ¿Lo oyes? ¡Se habría casado conmigo de haber vivido!
-No te quería.
-¡Mientes, claro que me quería! Venía cada tarde, acuérdate… Lo dices para que sufra, pero él se pasaba aquí hasta la noche, conmigo y con mamá. Tú sólo eras una niña. Entrabas y salías…
-Y siempre su mirada se cruzaba con la mía. ¿No te dabas cuenta?
-¡Eso no es verdad! ¡Venía por mí, tú no le interesabas…! Él me hablaba, me contaba sus proyectos…
-Pero nunca te cogió del talle, como a mí.
-¡Te lo estás inventando!
-… Íbamos del comedor al saloncito, mamá y tú delante. Y al pasar por la puerta, noté sus manos en mi cintura…
-¡Te lo inventas! 
-Todavía siento el calor de sus manos… 
-¡Estás loca, sueñas! ¡No podía tomarte en serio, eras una niña, no tenías gracia…!
-¿Crees de verdad que venía para verte a ti, rígida, huesuda, maloliente…?
-¡Yo olía bien, me perfumaba! ¡Y era una mujer, mientras que tú eras una niña!
-Eras una vieja, como has sido siempre. Ya lo decía papá…
-¡Papá no decía eso!
-Claro que lo decía. Y también decía que no te casarías.
-¡Tampoco tú te has casado!
-Me habría casado con él de haber vivido.
-¡Mientes, mientes, te lo estás inventando! –solloza-. Siempre me quiso, no dejó de venir hasta su muerte…



miércoles, 5 de agosto de 2015

EL DIRECTOR DEL HOSPITAL Y CELEDONIO (A lo inasible)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

-Le diré una cosa, Celedonio: en los años que llevo dirigiendo el hospital, treinta si la memoria no me falla, jamás se me había ocurrido una idea tan curiosa. Usted dirá que son manías mías, que chocheo, pero tengo la sensación de que es usted, y no yo, el verdadero nervio director de este centro fundado por mi padre, con la generosa aportación de unos filántropos. No se sorprenda. Comprendo que le abrume lo que digo. Es usted un hombre humilde, sin estudios. Carece de cualidades sobresalientes y a menudo está donde no debe. Estoy al tanto de su costumbre de fumar en el quirófano, y a este respecto he recibido siempre quejas. Es raro que cumplimente un impreso con la debida diligencia y, perdóneme que lo mencione, no se asea. Ni yo mismo sé la razón de que haya durado tantos años en su puesto. Tentaciones de despedirle no me han faltado, pero siempre una misteriosa razón me lo ha impedido. Ignoro, y fíjese que soy el director, la naturaleza exacta del trabajo que desempeña en el hospital. Creo que nadie lo sabe. Ahora mismo, ¿qué hace aquí? Escuchándome, dirá. Pero ¿antes de que yo llegara…? ¿Qué hacía con esas cajas? No me conteste, no pretendo saberlo. Lo menciono únicamente para ilustrar mis argumentos. El mes que viene, como sabe, me jubilo. El doctor Hornillo ocupará mi puesto. Es hombre joven, ambicioso y con una preparación muy sólida. Tiene ideas propias sobre cómo debe funcionar el hospital. Es inevitable que acabe fijando su atención en usted. En realidad, ya lo ha hecho: el otro día me hizo unas preguntas. Le respondí lo que se me ocurrió en ese momento, nada concreto, y se quedó pensativo. Le aviso para que no se llame a engaño. No creo que le consienta tener el patio como un estercolero, y estoy seguro de que forzará una inspección de los sótanos, lo que usted siempre se las ha arreglado para impedir. Puede encontrar en él la horma de su zapato, aunque tampoco yo aseguraría que no terminara claudicando. Yo, si miro al pasado y reflexiono, confieso que lo he hecho muchas veces con el fin de evitar complicaciones. Es usted tozudo, Celedonio, y a estas alturas no espero que cambie. No diga que no le he prevenido. Con el doctor Hornillo, las cosas pueden ser muy diferentes.



miércoles, 22 de julio de 2015

ABAJO (Al agujero de la cerradura)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

La hija desciende a la bodega con una vela en la mano. La voz de su madre le llega desde la cocina.
-Cuidado con los escalones, no tropieces. Si oyes ruido, no te asustes, son ratones… Al fondo, entre otros bultos, hay un arcón de madera, no tiene cerradura. Tú no lo conoces, no lo has visto antes. Le dije a tu padre que lo guardara allí antes de que nacieras. He pensado varias veces en subirlo, pero como eras pequeña y dabas tanto trabajo lo iba dejando… ¡Si vieras qué vestidos tan bonitos, espero que te sirvan! Eran de tu abuela, los hizo ella misma, pero yo nunca me los puse. Ya ves qué tontería, me figuraba que no me quedarían bien. ¡Si tu abuela los hizo para mí! ¿Quién mejor para lucirlos? Incluso ahora, ajustándolos… Pero es mejor que te los pongas tú, eres joven y pronto estarás en edad de echarte novio. ¡Qué risa! Te tengo que contar las cosas que me decía tu padre cuando éramos novios… ¿Lo encuentras? Te he dicho al fondo, un arcón grande, lo tienes que ver. Ya sé que hay telarañas, y estará sucio. Hace tanto que no baja nadie… Tu padre, la tarde antes de morir, estuvo trasteando ahí. Quién iba a decir que al día siguiente me dejaría viuda. Lo fuerte que era, y qué ocurrencias. A veces parecía loco. Sí, al fondo, no tengas miedo, las arañas no se comen a nadie. No tiene cerradura, para qué. Un día le dije a tu padre que metiera los vestidos en el arcón y los bajara. Nunca me los puse, tu padre jamás me vio con ellos. ¡Y eso que tu abuela los hizo para mí! Los podrás usar en la fiesta. Los lavaremos y los dejaremos bien limpios, no creo que la humedad los haya estropeado. Sería desgracia, con el cuidado que puso tu abuela. Tú no te acuerdas de ella. ¡Tenías un año cuando murió! Es imposible que te acuerdes. Y luego fue tu padre, y yo me quedé sola contigo. Es un arcón grande, de madera. Ten cuidado, no se te apague la vela. ¿Lo encuentras? Te he dicho al fondo. Yo nunca me los puse, ya ves qué tontería. ¡Si tu abuela los hizo para mí! Y un día le dije a tu padre que los metiera en el arcón y los bajara…


miércoles, 8 de julio de 2015

SIN COARTADA (A la voluta del cigarro)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

-Por el excelente recuerdo que dejó su padre en esta casa –dice el director atusándose el bigote-, no daré parte.
-Le aseguro, señor director… -protesta el joven.
-No lo empeore, García.
-¡Por lo menos, escúcheme!
-¿Y qué oiría?: una justificación cobarde. Respétese a sí mismo, y respete la memoria de su padre.
-¡No me iré de aquí sin que me escuche!
El director le mira fríamente.
-Adelante. Pero le advierto que no toleraré una sola mentira. Ajústese a los hechos: se le descubrió llevando fuera del recinto de la fábrica unas bobinas.
-Es cierto, señor director.
-Quiere decir que las robaba.
El joven tarda un momento en responder.
-No, exactamente.
-Ah –el director se muestra irónico-, las sacaba por gusto, de paseo.
-Iba a venderlas… -agacha la cabeza.
-¡Por fin! –golpea su mesa con la palma de la mano.
-¡Pero pensaba devolver el dinero! Lo necesitaba…
-¿Y no se le ocurrió pedir un adelanto? Aquí no somos usureros. ¿Y para qué lo quería? ¿No le basta con su sueldo? ¿O tiene usted vicios?
-No, señor director. El dinero iba destinado a socorrer a una persona.
-¡Vaya! ¿Y quién es esa persona, si puede saberse? Que yo sepa, su madre, con la pensión que tiene, no pasa necesidad de ningún tipo. Y su hermana está muy bien casada.
El joven calla.
-¿Lo ve? –concluye el director-. Hemos llegado al final. Lo que me ha contado son patrañas. Se ha rebajado usted. Márchese. Desaparezca de mi vista. Pase por caja y que le hagan la liquidación, y conste que soy generoso. No vuelva a poner los pies aquí.