martes, 2 de febrero de 2016

"CUENTO DE VIEJAS", Arnold Bennett

RESEÑA NOVELA

"Cuento de viejas", Arnold Bennett (1867–1931) - Las viejas no siempre han sido viejas. Puede incluso que hayan sido muchachas impulsivas, traviesas, enamoradas. Y hasta que hayan cometido errores juveniles. Estas sencillas advertencias significan que el tiempo pasa y que llega un momento en que la muerte -la ajena y la perspectiva más o menos cercana de la propia- parece, en cierto sentido, la única realidad. Dividido el libro en cuatro partes, las tres primeras se centran en la señora Baines y sus hijas, Constanza y Sofía, mientras la cuarta cierra el círculo de vidas, que, como todas las vidas, involucran otras muchas: maridos, hijos, parientes, amigos y vecinos. Alguien dejó dicho que el destino es el carácter, lo que corrobora esta novela en sus personajes principales, las mujeres, dibujadas con mayor admiración y, acaso, matices que los hombres. La obra muestra que el corazón de ellas es inmenso: en su generosidad, sus sentimientos, sus recuerdos. En su corazón les cabe el mundo, circunscrito no raramente a una persona, casi siempre un hijo. La señora Baines, que aparece al principio con su marido enfermo y postrado desde hace muchos años, y sus hijas, en las que se vuelca emocionalmente, todas ellas van gastando su existencia en la muela del amor, en alguna ocasión equivocando su objeto. Médicos, comerciantes, eso que llamamos el progreso, recorren estas páginas, teñidas de los anhelos de los hombres y, sobre todo, ya se ha dicho, de las mujeres. Los errores de la juventud se pagan con usura, confirmando, aunque no guste, los duros principios de la moral puritana. Impagable lectura, sus páginas confirman la virtual sinonimia de vejez y soledad, a lo que cabría añadir, en sí misma, la propia vida que no se termina de entender completamente.



4 comentarios:

  1. Quizás es muy inteligente y hermoso decir que el destino lo hace el carácter, en parte creo que sí, no del todo, porque la providencia manda, pero nuestro carácter determina en una pequeña parcela nuestro propio destino, quien tenga escrúpulos y ética posiblemente siempre la tenga, difícil bajarse de ese tren y al contrario también ocurre, distinto son las circunstancias que nos puedan sobrevenir.


    ¡Que mayor placer para uno mismo y para los que le rodea que un corazón inmenso,!, pocos quedan Señor Rey, hay que protegerlos.

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    1. Quedan más de los que creemos. Hay personas magníficas por ahí, aunque no es tan fácil verlas. Un saludo.

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  2. Yo también creo que hay personas magníficas por ahí. ¡Claro! Pero sobre todo, creo y sé que hay quien dispone de una mirada superior que les permite ver lo esencial, captar lo importante. Y además, de una forma que posee atributos cartesianos: clara y distinta. Son personas discretas, normales, pero al cruzarte con ellas descubres que son unos atraviesamuros, seres muy privilegiados.
    El resto, hemos de apañarnos como buenamente podamos: fiarnos,no fiarnos, conjeturar, dudar, escuchar más tiempo, observar más, para poder tener siquiera un pedacito de lo que para los primeros es el friso completo.

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    1. Todos tenemos que conjeturar y dudar. Quién fuera el narrador omnisciente de las viejas novelas...

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