TEATRO
El principal y único sospechoso del robo en una empresa, por alguna razón, insiste en atraer la atención sobre sí, lo que –lógicamente– exaspera a su mujer. Comedia de equívocos, con su cura de sotana y otros personajes tradicionales.
El monje, de Matthew Gregory Lewis (1775–1818) - El abad Ambrosio goza en Madrid de fama de santidad. Sus sermones tienen gran predicamento. Una noche, Leonila y su sobrina Antonia acuden a escucharle. La iglesia se encuentra abarrotada. Lorenzo de Medina y su amigo, don Cristóbal, ceden gustosamente el asiento a las damas. Lorenzo se enamora de Antonia y tiene a continuación un duelo a espada con Ramón, que está enamorado de su hermana Inés, ingresada contra su voluntad en el convento. En relación con esto, el abad pronto cae en pecados monstruosos, ayudado por la fatídica Matilde, trasunto del demonio y precursora de personajes similares. La novela, rica en truculencias, apariciones, giros sobrenaturales y pactos diabólicos, se va desarrollando en varias tramas y escenarios –el convento, las calles madrileñas, las casas de varios de los protagonistas y el extranjero–. Calificada en su momento de impúdica, actualmente ese aspecto ha amortiguado su importancia, permaneciendo vigente el aspecto puramente narrativo y maravilloso. Clásico inexcusable de la novela gótica, se le reprocha, con razón, al autor un gran desconocimiento de la vida cristiana, particularmente española. Pero qué sería de tantas ficciones sin su correspondiente licencia…
"De tal palo, tal astilla", José María de Pereda (1833-1906) - Los misterios de la fe católica, el ateísmo, el destino de ultratumba... y el amor, son tratados con agónica ansiedad por el novelista santanderino, hoy injustamente preterido, por lo caprichoso de las modas y la perversidad de lo políticamente correcto. Novela de tesis, las ideas que en ella sustenta el autor conformaron lo más íntimo y verdadero de su alma, a partir de lo cual desarrolla una verdadera obra de ambiente y personajes, donde la acción progresa dramáticamente hasta el final, espantoso y, también, paradójicamente esperanzado. El doctor Peñarrubia (Pateta), su hijo Fernando, Águeda, Judas Macabeo, el hipócrita don Sotero... son tipos esenciales que obtienen la consecuencia exacta de sus actos, los cuales el autor interpreta, pero se abstiene de juzgar, tarea que le corresponde en exclusiva a Dios...
"Todos los hombres del rey", Robert Penn Warren (1905-1989) - Desazonadora e intensa parábola sobre la figura del "político" y el ejercicio de la actividad pública. Willie Stark, inconsciente hombre de paja al servicio de oscuros intereses, al darse cuenta de que le están utilizando, se revela contra sus patrocinadores, convirtiéndose en adalid y representante de los granjeros pobres, que le eligen gobernador del estado. El ulterior desarrollo de la carrera política de Willie amalgama los legítimos intereses de sus representados con otras aspiraciones más espurias que no retroceden ante la presión hacia sus oponentes ni el chantaje. El gobernador arrastra en su torbellino a los miembros más puros de su entorno, que descubren, a raíz de su colaboración con el político, la verdad amarga de la insoslayable corruptibilidad humana. Entre sus numerosos episodios, asistimos a la destrucción moral de un hombre íntegro, un juez, que cae bajo el implacable interés de la política. Particularmente indicada para los tiempos que corren.
"Moby Dick", Herman Melville (1819-1891) -Impresionante nota a pie de página del leviatán de Job, esta novela se erige como una de las más formidables creaciones de la narrativa universal, en familiaridad y paralelo con las tragedias de Shakespeare. La implacable persecución de la ballena blanca, merced a la titánica voluntad del capitán Ahab, que arrastra y galvaniza a la tripulación en pos de su objetivo, se constituye en metáfora sobre la naturaleza terrible y misteriosa del poder de Dios y la oscura rebeldía de los hombres. Repleta de material arcaico, tan insondable como los propios abismos que recorre sin cesar el monstruo, Moby Dick es el registro en aguafuerte del "non serviam", en constante y sacrílego pulso al Creador. Gran desconocida entre las novelas, precisamente por su popularización sesgada o epidérmica, es un ejemplo claro de la necesidad de ir siempre a las fuentes.
"El Terror", Arthur Machen (1863–1947) - Que el mundo es un misterio –en ocasiones un misterio siniestro–, es algo que no necesita demostrarse. Gales. 1915. La Primera Guerra Mundial está en curso. En un agreste paraje del país, una niña desaparece sin dejar rastro. Pronto se suman distintos y trágicos sucesos, inicialmente tomados como accidentes, algunos de los cuales no parecen tener relación entre sí. La censura de guerra impide la mínima alusión a lo que ocurre. El Terror ha llegado. Un terror al que no se encuentra explicación y que, alimentado por fantásticos rumores, modifica rápidamente hasta el paroxismo el comportamiento general. Lo absolutamente improbable ha sucedido. Al final, se ofrece una explicación que llamaremos racional, aunque incurre directamente en lo fantástico, más horrible de lo que pudo aventurarse. La maldad que anida en el corazón del hombre, incrementándose a lo largo de los siglos –de la que es forma y ejemplo la citada guerra en curso–, ha tomado masa crítica, al igual que sucedió en los días de Noé. Hemos corrompido lo creado. Pero en poco tiempo, todo vuelve a ser normal. El mundo es otra vez más o menos previsible. Sin embargo, aunque no seamos muy conscientes, hemos oído el primer toque de campana.
"Los novios", Alessandro Manzoni (1785-1873) - Lucía y Lorenzo se aman, pero su matrimonio se ve impedido por los intentos de un poderoso terrateniente, prendado a su vez de la joven. El novio debe emprender la huida y entra en Milán la misma jornada -es el estío de 1628- en que se desata un motín popular por la carestía del pan en medio de una epidemia de peste. Bajo la guía e inspiración de Fray Cristóbal, antiguo iracundo entrado en religión arrepentido por un crimen, los jóvenes campesinos verán cumplirse finalmente sus deseos. Incomparables caracteres, espléndidamente trazados, y un vigoroso sentido de la narración hacen de esta novela -de la que destila el suave aroma de la religión y del perdón- una atractivísima lectura, ambientada un par de siglos antes de la feliz escritura de este libro.