lunes, 25 de enero de 2016

DE ACTUALIDAD



      A lo que se está cociendo



UNO: La traición encuentra siempre un justificante moral.
DOS:  Si eres de los que se crecen en la adversidad, estás en el país adecuado.
TRES: La libertad es cara. Por esta razón, muchísimas personas se niegan a pagarla.
CUATRO: “Aquí esto no puede pasar”. Pocas afirmaciones, en principio, tan miopes.
CINCO: Los ujieres del Congreso se han convertido en paradigma de respeto y elegancia.
SEIS: Deberíamos hacer la prueba de pasarnos un año sin gobierno. El país que lo ha intentado ha mejorado.
SIETE: La libertad de expresión retrocede en sentido inversamente proporcional a su enfática defensa.
OCHO: Hay que respetar a la que reivindica algo desnudándose los pechos. Pero si glosas esos mismos pechos, que todo el mundo ha visto, eres machista.
NUEVE: Escandaloso: la mayoría de mujeres quieren y respetan a los hombres, desafiando la pertinaz campaña contra ellos.
DIEZ: Los hombres, por regla general, ni violan ni asesinan a mujeres, ni se les ha pasado tampoco jamás por la cabeza. Y encima, mayormente las quieren.
ONCE: Ojo con el que, desde la política, te quiere hacer feliz.
DOCE: Contra la corrupción, no hace falta ningún pacto. Con no corromperse, vale.
TRECE: Si te llaman machista, fascista o sexista… casi con total seguridad vas por buen camino.



domingo, 24 de enero de 2016

"TINA", Herman Bang

RESEÑA NOVELA

"Tina", Herman Bang (18571912) - Bastante desconocido en nuestro ámbito, este autor danés nos ofrece una novela intensa, donde la paz doméstica, el amor y la familia se funden con la crueldad de la guerra, retratada aquí principalmente en la retaguardia, tanto o más espantosa que el propio frente. El personaje que da título a la obra, la cándida, sencilla y amorosa Tina, repasa todas las gamas de la vida, desde los recuerdos infantiles, llenos de felicidad y que parecían eternos e inmutables, hasta el momento actual, que difícilmente puede ser más doloroso. La guerra contra los prusianos es el escenario, para ella, donde se pinta una tragedia aún mayor, no por desconocida e íntima menos terrible. Los padres de la joven, pareja anciana al límite de sus fuerzas, el intendente Berg, movilizado para el frente, y su familia, desarraigada del lugar, junto con otros personajes notables y del pueblo, recorren su camino sin entenderlo, oscilando entre el optimismo por el resultado del esfuerzo bélico y la patente realidad que les envuelve. Los niños, los heridos, los animales, los ancianos y las mujeres, todos ellos diríase que representados en la pobre Tina, son los auténticos protagonistas del relato. Y el amor. Un amor sin condiciones que se ve sometido a una prueba extrema, demostrando que el corazón humano -el de Tina, como símbolo- tiene su límite de resistencia. Que el tiempo pasa -y el tiempo feliz, más todavía- es algo que tardíamente se aprende. También, el desatino de la guerra. Entrañable novela, deja el alma repleta de culpa y de congoja.



jueves, 21 de enero de 2016

LA NUEVA CENSURA


Hoy Iker Jiménez me lo da hecho. La naturaleza tiene horror al vacío. Y si quienes tienen la obligación de preservar nuestra libertad -periodistas, creadores de opinión, políticos...- no lo hacen, sino que miran interesadamente hacia otro lado, no es raro que surja en otro ámbito -también periodístico, por cierto- quien recoja la antorcha que no pocos de aquéllos sofocaron o ayudaron a sofocar. Como decía Aquél -sabrán a quién me refiero-, "Si callan éstos, hablarán las piedras". Bien por Iker.

Enlace a la página que incluye el vídeo con lo que dice



miércoles, 20 de enero de 2016

RENCILLAS EN LA CORTE I (Estampa de nada estricta actualidad)

HUMOR ENTRE CASCOTES (CAPRICHO)

El caballero Florián fue tocado en sus partes por el caballero Segismundo, quien a su vez sufrió la afrenta de un joven que no fue identificado, pero a quien muchos supusieron el encargado de vaciar el orinal del rey, Tristán. El caballero Florián huyó a los montes, donde cometió tropelías. Y Segismundo prometió una bolsa de oro a quien le trajera maniatado al atrevido, que, al contar con la protección del monarca, felicísimo de sus servicios, se tenía por impune. 
Segismundo, mientras maduraba su venganza y sembraba la Corte de espías y sicarios, extendió el uso vergonzoso de que fuera víctima, y rápidamente los gentilhombres sufrieron en sus carnes la vejación. Y en uno de los corredores del castillo, el propio rey sintió que mano anónima le hacía burleta en la entrepierna, proclamando de inmediato un edicto que prohibía la costumbre, que no hizo sino arraigar, contribuyendo a que el herrero trabajara día y noche fabricando unos a modo de receptáculos de hierro que hacían virtualmente imposible tal insania. 
Mientras tanto, el caballero Florián, cansado de perpetrar desmanes, regresó subrepticiamente a la Corte y se enteró de la costumbre, sabiendo a la par que sólo él se hallaba al descubierto. Al haber vuelto furtivo, no se decidía a visitar al herrero, solicitando el artilugio. En la fonda donde permanecía escondido –el posadero le era fiel a causa de un antiguo servicio-, cavilaba en la forma de procurarse protección, y no encontró más salida que, amparándose en la noche, despojar a un caballero, el cual resultó ser el propio Segismundo, quien identificó a su agresor a la luz de un rayo de luna que se filtró de una nube.
Estando los dos en tablas, se enconaron paradójicamente todavía más los odios. A todo esto, Segismundo seguía incansable intentando humillar a Tristán, sólidamente protegido por el artefacto y por el rey.
Florián y Segismundo, con su bando respectivo de leales, se enfrentaban a pica y espada por las noches, y el amanecer mostraba un rastro de cadáveres que, más de una vez, el rey contempló desde su almena.
Llegaron viajeros a la Corte, los cuales, muy perplejos, también visitaron al herrero. El rey los recibió y aquéllos expresaron una queja. El monarca, por toda respuesta, se puso en pie y abrió su capa. Los viajeros se marcharon esa tarde. Horas después, Tristán fue sorprendido vaciando un orinal de su regio contenido y los dos bandos se cebaron entre sí con crueldad.
El rey ordenó la paz so pena de destierro, y dispuso que lo que hasta entonces fuera infamia constituyera en adelante saludo marcial de caballeros. La Iglesia puso algún reparo, pero, en aras de la concordia, acabó sancionando el deseo del monarca.

(Continúa en "El galope atolondrado del caballero Bragamondo")



martes, 19 de enero de 2016

"EL EXORCISTA", William Peter Blatty

RESEÑA NOVELA

"El exorcista", William Peter Blatty (1928) - Esta novela, basada en un hecho real, sirvió de base a uno de los mayores éxitos del cine de terror de todos los tiempos. Su tema resulta actual y aún podría decirse que se ha quedado corto, dada la proliferación última de casos. Una niña que vive con su madre comienza a experimentar sucesos extraños que van en incremento. Su personalidad y su carácter se transforman de manera horrible, pareciendo manifestarse, a través de ella, un ser manifiestamente perverso. La psiquiatría fracasa al intentar curarla, por lo que la madre, después de muchos titubeos, recurre a un exorcista. La lucha contra el Maligno ha comenzado. La novela toca de manera brillante una realidad que muchos niegan: la existencia de seres espirituales extremadamente inteligentes y malvados, dedicados a la ominosa tarea de tentar a los humanos buscando su condenación eterna. Y estos seres, en ocasiones, no raramente después de que la persona juguetee temerariamente con lo paranormal -la Ouija, por ejemplo-, pueden llegar a poseer a los humanos. La narración, muy dialogada, donde se van exponiendo las fases del terror y su combate, resulta fluida y absorbente y, bajo sus aspectos más literarios y dramáticos, encierra un verdadero tratado sobre la fe, también sobre su falta -uno de los sacerdotes implicados está en ese momento en plena crisis- y, en suma, sobre el destino humano individual sobre la tierra y más allá, nunca mejor dicho. Novela de terror, thriller también -hay una investigación policial en curso-, no ha sido hasta el presente superada en el asunto que trata. El autor se ocupó del mismo tema, aunque con diverso enfoque, en “Legión”, título que alude al versículo de Marcos donde multitud de demonios se revelan ante Jesús.



lunes, 18 de enero de 2016

A MÁS A MÁS



             A lo  menos  



UNO: Hay cosas que parece imposible que puedan llegar a suceder. Por ejemplo, que concluya alguna vez el mes de enero.
DOS: Hermoso y poético contemplar desde tu ventana la calle barrida por la lluvia. Pero si tienes que salir, se le va de golpe toda la poesía.
TRES: La sabiduría humana acaba depositándose en los libros. También, la estupidez.
CUATRO: La velocidad de un ejército es la de su hombre más lento. Pero si a este hombre se le azuza, ya no.
CINCO: Cambiar es bueno. Aunque depende mucho de lo que estés haciendo.
SEIS: Si algo es cierto es que a una cosa sigue otra.
SIETE: Hay libros que se pueden leer por cualquier parte. Otros, por ninguna.
OCHO: Que la tierra sea redonda hincha un poco. Mejor, la tierra plana o la tierra hueca.
NUEVE: Que te coma una fiera tiene que doler.
DIEZ: En qué momento dejó de llamar a nuestra puerta el vendedor de enciclopedias.
ONCE: “Hay que confiar en nuestros gobernantes”. Los cojones.
DOCE: El hombre auténtico se tiene que haber defendido a tiros por lo menos una vez.
TRECE: Que todos seamos iguales es como pretender que todos los libros cuenten similar historia y tengan el mismo número de páginas.



domingo, 17 de enero de 2016

"LA ESCALERA DE HIERRO", Georges Simenon

RESEÑA NOVELA

"La escalera de hierro", Georges Simenon (19031989) - Etienne Lomel trabaja de representante para la imprenta de su mujer, Louise. Anteriormente ella había estado casada, pero el marido falleció. El piso donde viven comunica con la tienda por medio de una escalera interior de hierro, la que presta su título a la novela. Lomel se siente indispuesto después de las comidas y consulta varios especialistas, algunos a espaldas de su esposa, a la que también esconde las anotaciones que va escribiendo sobre su estado por recomendación del médico… Sirva esta obra como muestra de otras muchas salidas de la fecunda imaginación del novelista, incansable y profundo escudriñador de la naturaleza humana en todos sus repliegues. Los diversos y múltiples ambientes que evoca (o por mejor decir atmósferas), tantas veces claustrofóbicos, aparte de emocionar y conmover, han llevado a crítica y escritores a situarlo como legítimo heredero de Balzac y Zola. El creador de Maigret, pilar del género policial y de misterio, encuadra normalmente sus fábulas en escenarios parisienses o provincianos, sin excluir lugares más exóticos, los cuales a las pocas páginas creemos conocer de siempre, y ello con un estilo sencillísimo, accesible a un amplio espectro de lectores. Los personajes, tanto principales como secundarios, no pocos con su zona de sombra o de misterio, están perfectamente dibujados, en buena parte gracias a detalles mínimos y secundarios, más allá de la peripecia que constituye el núcleo de cada novela, muchas de ellas, sin exagerar, obras maestras. Simenon se sitúa como figura destacada de la novelística francesa, consideración que tuvo desde sus comienzos y que va indudablemente en alza.



jueves, 14 de enero de 2016

DICE LA MERKEL

La Merkel ha dicho/hecho numerosas tonterías, empecemos por ahí. No en vano, se dedica a la política y los políticos, ya se sabe, se sitúan de manera más o menos consciente al margen de la realidad. Pero últimamente ha soltado una pepita sobre la que conviene reflexionar un poco. Europa -ha expresado- debe volver a Dios, a la Biblia, a sus raíces cristianas. Para que nos vaya mejor, porque hasta ella, que ya es decir, se ha dado cuenta de que el camino que recorremos nos conduce al precipicio.

Son muchos, en número creciente y desde distintas periferias, los que han ido llegando a esta conclusión (algunos lo sabían de siempre). Sin Dios, el hombre (y la mujer) perecen. Y esto ¿por qué? Si tienes paciencia te lo explico.

Leyendo la Biblia, uno se da cuenta de que cada vez que el Pueblo Elegido cumplía los mandatos del Eterno, le iba bien, en todos los aspectos, material y económico incluidos. Iban al Templo a rendirle culto y, paralelamente a su vida espiritual, veían crecer en paz y prosperidad a sus hijos, siendo respetados por los numerosos enemigos que acechaban las fronteras. En cambio, cuando abandonaban a Dios entregándose a la idolatría, baales, orgías, etc., desoyendo y atribulando a los profetas que les afeaban la conducta, eran invadidos, vencidos y deportados, bien por los egipcios, ora por mesopotámicos.

Lo estoy contando a grandes rasgos para que hasta tú lo entiendas. Comprendo que repliques eso tan manido de lo cruel que se muestra Dios con este comportamiento. Con un ejemplo de lo más simplón, y si eres objetivo, te darás cuenta de que nada más lejos.

Imagínate un paraje inhóspito y helado, a muchos grados bajo cero. imposible sobrevivir allí. Pero a alguien se le ocurrió la genial idea de encender un fuego. El fuego es gratis. Calor a las familias, bienestar, y qué a gustito se está en casa. Pero qué pasa si te alejas voluntariamente de ese fuego. Que desfalleces, enfermas y sucumbes. La culpa, se ve claro, no es del fuego, que ahí sigue dando su calor a los que a él se acercan. La culpa es tuya, por haberte alejado de ese fuego. El fuego es Dios y tú el que se distancia de su vera. Aquí lo dejo. 

Y un saludo a la Merkel, que, al menos en este aspecto, cae del burro.



miércoles, 13 de enero de 2016

PERORATA (A lo que quedó encerrado en el tintero)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)


El cabeza de familia, durante la cena:

-Hemos pasado tiempos muy difíciles. Vuestra hermana se fugó con el acróbata, y a saber en qué lugar de mala muerte se encuentra ahora… y en qué estado. Vuestra madre, mi querida esposa, incapaz de soportar la afrenta y el bochorno, rindió su alma, no sin antes tener la grandeza y generosidad de bendecir a la proterva. El ala izquierda de la casa se hundió sincrónicamente aquella noche, y todavía debemos dar gracias de que no ocasionara mayor desgracia. El ala derecha imitaría a su gemela al día siguiente. Carecemos de fondos para reconstruir la mansión. Las últimas inversiones no han rendido lo que esperaba; más aún, se han llevado el grueso y las hijuelas de todos nuestros bienes. Yo casi soy un anciano, los bríos me han ido abandonando al compás de los reveses. Pero hay algo que conservo y que quiero legaros como mi joya más preciada. Lo recibí de mi padre en su momento, y ha significado en mi existencia un faro luminoso en medio de tantos avatares. Hay épocas de prueba como la que venimos pasando largamente, y lo que en seguida os voy a revelar será como bálsamo para las heridas del momento. Vuestra hermana no está aquí para ser, con vosotros, la depositaria del tesoro inapreciable que, en breves segundos, oiréis de mis labios. Ella, ahora lo sé, se desvió tempranamente con la lectura de esas noveluchas que quemé, en purificador auto, la misma noche de su partida clandestina. ¿Qué encontró, me lo pregunto, en ese saltimbanqui que, rotundamente mejorado, no tuviera a su alcance en el sano círculo familiar y de amistades, las cuales últimas, lo menciono de pasada, nos han abandonado? ¿Por qué tuvo que desoír mis advertencias? ¿Qué arcano encierra que las oraciones de su madre no fueran dique infranqueable para su desazón y subsiguiente huida? No está en mi mano responder a esto. Sí, culminar mi arenga con lo que he anticipado en las palabras precedentes. ¿Estáis dispuestos? Allá va. Pero id comiendo, que se nos enfría la bazofia. 



martes, 12 de enero de 2016

"EL MAGO", John Fowles

RESEÑA NOVELA

"El Mago", John Fowles (1926–2005) - ‘Maravillosamente pertrechado para el fracaso, salí al mundo’. Con esta frase de la tercera página, comienza propiamente la novela. Nicholas Urfe abandona Londres (y a su novia) en respuesta a un anuncio de profesor de inglés en la pequeña isla griega de Phraxos. Su verdadero objetivo es escapar de las responsabilidades de la vida adulta y de pareja. ‘En nuestros tiempos’, se dice también casi al principio, ‘no es la sexualidad lo que a veces asoma su feo rostro, sino el amor’. Comienza para Nicholas una aventura personal donde cobran absoluto protagonismo el misterioso Conchis y unas igualmente enigmáticas gemelas, encargadas al parecer de seducirlo, aunque también parecen abrigar otro propósito. Existen indicios en la isla de otro habitante que no se decide a presentarse. A través de una serie de juegos dramáticos y teatrales, Nicholas habrá de discernir dónde está la realidad, de qué orden está compuesta y si acaso está siendo objeto de una broma macabra, lo que le lleva a cuestionar sus planteamientos anteriores sobre el amor, su vida personal y la existencia en general. Nicholas se ve zarandeado por los juegos que le propone Conchis, mascaradas atrayentes, perversas, como si aquél fuera un dios caprichoso que se divierte en tirar de los hilos de su desorientada marioneta. La verdad se presenta caleidoscópica, como si cada nueva percepción contradijera la precedente, sumiendo al protagonista -y al lector, a éste con gozo- en una perplejidad inacabable y absorbente. Mezcla de novela gótica, de iniciación, sentimental, filosófica y erótica… es la obra el verídico reflejo de una época, la del pasado siglo, marcada por la confusión y la carencia de sentido. El misterio está presente en cada página de esta voluminosa novela que no concede respiro. Clásico absoluto de un autor imprescindible, autor también de la quizá más conocida ‘La mujer del teniente francés’.



lunes, 11 de enero de 2016

PELDAÑOS DE ESCALERA



    Al que la sube



UNO: Si al cuatro le sumas dos, raro sería que no te diera seis.
DOS: Es duro ser mujer… hoy día.
TRES: Dos es más que uno. Pero que no olvide nunca el dos que se compone de unos.
CUATRO: El derecho de pernada no ha caído tan en desuso como se cree.
CINCO: La línea, sea recta, curva o quebrada, tiene que guardar pues eso, la línea. De lo contrario, se convierte en otra cosa.
SEIS: Bermúdez y Olaizola no se conocerán jamás. ¡Y no lo saben!
SIETE: Si al siete -o cualquier otro número- le restas esa misma cantidad, para este viaje no necesitábamos alforjas.
OCHO: No conozco a nadie, y menos cercano, que tenga un rebaño de elefantes.
NUEVE: La princesa de cabellos de oro es la única con derecho a peinarse a la ventana.
DIEZ: Si la miras todo el rato, la semilla tiene pudor y no germina.
ONCE: Tarzán de los Monos era libre. Por eso, le capturaban siempre.
DOCE: Si yo tengo cinco mil libros y mi vecino veinte, esto no quiere decir que yo le haya estado robando a mi vecino.
TRECE: El hombre que inventó la resta tendía más bien al pesimismo.



domingo, 10 de enero de 2016

"BOQUITAS PINTADAS", Manuel Puig

RESEÑA NOVELA

"Boquitas pintadas", de Manuel Puig (1932–1990) - Folletín, tragedia y pinceladas de comedia. Desolador registro de la vida provinciana de la clase media argentina, hacia las décadas de los treinta y cuarenta del pasado siglo. La sensibilidad del autor le sirve para la disección de sendos corazones, nunca mejor dicho: los unos, femeninos, esperando una suerte de milagro de amor; los otros, masculinos, con el doloso cargo de no hallarse a la altura de la llamada misteriosa de la mujer, culpa de su egoísmo o tosquedad. Todo ello entrelazado por el hilo de los seriales radiofónicos y los tangos, también el cine y el teatro, que son en conjunto el alimento y el bálsamo de vidas tan grises y reptantes, podríamos decir. Un mundo de chachas, de amoríos de portal, de hijos ilegítimos y de otros que, no siéndolo, parecen haber sido arrojados a este mundo por azar; y sueños rotos, por cursi que suene la expresión. Las figuras de Nené, Juan Carlos, cuya noticia de su muerte abre la novela, su madre, su hermana Celina, Mabel… y distintos personajes secundarios que aparecen al fondo como sombras. Y el crimen, la muerte y el perdón, imposible éste al parecer en este mundo y remitido al otro, mediante oraciones compungidas. La novela es muy triste, no tememos recalcarlo -no hay un personaje feliz en ninguna de sus páginas-, como es triste la mirada de que nace, la de su autor, tempranamente malogrado, pero que nos dejó media docena larga de obras maestras, elaboradas de la misma materia quebradiza, que es la de vivir. De su vivir.



jueves, 7 de enero de 2016

PROPÓSITOS DE ENERO


1) Los propósitos de comienzos de año son basura: apresúrate a cambiarlos cuanto antes.
2) No tengas propósitos: sencillamente ponte a la tarea.
3) Olvídate de la política: es basura.
4) No te olvides de la basura y bájala reglamentariamente cada noche.
5) No hagas planes para todo el año: para este día y, si acaso, para el siguiente.
6) A cada día su afán. Y un afán, aunque sea pequeño y ridículo, para cada día.
7) Acostúmbrate. Llegará un momento en que las tareas, gracias a la costumbre, te costarán mucho menos.
8) Te vas a cansar. Y qué.
9) El desánimo va a hacer presa en ti. Por qué crees que te he aconsejado la costumbre.
10) Rutina, rutina y más rutina.
11) Más rutina (por si no te había quedado claro).
12) El auténtico heroísmo es invisible. No se va a dar cuenta nadie ni, mucho menos, te lo van a agradecer.
13) Aprende a descansar.
14) Aprende lo que significa descansar.
15) Descansar no es tumbarse a la bartola.
16) El sofá no aguanta más. Menos mal que, por fin, te has dado cuenta.
17) No eres ejemplo de nada. Pero actúa como si lo fueras.
18) Siempre hay alguien que te ve. No hagas en privado nada que no pueda ser televisado. (En lo que antes se llamaba horario infantil, se entiende, que la tele ha cambiado mucho.)
19) Cierra el pico. Excepto cuando tengas que hablar en tu (legítimo) beneficio. A las mujeres se les permite hablar un poco más.
20) Si no te importa, éste de aquí lo escribes tú. Ánimo, que puedes.



miércoles, 6 de enero de 2016

NOVELA DE COMPLETO ABURRIMIENTO (Fragmento, para qué más)

HUMOR ENTRE CASCOTES (DISPARATE)


El hombre iba y venía, trasudando. Entraba, salía de un café, era de noche o quizá de madrugada, también era posible que ni de noche ni de día (?). Volcado en su interior, reconcentrado, tropezó con los flecos de sí mismo -¡toma ya!-, sintiéndolos como ágiles serpientes sobre su rostro, ajado por multitud de intemperancias. El hombre se presentaba empapado de bourbon, por dentro, por fuera, por los espacios intermedios, intentando eventualmente anegar en alcohol su indefensión. El hombre se caló el sombrero sobre su frente circunfleja (!), convexa, que se abombaba hacia delante intentando abarcar un mundo complejo que se le escapaba. Pretendía con semejante huida desasirse de vínculos pretéritos, arribar a un paraíso en el que pudiera escapar de su demolición. Brillaban como charol los adoquines, caparazones infinitos de tortugas que emulgían –este verbo no existe, y menos con el significado que le damos, no me vaya a meter la juventud la gamba y suspender la selectividad, que no queremos llevar semejante cargo sobre la conciencia-; emulgían, decíamos, desde un subsuelo tan sorprendente como inadvertido: el subsuelo que sostenía al hombre anónimo, que lo era porque no se había bautizado, ni inscrito en el libro de familia. Era de noche –¿de noche?-, o quizá estaba amaneciendo –¿sí?-, sin descartar que hubiera caído sobre la ciudad el crepúsculo, como la mujer que se pone el albornoz saliendo de la ducha –aquí se pone interesante, pero no se hagan ilusiones, verán cómo en seguida se chafa-. El hombre anónimo se preñaba de ignorancia -¿qué les dije?-. El hombre anónimo acumulaba desconocimiento, como el operario que apila adobe sobre adobe, intentando construir un muro, una casa, cualquier cosa que luego se desmorona. ¿Sabía algo, en realidad, el hombre anónimo? ¿Quién era, de qué paraje incógnito o soñado se zafaba, hacia qué continente aún sin descubrir dirigía sus plantas y, tras ellas, necesariamente, el resto de su ser atormentado? El hombre anónimo era un muñeco, una entelequia, no tenía rasgos que permitieran identificarlo –buena excusa para encubrir la pobreza psicológica, y es que no todo el mundo puede ser Stendhal-. Tampoco –era de noche, ¿recuerdan- se adivinaban sus contornos, escamoteados bajo espesa gabardina, ni se atisbaba si era alto o bajo, enjuto o regordete, su edad también era un enigma. Pero, sí, se sostenía en pie sobre la acera: era un superviviente. Un superviviente que a nadie importaba –lo entendemos y no hay que dar explicaciones-. Superviviente de naufragios infinitos. El hombre acababa de doblar la esquina, iba en pos de sí mismo –ya son ganas-, intentando agarrar por los faldones la dicha que se le escapaba en cueros, un poco hocicuda porque no la había hecho suya –de él-. El hombre anónimo, sobre su cabeza la celeste bóveda que titilaba de angustiosa incertidumbre, se sumergió en la niebla… (*)


(*) Si el amable lector adivina de qué van las líneas precedentes, se hará merecedor de un premio en metálico que de ninguna manera le vamos a entregar. Este fragmento de novela, representativa de un ladrillo de no menos de trescientos –300– folios, para que vaya en consonancia con su estilo, se debe encabezar con citas de filósofos contemporáneos especialmente peñazos, con preferencia franceses, que éstos se la pintan solos para aburrir a las persianas y que nadie les entienda, aunque a lo mejor somos injustos y encierran un pozo de sabiduría y trascendencia y los zotes aquí somos nosotros. Pero si quieren que les cuente la verdad, no creo, y además nos trae al pairo. Y luego dicen que no se venden libros. 



martes, 5 de enero de 2016

"LA MURALLA", Joaquín Calvo Sotelo

RESEÑA TEATRO

"La muralla", Joaquín Calvo Sotelo (1905–1993) - Don Jorge Hontanar, personaje acomodado madrileño, felizmente casado y con una hija próxima a contraer matrimonio, sufre un infarto del que se recupera, aunque le supone una verdadera crisis de conciencia. Resulta que en la inmediata posguerra se hizo fraudulentamente con la finca “El Tomillar”, usurpándosela a su legítimo heredero. Conversando con el sacerdote que le atendió al filo de la muerte, decide devolverla. Al comunicar la decisión a su familia, ve cómo se erige frente a él una muralla de mundana sensatez que intenta disuadirle. El fariseismo propiamente dicho encuentra aquí su retrato, desplegándose en múltiples matices a cargo de los distintos miembros de la familia, cuyos intereses se verían más que seriamente perjudicados de porfiar nuestro hombre en su propósito. El catolicismo de verdad se encuentra frente a la religiosidad de conveniencia, cuyas razones para que don Jorge abdique de su propósito suenan a sus oídos como sinuosas tentaciones. Conflicto que esta obra expresa en unos ropajes, por decirlo así, periclitados en el teatro actual -los escrúpulos religiosos, la posibilidad de condenación eterna, vivamente sentida por el protagonista…-, si bien esta circunstancia no resta autenticidad, sino todo lo contrario, al drama íntimo que aquí se nos ofrece. Cada personaje -la mujer, la hija, la suegra, el secretario particular…- cumple dramáticamente su papel, expresándose en unos diálogos argumentativos que dan en el clavo del drama primordial planteado. Cuando se estrenó la obra -1954-, el fariseísmo religioso podía ser abordado con naturalidad. Ahora mismo, este problema parecería superado -sin haber sido resuelto, dicho sea de paso-, ante el advenimiento de la grave indiferencia, por no decir hostilidad, que sobre esta cuestión tiene lugar en nuestras sociedades. Buen ejemplo, sin embargo, el de esta obra para los estudiosos del corazón humano en su dimensión más honda.



lunes, 4 de enero de 2016

SUMAS Y RESTAS



                     
              Al infinito



UNO: No se sabe si las líneas paralelas se juntan al llegar al infinito, porque nadie ha llegado nunca al infinito.
DOS: El infinito no existe porque siempre se le puede agregar uno.
TRES: Infinito más uno es igual al infinito. Luego uno es igual a cero.
CUATRO: Ocho menos siete da uno. O sea, cero.
CINCO: Cero más uno da uno. O sea, también cero. Doble cero, para ser exactos.
SEIS: Seis menos seis es cero. O sea, uno.
SIETE: Si a cualquier cantidad le restas esa misma cantidad, te da cero. O uno, dependiendo del guarismo que te guste más.
OCHO: Puedes contar hasta una cierta cantidad. Más no porque te cansas y te pones a hacer otra cosa. No seas tan arrogante de querer llegar al infinito.
NUEVE: La humanidad se divide entre los que se llaman Argimiro y los que no, resultando dos conjuntos desiguales y absolutamente desproporcionados.
DIEZ: Eres lo que comes, dicen. Cuidado pues con los derivados del cerdo.
ONCE: No puedes conducir dos coches a la vez, a no ser que uno de ellos, o los dos, los lleves por control remoto. Y si llevas dos por control remoto, quién te dice que no puedes llevar más. El límite de coches que puedas dirigir por control remoto dependerá de tu capacidad. Y qué manía con querer llevar nada por control remoto.
DOCE: Si a este llamémosle aforismo le añades el guarismo uno, te da la cifra tradicionalmente considerada de la mala suerte.
TRECE: Éste es el aforismo de la mala suerte. No por sí mismo, sino por el lugar donde ha sido colocado.



domingo, 3 de enero de 2016

"BEAU GESTE", Percival Christopher Wren

RESEÑA NOVELA

"Beau Geste", Percival Christopher Wren (1875–1941) - Novela colonial clásica, de aventuras y de la Legión, resulta insuperada en su combinación de estos tres factores. Arranca la obra cuando tropas legionarias llegan al fuerte francés de Zinderneuf, en el Sahara, que había solicitado refuerzos con urgencia. Son recibidos por calma y silencio absolutos. Un par de erráticos disparos es la única respuesta desde las murallas. Una inspección más detenida descubre que todos los hombres están muertos con su rifle en las troneras y colocados allí por mano ajena. Un largo flashback, que constituye el cuerpo central de la novela hasta enlazar con el comienzo, explicará el misterio, que tiene su origen en la mansión de Patricia Brandon, en Inglaterra, dama que ejerce la tutoría de los tres hermanos Geste, Michael, Digby y John. El zafiro Agua Azul desaparece del lugar en que lo guardaba su propietaria. El autor del robo es, aparentemente, uno de los hermanos. Esa noche, huyen los tres para incorporarse a la Legión Extranjera. El honor aun a costa de la vida, las virtudes del esfuerzo y el heroísmo, el amor fraterno, que es quizá la argamasa de todo el libro, se unen en una trama absorbente, siendo acosados los hermanos, no sólo por las penalidades del desierto y la guerra contra los árabes, sino por la tiranía del sargento bajo el que sirven, a cuyos oídos ha llegado la noticia del robo de la gema, de la que pretende apoderarse. La novela se llevó al cine en distintas ocasiones y tuvo dos continuaciones -Beau Sabreur y Beau Ideal-, también muy meritorias.