miércoles, 30 de septiembre de 2015

AMERICAN POTPOURRI (A lo que es la vaca)

HUMOR ENTRE CASCOTES (CAPRICHO)

La prepotencia le perdía a Thompson. Su agente de la condicional, John Smith, estaba a punto de arrojar la toalla. Pero se mantenía en su puesto porque le quedaba poco para jubilarse y a dónde iba a ir que más valiera. 

Thompson llevaba sobre sus espaldas reiteradas fugas, frustrándose la mayoría de ellas al borde de un barranco o en las márgenes de un río imposible de vadear... y eso que sus antepasados lo hicieran conduciendo cornilargos (antes de introducir los herefords) y hostigados además por los indios, escapados de la reserva donde permanecían todo el santo día mano sobre mano, circunstancia aquella (la de que el penado no cruzara el río) que indicaba que la raza degeneraba, lo que atañe tanto a Thompson como a Smith. (Leer este párrafo de nuevo, para enterarse, que me ha salido un poco alambicado.)

Total que otra vez nos encontramos a Thompson corriendo que se las pela por carreteras del desierto en un descapotable, con la policía de tres o cuatro estados a los talones y el sufrido de John Smith (Juan Pérez) rogándole que, por la gloria de su madre (la de Thompson), no agravara su caso, que le podría llevar a la inyección letal. Pero el otro apresuraba la marcha. Momento en que comenzaron a silbar las balas y a ganguear el megáfono, intimándole a la rendición, a lo que el fugitivo respondía que naranjas de la China. 

Los de los derechos civiles, enterados de la persecución por los mass media, que filmaban desde un helicóptero la escena, sacaron a relucir la infancia desdichada de Thompson, atenuante, según ellos, de la posterior trayectoria del delincuente, cuando si le hubieran tratado con cariño en sus años formativos, mejor nos hubiera lucido a todos, eso decían, el contribuyente se habría ahorrado su dinero, y mejor prevenir que lamentar.

Argumentación que encabronó a un senador republicano, que no podía ver ni en pintura a los de los derechos civiles, de los que formaba parte su propia hija del senador, cuyos muslos y pandero (de la hija) eran causa directa de que engrosaran las filas solidarias, aunque en principio no hubiera mucha relación (esto opinaban los más cándidos).

En resumen, que la hija del senador, cuya madre había muerto o bien no aparece en esta historia, se las arregló para localizar a Thompson en un lugar abandonado que había sido en el pasado emporio minero y que ahora era conocido como “el pueblo fantasma”. 

La hija del senador y el delincuente se enamoriscaron al calor de una fogata, lo que significa que ella se apeara de su alcurnia elevándose él paralelamente y confluyendo en un justo punto medio, donde los filósofos sitúan la virtud, que esa noche no salió muy bien parada...

Pero la ley gravitaba sobre sus cabezas como espada de Damocles. Y al llegar aquí, le muerde un viborezno al agente de la condicional, que era gordo y sudaba como un caballo bajo el sol, que allí arrea que da miedo. Y se descubre que Thompson era investigador secreto al servicio del gobierno, infiltrándose entre la delincuencia más grosera y desarticulando un montón de bandas. 

Y todos ¡más contentos!, menos John Smith, acabado de espichar por la picada, y los de los derechos civiles, que quedaron un tanto desairados, lo que dieron en el informativo de las ocho, donde casi logran emitir un fugaz plano de la hija del senador bajándose de un coche, pero el padre hizo valer sus influencias, que algún gaje tiene que tener dedicarse a la política.



martes, 29 de septiembre de 2015

"THÉRÈSE RAQUIN", Émile Zola

RESEÑAS NOVELA

"Thérèse Raquin", Émile Zola (1840–1902) - Formidable disección y análisis de la pasión amorosa culpable, que pasa de la embriaguez inicial, alimentada de la prohibición de estos mismos amores, a un abismo del que no damos detalles para no revelar el argumento. Madame Raquin, mercera, su enfermizo hijo Camille, la sobrina de aquélla, Thérèse, acogida por la mercera desde niña, Laurent, el amigo de la casa, van trenzando, unos sin saberlo, otros plenamente conscientes pero sin calcular su alcance, un horror cuyas fases nos muestra implacable el novelista al servicio de su idea, que sirvió de base a su edificio literario, según la cual la moral derivaría de la fisiología, pudiendo predecirse el comportamiento de hombres y mujeres de acuerdo con la ley física que proclama. Esta ingenua premisa, a pesar de su evidente tosquedad, permitió a nuestro autor la creación de ejemplos tan magníficos como en la presente novela, donde se agitan, como ratas atrapadas en una jaula -jaula que parece evocar la mercería que sirve de marco a esta narración-, los aspectos más sórdidos de la condición humana. Memorabilísimos y plásticos ambientes y excelentes personajes secundarios como el policía retirado Michaud, su hijo Olivier, la mujer de éste, Suzanne, y el empleado de ferrocarriles Grivet, ninguno de los cuales, ignorantes y estólidos, se entera de lo que sucede ante sus mismísimas narices. Puede considerarse esta obra como un negrísimo y genial anticipo de la novela policial, en su vertiente psicológica. El camino hacia el infierno, con su soberbia, su dureza de corazón y su negativa a desandar estos pasos por medio del arrepentimiento -bien es verdad que extraordinariamente difícil en esta ocasión- tiene que ser esencialmente parecido a lo que aquí se nos ofrece.



lunes, 28 de septiembre de 2015

AFORISMO GORDO Nº 10



                     Al contraste de luz



AFORISMO GORDO DIEZ: Los animales son nuestros maestros. Principalmente hablando, las mascotas. Convivir con un animal que nos hace compañía es permitir que aflore un lado hasta entonces inadvertido de nosotros. Sacar aspectos del alma que ni siquiera sospechábamos que pudieran existir, como si fuera un continente nuevo que emerge de los mares merced a un cataclismo, rogando lo exploremos para rendirnos sus misterios. Sentirnos vivos, pletóricos, radiantes, capaces de crear un mundo donde no reine la injusticia. Esperar cada día un regalo, una promesa, una meada en el parqué o esos zapatos nuevos, que te salieron a cojón de mico, destrozados.




domingo, 27 de septiembre de 2015

"PEYTON PLACE", Grace Metalious

RESEÑAS NOVELAS

"Peyton Place", Grace Metalious (1924–1964) - Fue como si hubiera un espíritu perverso e insaciable en nuestra ciudad. Un espíritu insaciable cuyo único objeto fuera causar estragos y destrucción”. Estas palabras, pronunciadas en determinado momento de la novela, indican su tono. En una pequeña ciudad, norteamericana en este caso, suele decirse que hay de todo, estableciéndose una dicotomía entre el comportamiento público y el privado, aunque la mayoría de vecinos están al cabo de la calle de la vida secreta de los otros. Pero lo más oculto, lo que nadie salvo los directamente afectados conoce, ejerce implacable su labor de carcoma sobre las conciencias, terminando por explotar. Es el coraje o la bondad de algunos individuos lo que permite aminorar el daño o, incluso, revertirlo. Como en todas las obras de este subgénero novelístico que es el registro de los estratos que componen una urbe, esta obra cuenta con personajes que cobran rango de arquetipos, como el médico, la maestra, el director del periódico local, la solterona (sus diversos tipos), los jóvenes adolescentes, ellos y ellas, con las irreales, o no tanto, expectativas de la edad, el barrio de marginados, incrustado en la conciencia culpable de los poderosos…, lo que en conjunto no es sino la descripción del alma humana, de su cobardía y mezquindad, pero también de su nobleza. Ejemplarmente estructurada, bien narrada, dio lugar en su momento a película y serie. Tiene una secuela, Regreso a Peyton Place, y posteriores entregas a cargo de otro autor.



jueves, 24 de septiembre de 2015

UNA DE GÁNGSTERS

HUMOR ENTRE CASCOTES (DISPARATE)

El ambiente se había vuelto irrespirable. La jefatura de don Miquele, ejercida con mano de hierro en la ciudad durante más de medio siglo, tocaba a su fin y Caponato, el candidato pactado para sucederle, encontraba más oposición de la esperada. Todas las noches se sucedían enfrentamientos en los barrios y, aunque la prensa estaba amordazada, el eco de la lucha se difundía en cuchicheos por las calles desde primera hora. 
Los ingresos por la venta de licores, prostitución y tragaperras descendían alarmantemente. La policía, recibiendo ahora menos sobornos, se dedicaba en venganza a hacer cumplir la ley, con el consiguiente desconcierto entre las personas decentes. 
Por primera vez en su vida, don Miquele sentía que no controlaba el territorio. Uno de los últimos intentos para imponer su autoridad había fracasado. Su fiel sicario, Memo, un subnormal con almorranas encargado de los trabajos sucios, regresó sin haber podido cumplir su cometido de amedrentar a los usuarios de la guardería municipal, que le habían arrastrado a los retretes para sacarle la pichurra. El jefe, al enterarse del suceso en la habitación del hospital donde permanecía en situación estacionaria, se arrancó en un ataque de ira la mascarilla de oxígeno, estando a punto de palmarla.
Caponato, sabiéndose en el punto de mira de los responsables de las distintas zonas, intentó conseguir el aval de la influyente mujer del senador, que encabezaba una campaña, con el apoyo de las iglesias, para que no se meara en las esquinas. La dama, nada más recibirle en su “boudoir”, le echó calculadora la mano a la bragueta, despidiéndole a continuación muy bruscamente. 
Tras un día entero de buscarlo, encontraron a Caponato en un tugurio junto al muelle, completamente juma e intentando rimar versos. Éstos fueron rotos en pedazos y arrojados a una alcantarilla, recibiendo el dueño del local unos sopapos para que no se fuera de la lengua. 
Algo más tarde, estalló una huelga en el hipódromo y Caponato fue enviado a reprimirla. Don Miquele, que se comía las uñas aguardando el desenlace –era la prueba de fuego del pupilo–, se enteró de que éste no tuvo otra idea que predicar a los huelguistas la abstinencia, lo que les enardeció de tal manera que le arrojaron sin pensarlo al lago Michigan, de cuyas sucias aguas le sacó vomitando un señor con un bichero.
Don Miquele no pudo resistirlo y la diñó. El entierro fue multitudinario y hasta el más mindundi recibió permiso en el trabajo para acudir a las exequias. Memo no dejó de llorar a lo largo del trayecto al cementerio y se lo hizo todo en los pantalones. Caponato pronunció un discurso que la prensa glosó durante semanas, mientras en los barrios crecía imparable la revuelta. 
La mujer del senador se mudó a Europa.

¡DANZAD, DANZAD, MALDITOS!
(continuación del anterior)

Los últimos momentos del anciano don Miquele, responsable del crimen organizado en la ciudad durante décadas, fueron dramáticos. Una noche, se escapó desnudo del hospital donde daba las últimas boqueadas, confundiéndose sus aterrados gritos con los de las parturientas que, entre jadeos y sudores, arrojaban sus vástagos al mundo. Memo, el sicario deficiente con almorranas que, lealísimo, dormía vestido sobre un banco en el pasillo, se precipitó tras él con su pañuelo para taparle el pijo. 
Un fotógrafo que aguardaba en la calle la noticia del deceso inmortalizó al idiota con una mano sobre las nalgas de su jefe, al que apremiaba con ternura de vuelta al hospital, y el pañuelo levantado por la brisa como el velamen de un navío. La instantánea le valió al fotógrafo un buceo repentino, con zapatos de cemento, por el Michigan.
Caponato, el designado sucesor –que generalmente caía como un tiro, dada su afición a masturbar a los caniches–, fue instado por Memo a visitar a don Miquele, a cuyo lecho de muerte era reacio a presentarse, prefiriendo interesarse de su estado por teléfono. El heredero, después de consultar con su asesor de imagen –al que pagaba un sueldo fabuloso, complementado con un plus de especial dificultad en el trabajo–, acudió en su limusina al centro sanitario, inquiriendo desde la puerta y sin bajarse del vehículo por la salud del desahuciado. 
Casi en seguida, aparecieron los estibadores del puerto por un extremo de la calle y le mentaron la madre, señora que iba por los bares intentando rebañar para su hijo. Caponato, muy colorado, mandó al chófer salir cagando leches, con la mala fortuna de que atropellaron a unas monjas, cuya orden remitió al Ayuntamiento, al día siguiente, una mesurada carta de protesta que en el Consistorio se pasaron por la piedra, pues estaban comprados la mitad de los concejales. 
Caponato, su madre, el asesor de imagen, Memo y un descendiente en línea directa de los peregrinos del Mayflower, reunidos en la lavandería del hospital para aliviar la tensión contando chistes, se pusieron en determinado instante a jugar a la gallina ciega, terminando aquello como el rosario de la aurora y no pudiéndose después mirar a la cara. Un vendedor de perritos calientes fue con el soplo al periódico, donde los redactores se hartaron de darle patadas a los huevos, bajo la benévola mirada del padre de don Miquele, fundador del diario, cuyo retrato al óleo, maculado por la deposición de muchas moscas, colgaba en la pared. 
Ante la descomposición que reinaba principalmente en los barrios, se trajeron refuerzos de las ciudades cercanas, y un Secretario de Estado de Cultura, galardonado sin mérito en su país de chicha y nabo, se ofreció con sonrisa jesuítica a mediar en el conflicto. 
Ni que decir tiene que se le descojonaron.



miércoles, 23 de septiembre de 2015

MARGALLO Y EL DEBATE


No sé, a estas alturas, y no me voy a meter a mirarlo, si el ministro Margallo ha cumplido su amenaza de acercarse a debatir con ese señor gordo independentista, de cuyo nombre ahora mismo no me acuerdo. El señor Margallo es ministro de asuntos exteriores y, por lo visto, no debe de tener demasiado trabajo en este área, pues ha manifestado su propósito de injerir en campo ajeno, como es el de los asuntos internos.

Pero ahora que lo pienso mejor, lo voy pillando. No es que Margallo no tenga mucho trabajo, sino que, si se materializa la secesión de Cataluña, esta región pasaría a caer -ahora sí-  bajo la atención y el interés de la mirada margalliana, con lo cual el hombre no está haciendo sino anticiparse a lo que pudiera ocurrir. Está bien ser previsor.
En cualquier caso, insistimos, no debe acudir Margallo a ese debate. Que vaya, pero no para debatir con ése, ni con nadie. ¿Para qué va a ir, entonces? Si tienes paciencia te lo explico.

Consíguete, Margallo, un micro de solapa y conéctalo a una grabadora. Seguro que el CNI te deja uno. Y si no te lo deja porque las relaciones son tirantes, se lo pides a Soraya, que es su jefa. O te rascas el bolsillo y te lo compras. En Madrid hay sitios que lo venden. En seguida te diré para qué lo necesitas.

Cuando estés en Cataluña, ministro, pégate como una lapa a tu objetivo, el orondo ese que te he dicho. Si va a un mitin, tú detrás. Si hace campaña en un mercado, en una biblioteca, donde sea, eres su sombra. Si se mete a un cine, tú también. Él puede que se extrañe y te pida explicaciones, no se las des. Como mucho le puedes sonreír, así le vas debilitando.

En algún momento, tendrá que ir a mear. Tú, ni se te ocurra, debes estar operativo a todo trance. Para mayor seguridad, ponte un pañal, así podrás hacer pipí o popó sin moverte de tu puesto, como los astronautas.

Una vez haya entrado en los urinarios, cuenta hasta tres. Lo justo para que se desabroche la bragueta y ponga la herramienta al aire. Entonces irrumpes, cucu-tras, con un poco de alharaca, y te colocas a su vera. De repente, te lo garantizo, habrás captado su atención.

Háblale, suave, persuasivo, caliéntale la oreja. La independencia es mala, le dices, te va a ir peor, de dónde vas a sacar para tanto que quieres destacar... No hace falta que los argumentos sean muy precisos, lo importante es, raca, raca, la matraca. Como hacen ellos. Un minuto, dos, tres… los que haga falta. Le verás desesperarse. Ningún hombre puede miccionar así. Si no sueltas tu presa, habrás ganado.

Una vez que le hayas arrancado el compromiso de que Cataluña abandona ese delirio -lo hará, créeme-, tu misión es llevar la grabación ante notario. Aléjate de la zona a toda mecha. Coge un taxi, no vayas en metro que te pueden robar el documento. Lo intentarán. Irán por ti. Disfrázate de mielero o de baturro, algo que no llame la atención. Evita estaciones y aeropuertos, vuelve por carreteras secundarias. Si la Guardia Civil se fija en ti, di que estás haciendo senderismo.

En estos momentos, Margallo, te mira toda España. Enviamos a territorio hostil un comando de un hombre solo: tú. Ánimo. Si triunfas, pasarás a la Historia, fíjate que la escribo con mayúscula. Que no te tiemble el pulso. Que le tiemble a él, tú ya me entiendes.Te esperamos a este lado de la raya. Suerte.



martes, 22 de septiembre de 2015

"GENOVEVA DE BRABANTE", Cristóbal Schmid

RESEÑAS NOVELA

Genoveva de Brabante, Cristóbal Schmid (1768–1854) - Parábola sobre la esposa acusada falsamente de adulterio. En ausencia de su marido, que acude a guerrear contra los moros, Genoveva es de esta manera calumniada por el pérfido y sensual Golo, encargado del castillo. Condenada a muerte, se compadecen de ella los sicarios que la llevan a matar junto a su hijo, nacido en prisión y bautizado por la madre con el nombre de Desdichado. En compañía de una cierva, pasa largos años en el bosque, manteniendo intacta su confianza en la Providencia, que sostiene y alimenta a madre e hijo. La naturaleza y el lenguaje cambiante de las estaciones, expresión del amoroso cuidado de Dios para con sus criaturas, ejercen un papel predominante en la historia. Leyenda medieval, ha inspirado distintas composiciones, enalteciendo los sentimientos religiosos, base de toda conducta. La obra tiene ecos de robinsonismo en la búsqueda del sustento, junto a detalles realistas. Los sufrimientos pasados redundan en el júbilo ulterior y la restitución completa de la justicia, como le fue profetizado a Genoveva por el obispo que fuera el oficiante de su boda.



lunes, 21 de septiembre de 2015

FILIGRANAS Y DESMAYOS II



                 Al otro




UNO: Para ‘construir’ el socialismo, se suele antes dejar el país hecho una ruina, y a partir de aquí ir a menos todavía. Ejemplos, todos.
DOS: Picasso es un pintor absolutamente deslumbrante. Pero no acompaña.
TRES: La vida pasa y tu ordenador, antes o después, se te quedará obsoleto. Esto son certezas.
CUATRO: La barriga cervecera es la más honrada de todas las barrigas.
CINCO: Todo arte es ‘performance’: no durará para siempre.
SEIS: Es ‘dentro’ donde está toda la acción.
SIETE: Desoladora conquista: poder leer independientemente del estado de ánimo.
OCHO: Toda persona, en el fondo de su corazón, esconde un drama. Este drama, en tantas ocasiones, es desconocido incluso para ella. Una conversación casual o un suceso nimio bastan para revelarlo.
NUEVE: Cuando una puerta se abre, otra se cierra.
DIEZ: El político manda en el juez. El juez quiere ser político. Ambos coquetean con el periodista. Los tres se quieren bandear con la cultura. No es extraño así que pase lo que pasa.
ONCE: Experiencia es eso que, cuando eres viejo, pones en un libro que leerá otro viejo como tú y que a ninguno de los dos os servirá de nada. Ni a nadie, dicho sea ya de paso.
DOCE: Lo antiguo y lo moderno. A veces son lo mismo.



domingo, 20 de septiembre de 2015

"THE WRONG BOX" (AVENTURAS DE UN CADÁVER), Robert Louis Stevenson y Lloyd Osbourne

RESEÑAS NOVELA

The wrong box (Aventuras de un cadáver), Robert Louis Stevenson (1850-1894) y Lloyd Osbourne (1868 –1947) - El autor del, probablemente, mayor hito de la novela marítima y de aventuras -La Isla del Tesoro- nos presenta aquí, mano a mano con su hijastro, Lloyd Osbourne, un ejercicio que se encuadra, con pleno derecho, dentro del subgénero de humor. Suscritos por su padre a una tontina -la aportación entre varios individuos de una cantidad, que cobrará íntegramente y en su totalidad el que de ellos sobreviva-, dos hermanos son los únicos que permanecen vivos a la postre. ¿Quién de los dos heredará la cantidad? ¿Sigue vivo, en realidad, uno de ellos, extrañamente retirado de la vida pública y que no se ha dejado ver desde hace tiempo? El otro hermano es dado por muerto en un aparatoso accidente de ferrocarril. Comienza la carrera entre los dos presuntos beneficiarios o, mejor dicho, entre sus descendientes, situación que se complica, y hasta qué punto, con el extravío de sendos bultos, uno de ellos un barril con un cadáver verdaderamente auténtico, que van a parar, en un cúmulo de despropósitos, a distintas y equivocadas manos. El enredo se acentúa de la mano de sus involuntarios protagonistas, que se ven sumergidos en una atmósfera de pesadilla -hilarante para el lector-, que no parece presentar otro horizonte que la locura o el presidio. El humor de esta novela radica tanto en las absurdas peripecias como en la maestría narrativa y el lenguaje irónico y preciso, tanto en los diálogos como en las digresiones, que nos recuerdan al Pickwick, de Dickens, aparecida medio siglo antes.



jueves, 17 de septiembre de 2015

CONTRA LOS HOMBRES


Una feminista radical, de cuyo nombre no quiero acordarme, propone que los varones seamos recluidos en cárceles o campos de concentración, por el mero hecho de nuestra condición masculina. Hasta aquí, nada que objetar.

Una de las fantasías recurrentes de esta triste y patética columna consiste, precisamente, en eso. En ir al trullo, el motivo sería lo de menos. La multitud de responsabilidades que nos agobian desaparecería de repente. Horario regular, la comida en la mesa, leer en tu celda hasta que dan el aviso de apagar las luces para que podamos los internos conciliar tranquilamente el sueño. Y elucubrar un plan de huida. Esto, no por nada, sino por seguir la tradición, pues quién iba a ser tan tonto de abandonar voluntariamente semejante sinecura.

Podríamos, también, cultivar un pasatiempo, como el hombre de Alcatraz, que se convirtió en autoridad ornitológica a partir del pajarillo que entró por su ventana y del que se hizo inseparable. Estando libre, hay que admitirlo, se te va el tiempo en bobadas.

Sí es cierto que le vemos una pega a esta propuesta. La citada feminista radical -por la boca muere el pez y quien hace la ley hace la trampa- concedería a nuestras familiares femeninas la facultad legal de sacarnos provisionalmente del talego para, después de usarnos, devolvernos. Aquí, serena pero firmemente, nos plantamos. Si se nos interna en el campo de concentración es para siempre. Nada de te saco un rato para que te dé el aire, que no sería sino un pretexto traído por los pelos para enviarnos al supermercado a comprar leche de oferta. La media hora de patio, por la mañana y por la tarde, incluso menos, es suficiente para orearnos. Éste sería el único punto innegociable del invento. Con todo lo demás, conforme.

Ellas se quedarían fuera del perímetro recluso trabajando como mulas, ocupándose de la agricultura, de la industria, de todos los sectores incluido el del gobierno y sin descuidar -muy importante- la intendencia de las cárceles. Mientras nosotros, los hombres, filosofamos, echamos una partida de ajedrez, con chupito de licor de cerezas incluido, terminamos de leernos entero a Julio Verne y nos empapuzamos de películas y series, que hay muchas que todavía no hemos visto, de ahí nuestra tosquedad y prepotencia.

Por desgracia, mucho nos tememos que la medida no prospere. Las propias mujeres se ocuparán de hacerla fracasar. Siglos de pensamiento patriarcal, de sometimiento de ellas y opresión, no se borran de un plumazo. Los feministas de corazón lo lamentamos. Pero es un paso que se vaya comentando. Se abre el debate.



miércoles, 16 de septiembre de 2015

HIJA COSIENDO Y MADRE EN LA VENTANA (A la eterna transición)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

-¡Mamá! ¿Viene Alberto?
-Todavía no… ¡Jesús!
-¿Qué pasa?
-Acaban de atropellar a un señor en la calle.
-¡No será Alberto!
-No, hija, llevaba sombrero.
-Dime qué pasa.
-Hay mucha gente… El señor se levanta, parece que no tiene nada… ¡Ay, Dios mío!
-¡Qué!
-¡Es el jefe de tu padre!
-Pues no le habrá venido mal el susto.
-No hables así, le podían haber matado…
-Sigue contando. ¡Y fíjate muy bien si viene Alberto!
-¿Acabas la bufanda?
-Casi.
-El jefe de tu padre le da una tarjeta al otro. Se dirá lo que sea, pero es un caballero.
-Qué bobada.
-Ya se marchan… ¡Mira, Alberto!
-¡Ay, ay, ay, que me queda una puntada…!
-Yo le entretengo en la salita. Tú termina.
-¡Ay, mamá! ¿Le gustará?
-No se trata de gusto, sino de que no vaya por ahí goteando la nariz.Trae unas flores.
-¿Flores? ¿Un ramo grande?
-No, pequeño.
-Pero es un detalle.
-Como novio, no es mal novio. Ya veremos cuando se case contigo.



martes, 15 de septiembre de 2015

"EL AMIGO FRITZ", Erckmann-Chatrian

RESEÑA NOVELA

El amigo Fritz, Erckmann–Chatrian (Émile Erckmann, 1822–1899, y Alexandre Chatrian, 1826–1890) - Fritz Kobus, solterón que vive de sus rentas, atendido por su anciana ama de llaves, se encuentra instalado en un cómodo epicureísmo que le reprocha amistosamente su viejo amigo, el rabino Sichel. Éste, que ejerce de casamentero, lleva tiempo particularmente empeñado en el matrimonio de Kobus. El ya no tan joven, sin embargo, ha venido rechazando los numerosos oficios del rabino, que no se da por vencido. Inopinadamente, se cruza en la vida de Fritz Suzel, la hija de su colono. Una simple mirada de la joven hace su labor en nuestro amigo, sin que éste se aperciba de momento hasta que es demasiado tarde... La historia es transparente, adivinándose desde el principio lo que terminará ocurriendo. Esta novela es el tierno festejo y añoranza de un mundo puro y unas relaciones inconscientemente felices, donde sucesos como el regreso de las cigüeñas al comienzo de la primavera suponen un acontecimiento en la ciudad. Glosa del amor, de la amistad, de la veneración por los ancianos, bajo el sello indeleble del Eterno.



AFORISMO GORDO Nº 9



              Al trabajo honrado y al que no




AFORISMO GORDO NUEVE: El auténtico trabajo es el que se hace con las manos. Los ejemplos son innumerables: el campesino, que arranca su fruto a la tierra con mezcla de rudeza y sentimiento; el albañil, que erige los edificios donde moraremos, riendo, llorando, viviendo en suma con toda la carga de nuestra rica humanidad; el maquinista de tren, que comunica poblaciones posibilitando la riqueza y el conocimiento mutuo, confiriendo sustancia a la civilización de que formamos parte; el minero, que horada las entrañas de la tierra arrebatándole virilmente sus tesoros, para depositarlos a los pies del semejante, bien para su ornato o con objeto de calentarle en el invierno; el florista, que con el menudo picoteo de sus dedos confecciona primorosamente un ramo que, con su correspondiente tarjeta donde figura un verso, rubricará la promesa eterna de un amor…



domingo, 13 de septiembre de 2015

"LA HORA VENTICINCO", Constantin Virgil Gheorghiu

RESEÑA NOVELA

La hora veinticinco, Constantin Virgil Gheorghiu (1916–1992) - Malo es caer bajo el dictado de la política, pero mucho peor ser arrollado por la Historia. El campesino rumano Iohann Moritz es detenido por el gendarme de su pueblo, que codicia a su mujer. Comienza así la larga peregrinación por numerosos campos de concentración en diversos países, a cargo de sus propios compatriotas, nazis, comunistas y finalmente, al concluir la guerra, las fuerzas de ocupación americanas. A pesar de su inocencia, le resulta imposible conseguir la libertad. Ha caído en la inmensa telaraña que describe la novela, una vez logrado en Occidente el ‘hombre técnico’: esa amalgama de hombre y máquina, que reclama su presa y la retiene a través de la maraña burocrática. La II Guerra Mundial y su posguerra es el trasfondo de esta obra profética –o quizá sería mejor decir que las peripecias de los personajes constituyen las bambalinas del estruendo bélico–, donde el hombre que quiere seguir siéndolo tiene que refugiarse “como los primeros cristianos, en las catacumbas, en las cárceles, en los ‘guettos’, al margen de la vida”. Los personajes llaman con fuerza al corazón: Suzzana, mujer de Moritz, el padre y la madre de éste, el padre Koruga, sacerdote ortodoxo, su esposa Corina, su hijo Traian, Nora West… y otros muchos que no son ni siquiera malos, sino meras piezas del siniestro engranaje arrollador que se ha puesto en marcha. Obra quizá más oportuna ahora que cuando se publicó en 1949, pues hemos asistido ya a la deriva y decadencia europea y occidental que denuncia el libro. La versión cinematográfica, dirigida por Henri Verneuil, fue protagonizada por Anthony Quinn y Virna Lisi.



jueves, 10 de septiembre de 2015

ESPAÑA, PAÍS REFUGIO



Esta triste y patética columna, ante el drama que llama a nuestras puertas de los refugiados kurdos… perdón… no quería decir kurdos, y mucho menos kurdas con su fusil al hombro... quería decir sirios... Esta columna, decía, no quiere dejar de hacer pública su opinión. ¿Y cuál será? Aquí hay que ser muy ponderado.

1) Que vengan todos. Ya. A España, tradicional tierra de solidaridad y simpatía. Que ningún país nos gane en el empeño.    

2) Si otros lugares no los quieren porque sus habitantes son racistas y xenófobos, nosotros no. Demos al mundo un ejemplo de hombría. Que llenen nuestras calles, nuestras plazas, que a más a más, están aburridotas y ya nos las sabemos.

3) Que después de llenar nuestras calles, nuestras plazas, vuelvan a sus hogares. No aquellos que han abandonado en su país, que se habrán llenado de polvo y telarañas, sino a los que les vamos a dar gratis total, porque así somos en España de chulos y toreros, ahora que la Tauromaquia está en declive y qué mejor ámbito donde pueda remozarse.

4) Que se introduzcan también -el Papa lo ha pedido- en las iglesias, que no deben ser museos -esto también lo ha dicho-, sino espacio de acogida. Otra cosa es que, sentada esta premisa, no tarden en pedirte, Santo Padre, el Vaticano, y se lo tendrás que dar, para terminar ya de hacer el completo. Nuestro radical apoyo a esta medida.

5) Los jóvenes en paro nacionales dejarán de estarlo. No es que de repente vayan a tener un trabajo, y mucho menos remunerado, hasta ahí podíamos llegar, pero sí una ocupación, llevando la tartera con las albóndigas y macarrones, preparada por el voluntariado, al domicilio de estos refugiados, a la hora de comer. (Calcular la hora de ir, no tan pronto que les pilles en la cama, igual han trasnochado, ni tan tarde que les rujan las tripas de gazuza.)

6) La comida, ojo. Ni muy salada, ni sosa. En su punto. Y cuidadito no se te quemen las lentejas, esto genera mucha frustración.

7) Los políticos, que den ejemplo con el dinero que es de todos. También suyo, que es algo que generalmente se olvida y lo solidarios que, en el fondo, son.

8) Cerrar Internet, donde se vierten opiniones sobre los refugiados y su supuesta jeta, principalmente a través de comentarios, que bueno, bueno… Tomen ejemplo de las cadenas generalistas de TV, de derechas y de izquierdas, todas del ronzal de la idea justa y benéfica, por otro nombre, lo políticamente correcto. (Ya puestos, multar a quien utilice la expresión ‘políticamente correcto’.)

9) Hay que declarar persona non grata -lo traduzco: persona que no te gusta- a Churchill, por el mal ejemplo histórico que nos dejó su machada de querer ir a la guerra al principio cuando no había causa, aunque luego sí. Este hombre era un agonías y un precipitado, y desde aquí le hubiéramos dicho, serena pero tajantemente: No, Winston, cálmate un poquito, así no vas a ningún lado.

10) Y aquí lo dejo, con este link, donde sale un negro -sí, he dicho negro-, ejemplo de multiculturalismo del que España debe, puede y quiere ser faro mundial. El faro de Occidente.



miércoles, 9 de septiembre de 2015

"EL JABALÍ CAPÓN" (o cómo jodimos en España la marrana literaria)

HUMOR ENTRE CASCOTES (DISPARATE)

El diablo y las malas compañías le metieron en la cabeza la ambición de poner sus ideas en papel. Tenía facilidad y pronto llenó ingentes cuadernos. Como el mundo estaba a su nivel, lo publicaron. Tuvo éxito, medró y le llamaron a verter su opinión en las tertulias. Su pensamiento se extendió como la metástasis de un cáncer. Creó escuela de la que salieron discípulos, que sirvieron al literato como muralla protectora contra el verdadero talento. Se acopló al partido gobernante y, cuando éste cambió por el contrario, hizo con maestría sus ajustes para seguir bienquisto a los políticos. Lo consiguió. Su trabajo de funcionario se resentía, quejándose en sordina sus compañeros. Pero él bebía los vientos por la fama, que le arrojaba suculentos dividendos. Los medios de su ciudad lo jaleaban, quedando retratados para la posteridad inmediata. Un escritor de auténtico prestigio fue llamado a juzgarle con elogio. Él se ufanaba. No había pregón que no se le encargara, ni manifiesto culto que no contara con su firma. Viajaba al extranjero y traía el fruto de reportajes coloristas que aparecían en los suplementos del domingo, leídos con fruición por licenciadas solteronas. Se dio su nombre a un orfanato, a un colegio de pueblo y a una calle. Por la noche, abrazado en la cama a su compañera quiromántica, lloraba de emoción. Como es lógico, intrigaba. Detectaba con la celeridad del rayo la posible competencia, abortándola implacable. Las fuerzas vivas, que le despreciaban, le hacían también el caldo gordo. Ganó premios, le rindieron homenajes. Recibió la alubia de oro, el piñón de lo mismo y se le entregaron las llaves de una ciudad de poca monta. A veces, en medio del incienso y de la pompa, se pellizcaba para saber si soñaba. Comenzaron a aparecer tesis sobre su obra. Se hicieron seminarios que él saludaba con un fax donde brillaba de modestia. Un estudioso enaltecía la ternura con que retrataba personajes. Otro, la esplendidez de sus metáforas. Un tercero, la aureola sugestiva que fulgía en cada página. Y no faltó quien se fijara en el clásico rigor de su escritura, con las comas y puntos en su sitio. Un buen día, su nombre sonó para entrar en la Academia. Hubo revuelo de sillones y respiración contenida. Se nombró a otro, al que se apresuró a felicitar y quien le respondió en tono de compadre. Pidió una baja en el trabajo, sobrellevando la decepción en un pueblecito de la sierra. El canto de un ruiseñor, desde la ventana de la casa que ocupaba, le devolvió al presente. De manos a boca, se lanzó a escribir de nuevo. En pocos meses, terminó su mamotreto. Se lo envió a su agente, que, tras sugerirle algunos cambios, lo encontró a propósito para presentarlo a un multimillonario galardón recién creado. Lo ganó. La noche del premio, rodeado de lacayos y directores literarios de las editoriales más conspicuas, cegado por los flases, henchido de placer, ronroneante, se sintió en el pináculo de la gloria. La vida merecía la pena de vivirse.