miércoles, 9 de diciembre de 2015

PERPLEJIDAD (Al quebradero de cabeza)

HUMOR ENTRE CASCOTES (ENIGMA)

-¡Caray, chico, te veo muy desmejorado!
-No sabes bien…
-¿Qué te pasa? ¿La salud…?
-No, qué va, ojalá fuera la salud. El caso es que no sé si decírtelo…
-¿Y para qué están los amigos?
-Muy bien, pero te advierto que no es asunto fácil…
-Desembucha.
-Pues resulta que… -palidece, tiembla-, Mari Pili tiene novio…
-¿Mari Pili? ¿Novio? ¡Pero si no hace nada que…! En fin, ja, ja, cómo pasa el tiempo. Los hijos nos hacen viejos. No se dan cuenta, por qué habrían de dársela, de que cada día que pasa nos dan un empujoncito hacia la tumba. El otro día, sin ir más lejos, llego a casa… Bueno, perdona, te interrumpo…
-Lo malo no es eso. Tú me conoces y sabes que soy un hombre abierto. He viajado (en cierta ocasión me alargué hasta Albacete) y no me asusta la vida. Leo todos los días el periódico y tengo opinión formada sobre el conflicto de Oriente Medio. No todo el mundo puede decir lo mismo. En resumen y sin más preámbulos: el novio no me parece de fiar.
-¿Por qué? ¿Has observado algo?
-Directamente, no. Pero me llama la atención que, hasta la fecha, nadie me haya dicho nada. Así como en otros temas se considera mi criterio, en esto soy un cero a la izquierda. Mari Pili no dice ni pío. ¡Y soy su padre, no el palo de la escoba! Su madre lo sabe, sí, me consta…
-¿Y qué piensa?
-¡Misterio absoluto! Pero estoy seguro de que conspiran a mis espaldas. Además, el chico éste, el novio, es huidizo. Cuando me ve, cambia de acera…
-A lo mejor, le intimidas.
-¿Que le intimido? ¿Por qué habría de intimidarle? ¡Yo no me como a nadie crudo! Si se me sabe llevar, soy pan bendito. Y en caso de que sus intenciones sean honestas, debería en primer lugar hablar conmigo, ¿no te parece? Pero no, qué va, yo no soy nadie, un monigote…
-¿Tienes informes?
-Me los estoy procurando. El otro día le seguí. Me quiso despistar, pero ya sé más o menos dónde vive.



martes, 8 de diciembre de 2015

"EL CRÍTICO", Richard Brinsley Sheridan

RESEÑA TEATRO


"El crítico", Richard Brinsley Sheridan (1751–1816) - Obra satírico-burlesca, su argumento es el ensayo de una tragedia -La Armada Española- en presencia del autor -señor Puff-, un crítico -señor Sneer-, un aficionado y medio mecenas del teatro -señor Dangle- y los actores y actrices, apuntador, etcétera, y con las continuas apostillas de todos ellos. En el primer acto, se nos presentan aquéllos, junto a la señora Dangle, escéptica y burlona con las aspiraciones del marido, y Sir Fretful Plagiary, plagiador con el enfermizo temor de ser plagiado. El texto es hilarante, los diálogos brillantes y felices, a lo que se presta la obra ensayada, de tema español y repleta de recursos exagerados y ridículos. El señor Puff -finchado autor y, posiblemente, la creación más afortunada de una obra llena de personajes memorables- nos aporta una personalidad a caballo entre la picaresca y el directo engaño, haciéndose pasar, dependiendo de sus vicisitudes, enfermo, viuda con seis hijos o trampantojos de parecida ralea menesterosa, viniendo también ser un precursor de lo que ahora entendemos como publicidad engañosa. A los propios personajes de la comedia, deben sumarse los de la tragedia que se ensaya, que se supone en el marco del enfrentamiento inglés y español, durante el reinado de Felipe II: las pomposas y fatuas autoridades, don Ferolo Whiskerandos, hijo del Almirante español preso, del que se enamora Tilburina, hija del gobernador del Fuerte, y comparsas de distinta posición. Duelos, batallas navales, pérdida de razón de la protagonista (con sus correspondientes aspavientos) y personificación de los ríos ingleses, incluidas sus riberas… La obra sirve al autor, además de para servirnos un plato de diversión asegurada, para la parodia de actitudes teatrales propias de la época y de la sociedad, en particular de sus capas elevadas, siendo también extrapolable al momento actual.



lunes, 7 de diciembre de 2015

DEL COMPORTAMIENTO DE LOS MÁS Y LOS MENOS

             

          Al deber, ese fascista



UNO: La persona políticamente correcta no se considera políticamente correcta, sino -es curioso- rebelde y rompedora.
DOS: La primera libertad es sentirte seguro.
TRES: Cuando las “libertades” son muchas, la libertad es poca.
CUATRO: El autodenominado progresismo odia la palabra ‘libertinaje’. No su significado, que le encanta.
CINCO: ¡El deseo profundo que tienen tantos de convertirse en masa!
SEIS: Persona o individuo, tú eliges.
SIETE: Cada nuevo derecho, una nueva cadena.
OCHO: Nuestro preciso -y precioso- idioma castellano: “Se tomaba muchas libertades”.
NUEVE: Ha descendido muchísimo el nivel. Antes, el sermón te lo endilgaba un cura; ahora, cualquiera.
DIEZ: El gobierno, un mal necesario. Lo dijo alguien, pero conviene quitarle el polvo a la frase.
ONCE: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”. De especial aplicación en la política.
DOCE: En el pasado, al menos, se guardaban las formas: el tribuno no se rebajaba aplaudiendo a la plebe.
TRECE: Debería acuñarse la expresión ‘palabra de político’, para referirse a ‘promesa mendaz y con sonrisa’.



domingo, 6 de diciembre de 2015

"EL MISTERIO DE LA VILLA ROSA", A. E. W. Mason

RESEÑA NOVELA

"El misterio de la Villa Rosa", A. E. W. Mason (1865–1948) - Conocido sobre todo por su novela colonial Las cuatro plumas -llevada al cine en distintas ocasiones, no siempre con igual acierto-, la presente da comienzo al ciclo de narraciones policíacas que tienen como protagonista al inspector Hanaud, de la policía francesa, ayudado en sus investigaciones por el diletante Mister Ricardo. Durante las vacaciones estivales del segundo en la ciudad turística de Aix-les-Bains, se produce el asesinato por estrangulamiento de Camila Daubray, mujer acaudalada de una cierta edad. La principal sospechosa es Celia Harland, joven acompañante de la dama, desaparecida tras el crimen. La señora Daubray y Celia habían tenido esa noche, al parecer, una sesión espiritista, a las que era muy aficionada la primera. Pero las cosas no han salido como se esperaba. Harry Wethermill, enamorado de la joven, pide ayuda a Mister Ricardo, acudiendo ambos a la pericia y el consejo del inspector Hanaud, que se encuentra también veraneando en la zona. El crimen se desentraña hacia la mitad de la novela, cuya segunda parte se dedica a explicar las circunstancias y el trasfondo. El inspector Hanaud pertenece a la serie de detectives literarios que, influenciados por algunos precedentes, han servido de inspiración a otros, como el célebre Hércules Poirot, de Agatha Christie. La obra está llena de minuciosos detalles que se incorporan con naturalidad a la trama. Los caracteres son algo enfáticos pero resultan aceptables -la doncella normanda Elena Vauquier, el chófer Servettaz, el juez instructor Fleuriot, el joven policía Perrichez, descubridor del crimen...-, y suscitan alternativamente nuestra atención y también, en cierto caso, nuestro asombro. La historia incluye algún asesinato más, de orden tremebundo como el primero.



jueves, 3 de diciembre de 2015

DOS (POLÍTICAS) POR EL PRECIO DE UNA


Sendas damas dedicadas al noble arte de servirnos y de cuyo nombre no quiero acordarme -una de izquierdas; la otra también, aunque funge de derechas-, se juntaron para comer. El periódico ABC lo glosa, derretido de emoción, enternecido. Hago la glosa de la glosa, poniendo en negrita -o sea, así- las frases que han salido de otras meninges, no vayan a confundirse con las mías (me tendría que pegar un tiro).

1) Se había programado como una cita privada, oculta al escrutinio público, pero al final la foto irrumpió con fuerza. Oh, irrumpió con fuerza. El vigor de semejante evento hizo que éste eclosionara. Me río yo de la explosión del Krakatoa. Feliz casualidad que estuviera allí la canallesca.

2) … caminando del brazo entre confidencias y sonrisas… Cuánto almíbar, qué preciosidad y qué hermosura.

3) Comieron (...) un menú de 15 euros, que pagaron “a escote”. «Yo he comido algo menos, pero he pagado lo mismo», bromeó (una de ellas), más frugal. Esto, para que veamos, pues eso, la austeridad de los políticos de distinto signo, que es el mismo.

4) (Una de ellas) optó por una ensalada de plato único, aunque no se resistió a la oferta de (la otra) para probar sus «deliciosos» champiñones rellenos de jamón, gratinados al horno. (Una de ellas) cogió uno del plato de (la otra). Pero qué jueguecito es éste, Dios mío.

5) (La otra) pidió de segundo un ragout «exquisito», estofado de carne, que regó con algo de vino. (Una de ellas) también se animó, aunque prefirió el agua. De postre confluyeron en los raviolis de piña, muy celebrados. Pobres raviolis, desdichada piña, que culpa tendrán.

6) La sintonía personal que exhibieron (...) se extendió a sus equipos, que se despidieron entre besos en la calle (...) Música de acordeón. Estoy llorando, mis disculpas.

NOTA: Es fácil adivinar el nombre de éstas. Pero se omite, para que esta triste y patética columna no termine de perder su lustre. Tampoco pongo la foto que acompaña la noticia, porque ya es de vomitar.



miércoles, 2 de diciembre de 2015

EL ESCRITOR (Al impagable terror del folio en blanco)

HUMOR ENTRE CASCOTES (DISPARATE)

El escritor es persona solitaria por naturaleza y por oficio, como los viejos tramperos de la salvaje América, que cobraban sus presas sin ayuda de la naturaleza hostil. Para rescatar la voz interior es preciso recluirse. Lo dijo Kafka: “No es necesario que salgas de casa. Quédate en tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate solo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar; no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies.”
El escritor permanece solo incluso entre la gente. Se encuentra separado de los demás por invisible barrera. Ni él puede derribarla –tampoco quiere: ¿qué migajas le pueden ofrecer?–, ni los otros traspasarla. Picasso se lo confirmó una vez a Cela: “Sólo se puede hacer una gran obra en una gran soledad”.
¿Entendían a Balzac quienes coincidían con él en los salones? Los más veían a un obeso con pujos de aristócrata. Se ridiculizaban sus intentos de elegancia. Para no hablar del displicente juicio del incapaz de Sainte-Beuve. ¿El escritor es inferior a su obra? Más bien es la época la que no está a la altura del genio que produce. El propio Balzac denunció en sus páginas la corrupción de los medios literarios.
El escritor permanece inmune a los reveses, que encima le sirven de inspiración y estímulo. Los envidiosos y calumniadores, y la dañina caterva de los funcionarios, tan activa y operativa hoy día, no consiguen quebrarle el espinazo. Quien sólo escribe en circunstancias favorables, no es escritor.
Por semejantes razones causan risa quienes afirman imposible la creación bajo tales leyes o determinados regímenes. ¡Con un lápiz y unos folios quedan burlados todos los poderes!
Al escritor le afectan las estaciones y las anécdotas pequeñas, de las que extrae mundos completos. Experto escrutador de almas y conocedor del verdadero rango de las personas, desprecia la división social en clases. El escritor es el antagonista del burgués, entendiendo por éste al que pone su corazón en la posición y en el dinero. Ante el escritor, en general ante el artista, el burgués se sabe descubierto. Y emprende, dependiendo de casos, cerradas campañas o sutiles maniobras con objeto de abatir su presa. A Pushkin lo mató la burguesía al verse arrancada la careta.
El escritor es mezcla de testigo imparcial y de profeta, destinos de difícil desempeño, sobre todo el último. Como aprendiera Arjuna de su auriga, guerrea si es preciso con amigos y parientes.
El desentendimiento con su entorno no puede ser más radical. Únicamente se llega a un conato de reconciliación cuando aquél desaparece y su creación pasa al dominio de los doctos, que la falsifican y, sobre todo, la edulcoran para que la puedan manejar los melindrosos. Pero su virtud explosiva sigue intacta, aun cubierta de polvo en una estantería.
Como decía un importante novelista, lo peor para el escritor es escribir... a excepción de no escribir. El escritor no pacta. 



martes, 1 de diciembre de 2015

"BILAL (EL SIRVIENTE DE MAHOMA)", H.A.L. Craig

RESEÑA NOVELA

Bilal (El sirviente de Mahoma), H. A. L. Craig (1921–1978) - Entre los habitantes de La Meca y las caravanas que vienen a la ciudad a comerciar -gentes, por lo general, politeístas-, se comienza a oír la prédica en la creencia en un solo Dios, ligada al anuncio de que todos los hombres son iguales. Lo proclama un tal Mahoma, de la tribu de Coraix, cuyo mensaje es acogido al principio con desvío. En este marco, Bilal se niega a azotar a otro esclavo como él por orden de su amo. La vida de Bilal va a dar un giro extraordinario. Torturado y casi muerto, es comprado por Abu Bakr, amigo íntimo del Profeta, obteniendo así la libertad. Muchos años después, ya viejo, Bilal nos contará la historia de Mahoma, quien, tras el desdén y hostilidad iniciales, ve cómo sus enseñanzas encuentran eco en la ciudad de Medina, para irse extendiendo a continuación con rapidez, principalmente a través de la plegaria y el ejemplo. La novela viene a ser un tratado sobre la religión y el amor, cuasi sinónimos o sendas caras de una misma moneda, cautivándonos por la dulzura, armonía y sencillez de su lenguaje. También, es la historia de una amistad imbuida de veneración: la de Bilal hacia Mahoma. El cual, por su parte, distinguió siempre con el mayor afecto al antiguo esclavo, que llegó a convertirse en el primer almuédano -el que convoca a la oración- de la historia del Islam. El libro nos ofrece una versión quizá edulcorada de este credo, pero sirve para conocer, epidérmicamente al menos, lo que supuso en sus inicios y que en la actualidad se manifiesta en versiones contrapuestas, alguna muy extrema, como sabemos. Por último, unas palabras puestas por el autor en boca de Bilal: “Si un musulmán obliga a alguien a convertirse no corre el riesgo de acabar en el infierno. No. Tiene la certeza de que acabará en él, pues la advertencia de Dios está muy clara: La religión no puede ser obligatoria”.



lunes, 30 de noviembre de 2015

AFORISMO GORDO Nº 14



              A los cacos



AFORISMO GORDO CATORCE: España tiene quinientos cuatro mil seiscientos cuarenta y cinco (504.645) kilómetros cuadrados. Su población se estima en cuarenta y seis millones cuatrocientos treinta y nueve mil ochocientos sesenta y cuatro (46.439.864) habitantes. De repartirse matemáticamente la completa superficie entre el total de españoles, nos tocaría algo más de diez mil ochocientos sesenta y seis (10.866) kilómetros cuadrados de territorio por cabeza. Muchísimo más de lo que, en términos generales, tenemos cada uno en propiedad. Salvo error -involuntario- en el manejo de las cifras, el nacionalismo catalán va a tener razón: España nos roba. 




domingo, 29 de noviembre de 2015

"LAS SEÑORITAS DE WILKO", Jaroslaw Iwaszkiewicz

RESEÑA NOVELA

Las señoritas de Wilko, de Jaroslaw Iwaszkiewicz (1894–1980) - Viktor Ruben está empleado como administrativo en un centro benéfico. Acaba de morir su amigo Jurek y se siente enfermo e incapaz de trabajar. El médico le recomienda unas semanas en el campo. Se dirige, pues, al lugar donde transcurrió su juventud en compañía de unas hermanas, en cuya casa trabajó de preceptor y con las que no ha tenido contacto desde entonces. Han pasado quince años, entre ellos, el doloroso y absurdo intermedio de la guerra. Jola, Julcia, Kazia, Zosia, Tunia, junto al recuerdo de la fallecida Fela, todas más o menos enamoriscadas de Viktor en su día, le vuelven a recibir con idéntica familiaridad a la de antaño. Unas se han casado, otra está divorciada y la más pequeña permanece soltera. La reanudada relación con cada una de ellas -hijos y maridos no tienen especial relieve- suscita en Viktor una acusada melancolía, mezcla de perplejidad y poesía, en el bucólico marco de un verano campestre, similar al de aquel año en que hubo de partir para la guerra. El malestar de Viktor encuentra aquí su explicación y su raíz, que no es sino ese primer balance que suele hacerse al advenir la madurez con todos sus derechos. Lo que pudo haber sido y se truncó, lo que podría haberse hecho de otro modo y los caminos alternativos que se desdeñaron. Muy en particular el del amor, donde nuestro protagonista no supo en su día conducirse de otra forma. Las decisiones inconscientes, se dice en determinado momento de esta pequeña obra maestra, prevalecen sobre las conscientes. Es lo que ocurrió entonces y se ve corroborado ahora. Parábola proustiana sobre el tiempo, sobre la naturaleza y las estaciones, que cobran crepuscular protagonismo en el ánimo de Viktor y, también, en el de las hermanas. Obras de Iwaszkiewicz -entre ellas ésta- fueron llevadas al cine por Andrzej Wajda y Jerzy Kawalerowicz.



jueves, 26 de noviembre de 2015

LA EDUCACIÓN


La educación es una combinación o amalgama de cuatro factores, que vienen a ser como las patas de una mesa:

1) Tu familia. Aquí se aprenden los primeros valores educativos. Si tu padre es un borrico o tu madre una mema que está a otras, este apartado terminará rebosando de actitudes que perjudicarán, o terminarán cargándose, alguno de los apartados, o todos, nº 2, 3, y 4. Que no es justo, ya lo sé. Pero quién ha dicho que la vida tenga que tener esta condición.

2) El colegio al que has ido. Ésta es la educación propiamente dicha. Se sugiere por ahí que no es muy buena. No es que no sea muy buena. En algunos aspectos, es de aplauso. Pero a condición de evitar las trampas de elefante que pondrán en tu camino. Las trampas de elefante pueden ser los profesores. (Hay no pocos infectados de majetismo o ideas políticamente correctas. Se conectan fundamentalmente con ese segmento de la izquierda que babea de gozo con el pancartismo, estilo ‘No a la guerra’.) También hay muy buenos profesores, dicho sea, y son la gloria del sistema. Otra trampa puede estar en el propio sistema educativo, trufado de idioteces que se endilgan de manera transversal. Ahí están tu padre o tu madre para corregirlo: “Esto que aquí pone es mentira, pero te lo aprendes como un papagayo y lo calcas luego clavadito en el examen”. Frase de oro. Y si Pepito o Vanesa pertenecen a una familia cohesionada, Pepito o Vanesa se lo aprenderán de carrerilla. Esta esquizofrenia une mucho a las familias. Y las risas que te echas son impagables.

3) Por dónde has andado. Esto son tus vivencias vitales. Las personas que tratas, tus amigos, tus costumbres. De todo se aprende, que se comentaba antaño. Y también que todo se pega, menos la hermosura.

4) Tú mismo. Importantísimo apartado que descuidan muchedumbres ingentes de personas. Leen basura, se derriten con un cine ideologizado que da náusea. Tú me entiendes. Si lees, verbigracia, periódicos sesudos, ese del que dicen (decían) que si te lo empapuzas unos años equivale a sacarse una licenciatura (los cojones), si lees esto, insisto, te volverás tonto del culo, ya lo eres. Hay que leer y visionar bien, lo mejor, que está barato. Quién dice que la cultura es cara. (Aquí hablamos de educación, ya lo sé.)

Todo lo anterior forma bloque, por así decirlo, lo que arroja un individuo definitivamente educado o maleducado, según. Aunque la educación o formación es tarea que no acaba jamás, por más que algunos, no pocos, la dan por finalizada no más allá de los quince años, no volviéndose a cuestionar ya nunca ninguno de los 4 aspectos. Así nos va. Estos a que aludo son quienes más protestan de la educación propiamente dicha (mirar apartado nº 2).

En resumidas cuentas -que es a donde queríamos llegar-, ni Libro Blanco de la educación, ni leches. Lo que yo te diga.



miércoles, 25 de noviembre de 2015

ESTÁN CAYENDO COMO MOSCAS I y II (A la estilográfica, por otro nombre fountain pen)

HUMOR ENTRE CASCOTES (DISPARATE)


ESTÁN CAYENDO COMO MOSCAS (I)

El inspector jefe O’Rourke, de Scotland Yard, entró malhumorado en su despacho a primera hora de la mañana. Despojándose de su gabán, contempló por la ventana la densa niebla que envolvía la City y mandó llamar a McGuffie, su ayudante, joven con marcado acento cockney y a quien todos auguraban un espléndido futuro en el Cuerpo, entre otras razones porque se pasaba las noches documentándose sobre el delito, no te jode. 
Al presentarse, el superior señaló sin decir palabra los periódicos extendidos sobre su escritorio. Los titulares no podían ser más elocuentes: “¡Otro cuerpo (another body), encontrado flotando sobre el Támesis!”; “¿Qué hace la policía, aparte de pelársela (to toss off)?”; “¿Vuelven los crímenes del Destripador (the Ripper)?” Y un comentario sensacionalista que irritó especialmente al jefe: “Scotland Yard ya podía detener de una puta vez al asesino (murderer) que tiene aterrorizada a la población londinense, sobre todo a las mujeres (women), que se lo piensan dos veces (twice) antes de andar por ahí moviendo el pompis (behind)”.  
–¡Hasta mi esposa opina que somos unos mandrias! Todas las noches debo refugiarme en el pub (se pronuncia paf) para atizarme un lingotazo  (¿swig?, ¿shot?).
–Es lamentable, señor –comentó discretamente el subordinado. 
–El primer ministro está que trina. ¡Y no digamos Su Graciosa Majestad, a la que maldita gracia hace que ande suelto un asesino múltiple y quien ha exigido ser informada al detalle de los avances que hagamos en la investigación! ¿Qué opina usted, McGuffie? ¡Pero siéntese, coño (cunt)!
El joven obedeció y, entrelazando sus finos y amorcillados dedos (fingers), pasó a expresar lo que había concebido. El asesino, según su idea, estaría hasta la picha de camándulas y habría decidido tomarse la justicia por su cuenta. Que no se olvidara (to forget) que los cadáveres eran en su mayor parte de cagatintas, con afición secreta hacia la literatura.
–No me dice nada nuevo, McGuffie –el inspector O’Rourke respiró ruidosamente–. Todos esos que leen con la que está cayendo se tienen merecida cualquier cosa (thing). ¿Dónde cree que descargará el justiciero su próximo golpe? –inquirió. 
–Imposible de saber, señor. 
–¿Se ha recibido el informe de la Academia de la Lengua (tongue)? 
–Siguen insistiendo en que ellos no tienen que ver. 
–Esconden la piedra y tiran la mano, ¿eh? ¿Cómo se puede ser tan cobarde? 
–No son los únicos responsables, sir (señor). Críticos, políticos, directores literarios y... –consultó su libreta– tengo anotado el nombre de un académico, que es uno de los máximos liantes...
El inspector jefe O’Rourke se levantó de golpe y caminó también de golpe (?) por su despacho. 
–¡No me diga más! Y a nosotros nos toca comernos el marrón (brown). ¿Sabe lo que le digo? –se inclinó hacia su ayudante, susurrándole al oído–. ¡Que me alegro del trajín del asesino múltiple! ¡Qué es eso de atemorizarlas a ellas hasta el punto de que no puedan menear el behind por donde les dé la gana, que menudo festín para la vista...! (Continuará.)

ESTÁN CAYENDO COMO MOSCAS (y II))

 (Resumen de lo publicado: Asesinatos a manta en el neblinoso Londres, de cuya resolución se encargan el inspector jefe O’Rourke y su subordinado McGuffie. Les llaman de todo y están hasta la breva. La entrega precedente finalizaba con la conversación que proseguimos.) 

–Pero señor –objetó McGuffie–, usted se contradice alegrándose, por un lado, de la actividad del asesino y, por el otro, apoyando el que ellas puedan mover libremente el behind (culo, que no pocas lo tienen antológico), que es justo lo que impide el killer con su terror desatado (uncontrolled). 
–No hay tal contradicción –denegó el jefe, anudándose su camisa de lunares a la altura del ombligo y saliéndose por bulerías sobre la mesa del despacho–. No hago enteramente responsable de los crímenes al émulo del Destripador, sino al infumable panorama literario de la City, que constituye para aquél como el trapo rojo (red rag) al toro (bull) y que es el auténtico causante de que las women estén tan constreñidas. ¿Me explico? –terminó de taconear el superior. 
–Así, asá –confirmó el prometedor muchacho, derramando amargas lágrimas. En vista de lo cual, el inspector le concedió una semana de asueto, que aprovechó el joven para dormir a pierna suelta en su habitación (room) de la pensión regentada por la anciana señora Smith, bondadosa dama que encubría un pasado tormentoso, pues entre otras cosas estuviera liada en sus años mozos con un pederasta que hacía reseñas elogiosas de novelas puta mierda. 
Mientras McGuffie andaba con Morfeo (¿hay que explicar quién es Morfeo?), le robaron la libreta donde anotaba pormenores de la investigación. De vuelta de su cura de reposo, comunicó compungido el hurto al jefe. 
–Ha sido la anciana señora Smith –dedujo inteligentemente el inspector, ordenando su inmediata detención–. La cual señora (mistress) probablemente trabaje para la gentuza (bad people) a la que tiene tanta rabia el asesino iconoclasta.
Traída la señora Smith a Scotland Yard, fue flagelada con toallas mojadas que un picha rebañó apresuradamente de los servicios. 
–No conseguiréis que confiese –insinuó la viejales al tiempo que les ofrecía sus marchitos favores, de los que McGuffie se sirvió por no parecer mal educado–. La red es demasiado amplia (too big) para que podáis derribarla y ni siquiera arañar su superficie. En cuanto al asesino que nos ha puesto en evidencia, como no lo eliminéis vosotros, que es vuestra obligación y os pagan para ello, lo harán nuestros sicarios.
La señora Smith se fugó suculentamente (?) por la ventana. 
–Allá se van tus esperanzas y las mías –dijo el jefe pidiendo la jubilación anticipada, que no le concedieron por rellenar mal el impreso.
Y ya para concluir esta historia de horror e incertidumbre, se consigna que no lograron atrapar al asesino, que éste continuó su necesaria poda, que logró el apoyo de la población menesterosa y la pudiente, que juntó un ejército de incondicionales y se alzó con el poder, reinando majestuosamente con justicia y equidad y teniendo siempre el milagroso instinto de prevenir las trampas, ya fueran de ratón (mouse) o de elefante (elephant). 
The end (que como nadie ignora, significa este cuento se ha acabado).    
                              


martes, 24 de noviembre de 2015

"EL CONDE LUCANOR", Infante don Juan Manuel

RESEÑA NOVELA

El conde Lucanor (Libro de los ejemplos del conde Lucanor y de Patronio), Infante Don Juan Manuel (1282–1348) - Colección de cuentos morales o ejemplos con los que Patronio, consejero del conde Lucanor, establece a petición de éste un paralelismo sobre la situación de su señor y una concreta circunstancia. Las cuestiones planteadas son variadas, versando sobre moral, política o asuntos llamémosles de andar por casa. Desfilan por sus páginas personajes de todos los estados y oficios, sin olvidar los animales. Las fuentes de este libro son diversas y remotas. Dividida en cinco partes, la primera es la más extensa y está conformada por cincuenta y un ejemplos. Las restantes, mucho más cortas, inciden mediante proverbios en el aspecto puramente sapiencial. Algunos de los ejemplos pueden tomarse como embriones de relatos o, incluso, de novelas. Por citar algunos, el número XLII, que versa sobre el mal y la destrucción que puede causar la maledicencia de una falsa devota; o el XLV, acerca del catastrófico rédito con que concluye la avenencia con el demonio. Pero la mayoría son viñetas que pretenden orientar el comportamiento del conde o de sus allegados, pues, como ilustra Patronio (cuento L), “... no hay nada en el mundo en que tan fácilmente nos engañemos como en conocer a los hombres o aquilatar sus entendimientos.”; o (mismo cuento) “... conviene que os acostumbréis a no juzgar a nadie sino por las obras que hubiera hecho durante mucho tiempo, así como por el aumento o disminución de su hacienda...”. Y en el fondo, como manifiesta nuestro autor, Dios, sin el cual no hay sabiduría ni felicidad, ya no en el otro mundo, sino en éste. Particularmente indicado en la época políticamente correcta que sufrimos.



lunes, 23 de noviembre de 2015

OTRA TANDA



           A la dedicatoria en sí



UNO: La prisa es mala consejera. Pero extremadamente útil para coger un tren cuya salida es inminente.
DOS: El ideal totalitario: tener a todo el mundo conectado a algo y que lo haga de manera voluntaria.
TRES: Los libros de autoayuda, como su propio nombre indica, son esencialmente egoístas.
CUATRO: El niño ‘superdotado’ deriva a la inanidad rápidamente.
CINCO: Ponerse gafas para ver mejor es como ponerse una careta para ser más guapo. Un fraude.
SEIS: Con paciencia, se consiguen muchas cosas. Hasta aprender un oficio o leer un libro.
SIETE: Los de ciencias miran por encima del hombro a los de letras, y viceversa. Ambos grupos tendrían eventualmente razón.
OCHO:  Aquí no pongo nada. No porque no se me ocurra, sino porque no me da la gana. Un acto de rebeldía gratuita.
NUEVE: Hombres y mujeres están hechos para complementarse y ayudarse. No quiero ir más lejos.
DIEZ: Se rumorea que estamos en los ‘últimos tiempos’. Lo que sí es verdad es que no son los primeros.
ONCE: ‘A Dios rogando y con el mazo dando’. Falta el sujeto paciente de la segunda parte del refrán.
DOCE: Si le haces un favor a una persona, posiblemente lo recuerde. Si le haces muchos, los olvidará todos.
TRECE: Los viajes interestelares de larga duración son inviables por la carga letal de las personas que habrían de llevar.